por Claudio Chaves
En mi último artículo del 24 de setiembre pasado advertía que el Gobierno Nacional ingresaba lentamente en lo que denominé el síndrome Frondizi. Un vertiginoso cambio de rumbo, hacia el realismo y la moderación, consecuencia de la aparición del campo y vastos sectores de clase media y obrera resueltos a poner límites al gobierno nacional. Ese cambio de rumbo obedecía, asimismo, a la grave situación fiscal que el gobierno avizoraba y avizora para los años venideros.
El triunfo del campo sobre la resolución 125, la falta de financiamiento externo provocado por la hostilidad del matrimonio al capitalismo globalizado y la caída de los precios de los alimentos golpeó fuertemente a la pareja gobernante. El vivir con lo nuestro quedaba atrás. Necesitaban apoyo exterior y financiamiento internacional. Había que cambiar. Esta realidad llevó al matrimonio a modificar políticas produciéndose, a juicio de Jorge Asís, el giro a la derecha o al decir del periodista Jorge Raventos el plan B.
Decidieron, entonces, pagar al Club de París y solucionar el asunto del default con los bonistas maltratados. Fueron más a fondo, aún, la Señora advirtió que el dólar no subiría y que no habría proteccionismo. Todo eso dicho en las barbas de los dirigentes de la UIA.
En esa idea el gobierno permaneció algunos días. Setiembre fue un mes aciago para la izquierda y el progresismo que desvariado buscaba alguna explicación al brusco giro de Cristina. Algunos grupos “piqueteros” abandonaban la nave abordando pequeños chinchorros de cubierta.
Así estaban las cosas cuando se manifestó brutalmente la crisis mundial. La primera reacción del gobierno fue burlarse, pero inmediatamente se percataron que habría problemas. ¡Lástima! ¡Querían arreglar con el mundo justo en el momento que el mundo no estaba en condiciones de escucharlos! Llegaban tarde a la cita.
Había que retroceder. Volver a “vivir con lo nuestro”. Reencontrarse con los viejos amigos. Si los economistas más ortodoxos aconsejaban replantear el tema de los pagos ellos no podían ser obstinados. Borraron con el codo lo escrito unos días antes. Sube el dólar, se protege el mercado interno, se complica la relación con Brasil, se busca sacar dinero de donde sea para contar con caja. Se asalta a las AFJP. La primavera de los Kirchner tocaba a su fin.
Cualquier otra interpretación que se le quiera dar al asunto es forzar y edulcorar la decisión.
IDEOLOGÍA Y PODER
La crisis internacional habilitó a que el gobierno recuperara su identidad ideológica para “engrupir debute a los otarios”. Para eso cuenta con historia cruzada y pícaros dispuestos a dar letra.
Liberales o intervencionistas ha sido un dilema clásico en la historia nacional.
Principios que fueron desplegados en uno u otro momento según las circunstancias históricas. No hay ideologismo puro o no debiera haberlo. Sin embargo uno tiene su corazón y cree más en uno que en otro. ¡Es humano!
De todos modos la realidad manda y se impone. Cuando esto ocurre obliga, a nuestro pesar, a actuar en consecuencia, aún, en colisión con lo magmático del pensamiento. En la historia acaecen estas diagonales. En la década del 30 liberales de los quilates de Pinedo, Duhau o Prebisch no pudieron gobernar con las ideas en que habían sido educados y debieron hacerlo en contra de los principios ideológicos adquiridos precedentemente. Intervinieron la economía. En la década del 90’ el peronismo, educado para intervenir, planificar y estatizar, debió liberar, desregular y privatizar. La política tiene secretos que las ideologías no comprenden. El 30’ y el 90’ están profundamente vinculados no en las doctrinas económicas, como el lector avisado puede darse cuenta, sino la capacidad de actuar de una u otra manera en defensa del país adecuándolo a las circunstancias internacionales.
En estos momentos frente a la tremenda crisis financiera vemos como las grandes naciones capitalistas utilizan las palancas del Estado para capear la tormenta. No están atados a dogmas.
¿Que pasa en nuestro país y por añadidura con un sector importante de nuestra elite política y cultural? ¿Cómo reaccionaron ante los formidables cambios de 1989 y la caída del comunismo? (acontecimientos que el conjunto de la intelectualidad internacional conceptuó como fundacionales)
Como si nada hubiera ocurrido.
Así como Perón se adecuó a la realidad mundial de mercados cerrados y autárquicos y de nacientes estados de bienestar (no hizo otra cosa que seguir la ola internacional) y tuvo sus detractores que pensaban en antiguo; el 90’ fue la adecuación argentina a la novedosa situación mundial post comunismo y también contó con antiguos: Los Progresistas que pensaron una sola vez y para siempre. Con vocabulario tercermundista un segmento de la elite político-cultural (conformada en la Argentina pretérita) atacó al gobierno neoliberal y pro imperialista de Menem.
Nuestra historia está cavada por trincheras ideológicas muy profundas que aumentan la tensión. Corolario de acciones políticas extremas. Cuando estatizamos lo hicimos sin reparos ni cuidados. A como viniera, y cuando privatizamos no anduvimos con vueltas. Todo al extremo. Al mango. ¡Así somos! Y vaya si tenemos historia de extremos. Moreno, Liniers, Álzaga, Rivadavia, Rosas, Mitre, Sarmiento, Perón, Aramburu. Allí están, iluminándonos. ¿Podremos zafar de este hechizo?
Naturalmente que la gente de a pie no piensa de ese modo. Es la elite política y cultural la maniquea. La que cava abismos.
El gobierno nacional ha metido mano en los dineros de los jubilados y jubilables. Su discurso para justificar el despojo se sustenta en los nefastos 90’ y la crisis mundial que pueden hacer desaparecer esos fondos. Un coro de alcahuetes entre los cuales se hallan un sector de la elite sindical de butibamba y butibarreno, al decir andaluz, acompaña la arremetida. Esta actitud del gobierno coloca en un brete a un sector muy amplio de la política. ¿Qué hacer? ¿En que rincón pararse? ¿Qué defender? ¿Qué decir ahora?
Todos ellos, en los 90’, formaron en el equipo de viudas e hijos del Estado interventor. Ideologizados como estaban defendían a rajatabla al Estado como nivelador social y distribuidor justiciero de la riqueza. Hablaban de las joyas de la abuela. Miraban la realidad con ojos intoxicados. Hoy se verifica un pequeño giro. Han adoptado una conducta realista frente al atropello del gobierno. Defienden los dineros de los jubilados. Entre el Estado y las AFJP no le creen al Estado. Es un paso al frente. No están en condiciones, aún, de confiar en la actividad privada. Tiempo al tiempo. Los prejuicios son añosos.
El camino de las AFJP fue el que se encontró en su momento para preservar del Estado asaltante (como señaló Perón) los dineros de los jubilados. No fue una decisión ideológica. Fue la herramienta hallada ante la crisis mundial y Argentina del Estado ¿Qué se puede mejorar? ¡Por supuesto! Sin embargo el tema, en su momento, fue tratado como dogma, con trincheras tan profundas que los partidos opositores hoy se hallan en problemas de identidad para abordar el debate. Esto explica sus idas y vueltas.
La intangibilidad de los depósitos que proponen para zafar del privatismo es una monería. Además de que el gobierno no lo va a aceptar dado que las AFJP por su lado ya prestaban, los depósitos bancarios en dólares también fueron intangibles en algún momento. Como también el endeudamiento en bonos de las AFJP que no debían superar el 50% y sin embargo Cavallo mediante no fue así. Bonos que luego del acuerdo de la deuda debían ser indexados por inflación que hoy el gobierno miente. De modo que por donde se lo mire estamos en problemas.
El tema central es la seguridad jurídica y el apego a las leyes que rigen el mundo moderno. El General Mitre luego de derrocar a Derqui en la batalla de Pavón y echar por tierra el proyecto provinciano asumió como nuevo Presidente respetando todas y cada una de las deudas y los acuerdos de la Confederación. ¡El mismísimo Mitre creía en la seguridad jurídica!
¿Cuál es el problema, entonces? Ni estatismo ni privatismo. Al pueblo lo que es del pueblo. No se puede hacer uso irresponsable de esos fondos y menos desaparecer en el anonimato lo que cada uno de los argentinos, que optaron por las AFJP, guardaba en sus cuentas. Todo lo demás es discutible a la luz de la verdad.
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Panorama político nacional de los últimos siete días
Otra de piratas
por Jorge Raventos
Todos los piratas tienen
atropellos que aclarar,
deudas pendientes y asuntos
de los que mejor no hablar(…)
No hay historia de piratas
que tenga un final feliz.
Joan Manuel Serrat, Una de Piratas
Una de las obsesiones del matrimonio K consiste en ofrecer argumentos piadosos y humanitarios para justificar sus exacciones. En las narraciones clásicas los autores de tropelías se preocupaban poco por el juicio ajeno: los piratas no pretendían ganar fama de justicieros, se contentaban con el botín y los cañonazos. Los K, setentistas nostálgicos, necesitan exhibirse con disfraz de Robin Hood: relatan sus intentos de confiscación como batallas homéricas contra distintas ligas de malvados poderosos, destinadas invariablemente a preservar alguna causa buena.
Para explicar el gran golpe frustrado de las retenciones móviles pintaron al vasto océano de productores agrarios del país como un pantano oligárquico y negaron, por supuesto, que el manotazo suplementario que intentaban asestarles tuviera que ver con las dificultades que el propio gobierno se había procurado para financiarse (o con lubricados proyectos como el del tren bala): los fondos de la expropiación se destinarían a construir escuelas y hospitales (desalmado aquel que quisiera preguntar por qué no canalizan hacia esos nobles fines la inmensa recaudación impositiva que perciben normalmente y coparticipan mezquinamente).
Algo parecido ocurre ahora con el precipitado proyecto previsional que esta semana promovió el gobierno de la señora de Kirchner. Se trata de una ratificación del modelo centralismo de confiscación parasitaria ya aplicado en el campo: la expropiación de los aportes de 9 millones de trabajadores argentinos que desde hace 14 años ahorran para su futura jubilación en el sistema previsional de capitalización. Pese a que presiones gubernamentales condujeron a las empresas que administran esos fondos a invertir la mayor parte de ellos en el vidrioso negocio de financiar al Estado, lo cierto es que allí se han acumulado unos 100.000 millones de pesos y cada año se incorporan unos 13.000 millones más, producto de los aportes mensuales de esos mismos trabajadores.
Semejante caja ha sido siempre una verdadera tentación para los Kirchner. Intentaron meter mano en ella apelando a la complicidad de las víctimas: desde principios del año 2007 promovieron con una intensísima campaña de propaganda el traspaso voluntario de aportantes del sistema de capitalización al régimen de reparto, ese barril sin fondo que sólo controlan funcionarios fieles del Ejecutivo. Mientras en el sistema de capitalización los manotazos a la caja tienen el dique de control de los aportantes, que son propietarios individuales de sus fondos y tienen derechos preservados por la Constitución, nada detiene al gobierno –las experiencias están a la vista- si quiere financiarse echando mano a los fondos de jubilaciones que administra el ANSES, una oficina pública con autoridades rigurosamente sometidas a la disciplina K.
El gobierno quedó disconforme con el resultado de su campaña de traspasos. Esperaba quedarse con el dinero de al menos la mitad de los afiliados a los fondos de capitalización y sólo cosechó un 20 por ciento. Fue un buen refuerzo para las cifras del ANSES, pero apenas una propina para las expectativas de la familia K; en rigor una derrota, ya que esa ofensiva por el traspaso resultó un verdadero plebiscito: el régimen de capitalización ganó 80 a 20; más de 9 millones de personas que cuentan con fondos en ese régimen –incluyendo más de 3 millones y medio que aportan regularmente- eligieron permanecer en él. Es una fuerte expresión social, sin duda. A mero título comparativo, la señora de Kirchner obtuvo menos que eso en los comicios de hace un año: 8.650.990 votos. Con la propuesta de liquidar el régimen de capitalización y expropiar los fondos el gobierno convierte en jarabe de pico las promesas de "libertad de opción" con que concurrieron a aquel plebiscito.
Argentina enfrenta en el 2009 vencimientos de deuda por 20.200 millones de dólares y no tiene cómo financiarlos: las cifras de riesgo-país (que tocaron los 2000 puntos esta semana) indican que tiene cerrado el crédito; para colmo, la caída del precio de los commodities no sólo reduce los ingresos fiscales esperados, también achica el margen de maniobra del carísimo palenque crediticio al que habitualmente apelan los Kirchner: el comandante Chávez. A él también lo golpea la crisis, bajo la forma de una fuerte reducción del precio del petróleo.
En esas condiciones, quizás se explique el íntimo (cándido) goce de la señora de Kirchner cuando describía la crisis global y, sobre todo, esa frase que reiteró en varios discursos: "La crisis es una oportunidad". Es un lugar común, ciertamente, pero en este caso tenía, como se ha visto, sentido específico: el matrimonio K vio una oportunidad… de quedarse con los fondos jubilatorios de capitalización. Con todos ellos. Con el stock acumulado y con el flujo mensual.
Para ello tomaron como gran coartada las medidas de salvataje que las democracias capitalistas adoptaron ante la crisis financiera, tomando el control de bancos y grandes aseguradoras. Magnífico: la expropiación de las jubilaciones de capitalización tomaría la forma de un salvataje. ¿Quién puede negarse a algo tan pío como un salvataje?
Significativa diferencia: los salvatajes que están acometiéndose en Estados Unidos e Inglaterra implican que los estados ponen fondos para preservar los intereses de las instituciones en riesgo y, sobre todo, para cuidar los intereses de los depositantes (por caso, los de los deudores hipotecarios). En cambio, aquí el "salvataje" se comete contra los trabajadores aportantes: el Estado no pone, saca. Les saca la propiedad a los trabajadores. Golpea, además, a instituciones (las AFJP) cuyos criterios de administración pueden y deben ser muy criticados (y debieron ser controlados por instituciones estatales previstas en el régimen), pero que no estaban en crisis ni solicitaban salvataje alguno.
No importa: el relato del gobierno se basa en la idea de salvataje, que sirve para dibujar la misión K como una misión bondadosa. Hace falta mostrar quién es el "malo" del que hay que salvar a los futuros jubilados. En realidad, in pectore el pensamiento oficialista sostiene que hay que salvarlos de ellos mismos, de su "individualismo" y "falta de solidaridad", que los llevan a encapricharse en aportar para sus propios fondos jubilatorios en lugar de entregárselos al gobierno, que a través del ANSES sabría mucho mejor que cada uno de ellos cómo gastar esos aportes. Pero así no relata el gobierno: el malo de la película son "las AFJP", el "régimen privado" que se impuso "en los años 90", la "obra de Menem y Cavallo".
Ese relato es puro humo destinado a nublar la visión, campanilla pavloviana para despertar el reflejo condicionado anti-noventa, de modo de quedarse con las carteras en el tumulto.
Primero: los aportes que se expropiarían si el proyecto fuera aprobado en el Congreso, no son propiedad de las AFJP. La ley que estableció el sistema de capitalización lo expresó sin dejar espacio para la duda: "el fondo de jubilaciones y pensiones es un patrimonio independiente y distinto del patrimonio de la administradora, y pertenece a los afiliados. La administradora no tiene derecho de propiedad alguno sobre él".
Segundo: no es cierto que el régimen de capitalización pueda definirse con precisión como "privado" por oposición a otro "estatal", que sería el de reparto. De hecho, en el régimen de capiutalización ha jugado un papel muy significativo la AFJP Nación, del estado nacional (además de otra controlada por el estado bonaerense). De hecho, nada impediría (si los procedimientos que se adoptan son respetuosos de la Constitución) que exista un régimen de capitalización exclusivamente administrado por el Estado, a través de Nación AFJP. Sucede que aún en ese caso los aportantes seguirían siendo los propietarios legales de sus propios fondos particulares y podrían ejercer control sobre los administradores, algo que no puede hacerse en la oscuridad de ANSES, donde todos los gatos son pardos, no hay fondos específicos de cada aportante, las retribuciones de los jubilados y el destino de los gastos están determinados por criterios que algunos llaman políticos y otros, facciosos.
Aquella confusa polarización entre "privado" y "estatal" la emplea el gobierno para atraerse la simpatía (y los votos en las Cámaras) de diputados y senadores que temen verse retratados como privatistas, amigos de los años noventa o pro-AFJP y para ofrecer una coartada al proyecto, que supone una expropiación inconstitucional a 9 millones de personas. No es "lo estatal" lo que inspira al gobierno, sino el manejo sin obstáculos de la caja, por eso quiere "estatal de reparto" y ni habla de la hipótesis "estatal de capitalización".
Tercero: Es tan monumental la operación (y tan grande el botín, y tan desesperante la situación de la caja K), que el gobierno sospecha que el humo que lanza para nublarla no durará mucho. Por eso quiere que todo se apruebe rapidito. En dos o tres semanas, a lo sumo cuatro. Así, en un santiamén se liquidaría un régimen de capitalización cuya sanción demandó no menos de dos años de debate en la sociedad y cerca de nueve meses de trámite parlamentario.
El apuro es una mala señal, porque si ha llegado la hora de replantearse la realidad previsional, conviene hacerlo con paciencia y mirando más allá de este arrebato oficialista. Convendría analizar, por ejemplo, si no debe establecerse una "jubilación de ciudadanía", un ingreso mínimo para todos quienes hubieran llegado a determinado edad, independientemente de sus años de aporte. Y, por encima de esa prestación universal por edad, si no habría que reconocer proporcionalmente los aportes (por breves que hayan sido) de todos aquellos trabajadores integrados al sistema previsional aunque, al llegar a la edad jubilatoria, no alcancen a cumplir los años hoy exigidos para obtener el beneficio. Un tema como el previsional no puede ser aprobado a los panzazos entre gallos y medianoche. Necesita un debate amplio y participativo.
La forma sorpresiva con que se dispuso la iniciativa K (aparte del matrimonio, sólo un par de funcionarios conocieron el proyecto antes del anuncio; Martín Redrado, el presidente del Banco Central, se enteró por Página 12), generó en la realidad respuestas prácticas antes de las respuestas programáticas. Los bancos registraron rápidamente fuga de depósitos, el dólar trepó (pese a una sangría de 1.300 millones en las reservas, con las que el Central quiso moderar el ascenso), el riesgo país se incrementó, el mundo describió a la Argentina como expropiador o defaulteador serial, la bolsa se derrumbó (pese a que el gobierno operó comprando papeles para que la caída no fuera tan vertiginosa). Hasta – "efecto tango"- se cayó la bolsa española, con castigo particular para las empresas más expuestas en Argentina.
Sucede que entre los activos del sistema de capitalización que el gobierno se propone expropiar hay paquetes accionarios de muchas firmas. Por ahora esos papeles están repartidos entre distintas administradoras, si el plan oficial se concreta, todas esas acciones se concentrarán en manos de ANSES-Estado, que pasaría así a convertirse en importante accionista de bancos, empresas eléctricas y telefónicas y hasta de medios de comunicación (casi un 9 por ciento del grupo Clarín quedaría en manos del gobierno). Si muchos funcionarios festejan ya potenciales nuevos destinos en los directorios de esas compañías, ese sueño de algunos se transforma para las empresas y los inversores en una pesadilla (algunos, masoquistas o delirantes, hasta se imaginan a Luis D'Elía designado en el Banco Hipotecario o a Guillermo Moreno en el directorio de Molinos). Muchos observadores se preguntan qué vendrá después de la expropiación de los aportes jubilatorios: ¿llegarán a los plazos fijos si necesitan fondos? ¿A las cajas de seguridad? La temeraria audacia del gobierno incentiva la imaginación. Las acciones caen.
El matrimonio Kirchner, que se mostraba exultante el martes, apenas mostró el naipe de su propuesta, empezó a preocuparse al registrar las primeras consecuencias, que evidentemente no había imaginado ni previsto. Se esforzó entonces por buscar apoyos o complicidades. Dejó trascender la idea de que parte de los fondos jubilatorios que serían incautados podrían alimentar un "banco de crédito industrial": un lance para seducir a la UIA, que también reclama un dólar alto y una rápida muralla para defenderse de los productos chinos y brasileros.
A la conducción de la CGT la tentó con la participación gremial en la administración de los fondos previsionales; una garantía para los futuros jubilados: es bien conocida la experiencia sindical en la administración de las obras sociales.
Para atraerse inclusive la adhesión de algunos sectores permeables de la oposición, permitió a algunos de sus lenguaraces difundir la idea de que, "a quienes aprobaran el proyecto en general" y sólo a esos, les admitirían correcciones particulares a la propuesta, inclusive "la intangibilidad de los recursos previsionales". ¿Qué confianza podría despertar semejante "intangibilidad" si para introducirla hay que admitir primero un saqueo y un atropello inconstitucional? ¿Qué confianza puede ofrecer un gobierno que reclama todavía superpoderes y se ha cansado de transgredir con ellos las disposiciones de la ley de leyes, el presupuesto? Escudarse tras la palabra intangibilidad sería, en tales condiciones, una broma de mal gusto, una excusa cínica para lavar la conciencia de algún opositor arrepentido.
Pese a esos movimientos ofensivos y defensivos del gobierno, la principal oposición (la oposición de la realidad) se sigue manifestando con la elocuencia de los hechos; y el andamiento parlamentario del proyecto está por verse: los sectores no oficialistas parecen comprender que, por encima de sus comprensibles diferencias, esta vez hay en juego una situación de verdadera emergencia que involucra la suerte de millones de trabajadores tanto como la vigencia de la propiedad personal, valor fundamental de la Constitución. Y en seno del mismo oficialismo se registran dudas sobre el contenido del proyecto y sospechas por la premura que se les exige para acatarlo.
El gobierno ya no puede mostrar ni ante propios ni ante ajenos la solidez que en otros tiempos despertaba miedo, disciplina o resignación. La opinión pública lo ha abandonado. Después de la dura derrota sufrida ante el campo el futuro del kirchnerismo quedó tronchado. Esta semana, el decisivo veto del gobierno y la oposición uruguaya a la candidatura de Néstor Kirchner a la presidencia de UNASUR representó un signo inéquivoco de fin de época.
Es posible que el manotazo a las jubilaciones se convierta en el último gran abordaje de los Kirchner; que después sólo les quede caminar por la planchada.
por Jorge Raventos
Todos los piratas tienen
atropellos que aclarar,
deudas pendientes y asuntos
de los que mejor no hablar(…)
No hay historia de piratas
que tenga un final feliz.
Joan Manuel Serrat, Una de Piratas
Una de las obsesiones del matrimonio K consiste en ofrecer argumentos piadosos y humanitarios para justificar sus exacciones. En las narraciones clásicas los autores de tropelías se preocupaban poco por el juicio ajeno: los piratas no pretendían ganar fama de justicieros, se contentaban con el botín y los cañonazos. Los K, setentistas nostálgicos, necesitan exhibirse con disfraz de Robin Hood: relatan sus intentos de confiscación como batallas homéricas contra distintas ligas de malvados poderosos, destinadas invariablemente a preservar alguna causa buena.
Para explicar el gran golpe frustrado de las retenciones móviles pintaron al vasto océano de productores agrarios del país como un pantano oligárquico y negaron, por supuesto, que el manotazo suplementario que intentaban asestarles tuviera que ver con las dificultades que el propio gobierno se había procurado para financiarse (o con lubricados proyectos como el del tren bala): los fondos de la expropiación se destinarían a construir escuelas y hospitales (desalmado aquel que quisiera preguntar por qué no canalizan hacia esos nobles fines la inmensa recaudación impositiva que perciben normalmente y coparticipan mezquinamente).
Algo parecido ocurre ahora con el precipitado proyecto previsional que esta semana promovió el gobierno de la señora de Kirchner. Se trata de una ratificación del modelo centralismo de confiscación parasitaria ya aplicado en el campo: la expropiación de los aportes de 9 millones de trabajadores argentinos que desde hace 14 años ahorran para su futura jubilación en el sistema previsional de capitalización. Pese a que presiones gubernamentales condujeron a las empresas que administran esos fondos a invertir la mayor parte de ellos en el vidrioso negocio de financiar al Estado, lo cierto es que allí se han acumulado unos 100.000 millones de pesos y cada año se incorporan unos 13.000 millones más, producto de los aportes mensuales de esos mismos trabajadores.
Semejante caja ha sido siempre una verdadera tentación para los Kirchner. Intentaron meter mano en ella apelando a la complicidad de las víctimas: desde principios del año 2007 promovieron con una intensísima campaña de propaganda el traspaso voluntario de aportantes del sistema de capitalización al régimen de reparto, ese barril sin fondo que sólo controlan funcionarios fieles del Ejecutivo. Mientras en el sistema de capitalización los manotazos a la caja tienen el dique de control de los aportantes, que son propietarios individuales de sus fondos y tienen derechos preservados por la Constitución, nada detiene al gobierno –las experiencias están a la vista- si quiere financiarse echando mano a los fondos de jubilaciones que administra el ANSES, una oficina pública con autoridades rigurosamente sometidas a la disciplina K.
El gobierno quedó disconforme con el resultado de su campaña de traspasos. Esperaba quedarse con el dinero de al menos la mitad de los afiliados a los fondos de capitalización y sólo cosechó un 20 por ciento. Fue un buen refuerzo para las cifras del ANSES, pero apenas una propina para las expectativas de la familia K; en rigor una derrota, ya que esa ofensiva por el traspaso resultó un verdadero plebiscito: el régimen de capitalización ganó 80 a 20; más de 9 millones de personas que cuentan con fondos en ese régimen –incluyendo más de 3 millones y medio que aportan regularmente- eligieron permanecer en él. Es una fuerte expresión social, sin duda. A mero título comparativo, la señora de Kirchner obtuvo menos que eso en los comicios de hace un año: 8.650.990 votos. Con la propuesta de liquidar el régimen de capitalización y expropiar los fondos el gobierno convierte en jarabe de pico las promesas de "libertad de opción" con que concurrieron a aquel plebiscito.
Argentina enfrenta en el 2009 vencimientos de deuda por 20.200 millones de dólares y no tiene cómo financiarlos: las cifras de riesgo-país (que tocaron los 2000 puntos esta semana) indican que tiene cerrado el crédito; para colmo, la caída del precio de los commodities no sólo reduce los ingresos fiscales esperados, también achica el margen de maniobra del carísimo palenque crediticio al que habitualmente apelan los Kirchner: el comandante Chávez. A él también lo golpea la crisis, bajo la forma de una fuerte reducción del precio del petróleo.
En esas condiciones, quizás se explique el íntimo (cándido) goce de la señora de Kirchner cuando describía la crisis global y, sobre todo, esa frase que reiteró en varios discursos: "La crisis es una oportunidad". Es un lugar común, ciertamente, pero en este caso tenía, como se ha visto, sentido específico: el matrimonio K vio una oportunidad… de quedarse con los fondos jubilatorios de capitalización. Con todos ellos. Con el stock acumulado y con el flujo mensual.
Para ello tomaron como gran coartada las medidas de salvataje que las democracias capitalistas adoptaron ante la crisis financiera, tomando el control de bancos y grandes aseguradoras. Magnífico: la expropiación de las jubilaciones de capitalización tomaría la forma de un salvataje. ¿Quién puede negarse a algo tan pío como un salvataje?
Significativa diferencia: los salvatajes que están acometiéndose en Estados Unidos e Inglaterra implican que los estados ponen fondos para preservar los intereses de las instituciones en riesgo y, sobre todo, para cuidar los intereses de los depositantes (por caso, los de los deudores hipotecarios). En cambio, aquí el "salvataje" se comete contra los trabajadores aportantes: el Estado no pone, saca. Les saca la propiedad a los trabajadores. Golpea, además, a instituciones (las AFJP) cuyos criterios de administración pueden y deben ser muy criticados (y debieron ser controlados por instituciones estatales previstas en el régimen), pero que no estaban en crisis ni solicitaban salvataje alguno.
No importa: el relato del gobierno se basa en la idea de salvataje, que sirve para dibujar la misión K como una misión bondadosa. Hace falta mostrar quién es el "malo" del que hay que salvar a los futuros jubilados. En realidad, in pectore el pensamiento oficialista sostiene que hay que salvarlos de ellos mismos, de su "individualismo" y "falta de solidaridad", que los llevan a encapricharse en aportar para sus propios fondos jubilatorios en lugar de entregárselos al gobierno, que a través del ANSES sabría mucho mejor que cada uno de ellos cómo gastar esos aportes. Pero así no relata el gobierno: el malo de la película son "las AFJP", el "régimen privado" que se impuso "en los años 90", la "obra de Menem y Cavallo".
Ese relato es puro humo destinado a nublar la visión, campanilla pavloviana para despertar el reflejo condicionado anti-noventa, de modo de quedarse con las carteras en el tumulto.
Primero: los aportes que se expropiarían si el proyecto fuera aprobado en el Congreso, no son propiedad de las AFJP. La ley que estableció el sistema de capitalización lo expresó sin dejar espacio para la duda: "el fondo de jubilaciones y pensiones es un patrimonio independiente y distinto del patrimonio de la administradora, y pertenece a los afiliados. La administradora no tiene derecho de propiedad alguno sobre él".
Segundo: no es cierto que el régimen de capitalización pueda definirse con precisión como "privado" por oposición a otro "estatal", que sería el de reparto. De hecho, en el régimen de capiutalización ha jugado un papel muy significativo la AFJP Nación, del estado nacional (además de otra controlada por el estado bonaerense). De hecho, nada impediría (si los procedimientos que se adoptan son respetuosos de la Constitución) que exista un régimen de capitalización exclusivamente administrado por el Estado, a través de Nación AFJP. Sucede que aún en ese caso los aportantes seguirían siendo los propietarios legales de sus propios fondos particulares y podrían ejercer control sobre los administradores, algo que no puede hacerse en la oscuridad de ANSES, donde todos los gatos son pardos, no hay fondos específicos de cada aportante, las retribuciones de los jubilados y el destino de los gastos están determinados por criterios que algunos llaman políticos y otros, facciosos.
Aquella confusa polarización entre "privado" y "estatal" la emplea el gobierno para atraerse la simpatía (y los votos en las Cámaras) de diputados y senadores que temen verse retratados como privatistas, amigos de los años noventa o pro-AFJP y para ofrecer una coartada al proyecto, que supone una expropiación inconstitucional a 9 millones de personas. No es "lo estatal" lo que inspira al gobierno, sino el manejo sin obstáculos de la caja, por eso quiere "estatal de reparto" y ni habla de la hipótesis "estatal de capitalización".
Tercero: Es tan monumental la operación (y tan grande el botín, y tan desesperante la situación de la caja K), que el gobierno sospecha que el humo que lanza para nublarla no durará mucho. Por eso quiere que todo se apruebe rapidito. En dos o tres semanas, a lo sumo cuatro. Así, en un santiamén se liquidaría un régimen de capitalización cuya sanción demandó no menos de dos años de debate en la sociedad y cerca de nueve meses de trámite parlamentario.
El apuro es una mala señal, porque si ha llegado la hora de replantearse la realidad previsional, conviene hacerlo con paciencia y mirando más allá de este arrebato oficialista. Convendría analizar, por ejemplo, si no debe establecerse una "jubilación de ciudadanía", un ingreso mínimo para todos quienes hubieran llegado a determinado edad, independientemente de sus años de aporte. Y, por encima de esa prestación universal por edad, si no habría que reconocer proporcionalmente los aportes (por breves que hayan sido) de todos aquellos trabajadores integrados al sistema previsional aunque, al llegar a la edad jubilatoria, no alcancen a cumplir los años hoy exigidos para obtener el beneficio. Un tema como el previsional no puede ser aprobado a los panzazos entre gallos y medianoche. Necesita un debate amplio y participativo.
La forma sorpresiva con que se dispuso la iniciativa K (aparte del matrimonio, sólo un par de funcionarios conocieron el proyecto antes del anuncio; Martín Redrado, el presidente del Banco Central, se enteró por Página 12), generó en la realidad respuestas prácticas antes de las respuestas programáticas. Los bancos registraron rápidamente fuga de depósitos, el dólar trepó (pese a una sangría de 1.300 millones en las reservas, con las que el Central quiso moderar el ascenso), el riesgo país se incrementó, el mundo describió a la Argentina como expropiador o defaulteador serial, la bolsa se derrumbó (pese a que el gobierno operó comprando papeles para que la caída no fuera tan vertiginosa). Hasta – "efecto tango"- se cayó la bolsa española, con castigo particular para las empresas más expuestas en Argentina.
Sucede que entre los activos del sistema de capitalización que el gobierno se propone expropiar hay paquetes accionarios de muchas firmas. Por ahora esos papeles están repartidos entre distintas administradoras, si el plan oficial se concreta, todas esas acciones se concentrarán en manos de ANSES-Estado, que pasaría así a convertirse en importante accionista de bancos, empresas eléctricas y telefónicas y hasta de medios de comunicación (casi un 9 por ciento del grupo Clarín quedaría en manos del gobierno). Si muchos funcionarios festejan ya potenciales nuevos destinos en los directorios de esas compañías, ese sueño de algunos se transforma para las empresas y los inversores en una pesadilla (algunos, masoquistas o delirantes, hasta se imaginan a Luis D'Elía designado en el Banco Hipotecario o a Guillermo Moreno en el directorio de Molinos). Muchos observadores se preguntan qué vendrá después de la expropiación de los aportes jubilatorios: ¿llegarán a los plazos fijos si necesitan fondos? ¿A las cajas de seguridad? La temeraria audacia del gobierno incentiva la imaginación. Las acciones caen.
El matrimonio Kirchner, que se mostraba exultante el martes, apenas mostró el naipe de su propuesta, empezó a preocuparse al registrar las primeras consecuencias, que evidentemente no había imaginado ni previsto. Se esforzó entonces por buscar apoyos o complicidades. Dejó trascender la idea de que parte de los fondos jubilatorios que serían incautados podrían alimentar un "banco de crédito industrial": un lance para seducir a la UIA, que también reclama un dólar alto y una rápida muralla para defenderse de los productos chinos y brasileros.
A la conducción de la CGT la tentó con la participación gremial en la administración de los fondos previsionales; una garantía para los futuros jubilados: es bien conocida la experiencia sindical en la administración de las obras sociales.
Para atraerse inclusive la adhesión de algunos sectores permeables de la oposición, permitió a algunos de sus lenguaraces difundir la idea de que, "a quienes aprobaran el proyecto en general" y sólo a esos, les admitirían correcciones particulares a la propuesta, inclusive "la intangibilidad de los recursos previsionales". ¿Qué confianza podría despertar semejante "intangibilidad" si para introducirla hay que admitir primero un saqueo y un atropello inconstitucional? ¿Qué confianza puede ofrecer un gobierno que reclama todavía superpoderes y se ha cansado de transgredir con ellos las disposiciones de la ley de leyes, el presupuesto? Escudarse tras la palabra intangibilidad sería, en tales condiciones, una broma de mal gusto, una excusa cínica para lavar la conciencia de algún opositor arrepentido.
Pese a esos movimientos ofensivos y defensivos del gobierno, la principal oposición (la oposición de la realidad) se sigue manifestando con la elocuencia de los hechos; y el andamiento parlamentario del proyecto está por verse: los sectores no oficialistas parecen comprender que, por encima de sus comprensibles diferencias, esta vez hay en juego una situación de verdadera emergencia que involucra la suerte de millones de trabajadores tanto como la vigencia de la propiedad personal, valor fundamental de la Constitución. Y en seno del mismo oficialismo se registran dudas sobre el contenido del proyecto y sospechas por la premura que se les exige para acatarlo.
El gobierno ya no puede mostrar ni ante propios ni ante ajenos la solidez que en otros tiempos despertaba miedo, disciplina o resignación. La opinión pública lo ha abandonado. Después de la dura derrota sufrida ante el campo el futuro del kirchnerismo quedó tronchado. Esta semana, el decisivo veto del gobierno y la oposición uruguaya a la candidatura de Néstor Kirchner a la presidencia de UNASUR representó un signo inéquivoco de fin de época.
Es posible que el manotazo a las jubilaciones se convierta en el último gran abordaje de los Kirchner; que después sólo les quede caminar por la planchada.
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Jorge Raventos
octubre 22, 2008
MANOS LARGAS
No las del Estado, que permitirían una discusión ideológica, sino las del poder personal a cualquier precio y bajo cualquier forma, incluso delictiva y hasta amparada en la manipulación de la Justicia.
El pueblo demanda a traves del Congreso y de sus quizá representativos representantes un juicio político por reiterado robo y estafa: apropriación ilegal e indebida de un partido político histórico con distorsión de sus contenidos y su uso en contra de los intereses que fue llamado a defender; financiación ilegal de campaña política; continuidad en la estafa de títulos públicos y deuda privada en dólares inconstitucionalente pesificada; estafa con el índice de inflación; expropiación de las exportaciones agropecuarias por medio de las retenciones; nacionalización de una compañía aérea quebrada y su financiación con fondos públicos; expropiación de los ahorros privados en las AFJP; ...sigue la lista...
No hay mucho más para decir que no sepamos ya todos ni mucho más para hacer (salvo protestar en la calle y en los medios)si el Congreso no hace nada y la Justicia no interviene con claridad.
Constitucionalmente, hay tres poderes; pero parece que hubiera uno solo. Las manos largas son verdaderamente largas.
Declaraciones en contra del proyecto oficial de liquidar el sistema previsional de capitalización e incautar los aportes personales de los millones de trabajadores que optaron por ese régimen:
Declaración del senador Carlos Saúl Menem
"No a la confiscación de los aportes jubilatorios. Hay que rechazar el proyecto oficialista y decirle basta a los superpoderes"
La intención del gobierno central de eliminar el sistema jubilatorio de capitalización y apropiarse del stock de aportes personales acumulados durante 14 años por cuatro millones de trabajadores argentinos que eligieron esa modalidad previsional, así como del flujo de sus aportes mensuales de aquí en adelante, representa un verdadero asalto, una confiscación tan injusta y arbitraria como inconstitucional.
El gobierno kirchnerista pretende justificar esta expropiación comparándola con las intervenciones de otros países en bancos y aseguradoras golpeadas por la crisis financiera global. Se trata de una excusa que no resiste el análisis. En los casos mencionados, que han ocurrido en Estados Unidos o Inglaterra, por ejemplo, los estados han hecho aportes monumentales para salvar instituciones desmanteladas por la explosión de las finanzas. El proyecto del gobierno argentino, en cambio, no tiene como objetivo poner fondos, sino sacarlos, expropiarlos. No va a resolver un problema, sino a crearlo, como de hecho el Estado ya le ha generado problemas a esas administradoras de fondos de pensión que ahora dice querer "salvar", imponiéndoles la compra de bonos que cada vez valen menos precisamente por la errática conducción gubernamental, que ha elevado el riesgo-país 1700 puntos en apenas unas semanas.
El gobierno quiere, con este proyecto, resolver el dramático desfinanciamiento que su desquiciada conducción le ha impuesto al Estado argentino. La lucha del campo y la conducta digna del Congreso le impidieron consumar una confiscación análoga a los productores agropecuarios. Como fracasó el arrebato al campo, ahora reintenta el golpe sobre otros blancos: los trabajadores argentinos, futuros jubilados, y el sistema previsional de capitalización. El botín le resulta prometedor: un stock de unos 40.000 millones de dólares y unos 5.000 millones de dólares anuales más.
Ese proyecto debe ser terminantemente rechazado. Es preciso detener el manejo arbitrario de los fondos públicos por parte del gobierno kirchnerista. El Senado está a punto de tratar el presupuesto y, con él, las facultades extraordinarias ("superpoderes") que se le han venido extendiendo al Poder Ejecutivo. A la luz de este comportamiento oficialista hoy es más evidente que nunca que los superpoderes no deben pasar.
La Rioja, 23 de octubre de 2008
"Otro engaño alevoso"
por Domingo Cavallo
Oct 22 en http://www.cavallo.com.ar
Porqué el gobierno decidió ahora dar por terminado el sistema jubilatorio de ahorro y capitalización? Si ésta era su idea, porque no lo hizo en el momento en que publicitó la libre opción para la gente? La respuesta es muy clara: el gobierno enfrenta un enorme agujero fiscal para los próximos tres años y ha decidido resolverlo apelando a los ahorros del sistema previsional.
Pruebas al canto: Es sabido que enfrenta vencimientos de capital de la deuda pública para los que no tiene financiamiento y además ha elaborado un presupuesto para 2009 con un estimado de recaudación por retenciones de 50 mil millones de pesos en comparación con una recaudación de 35 mil millones durante el año en curso. Obviamente esta estimación involucra no menos de 20 mil millones de exageración, porque los precios y los volúmenes de exportaciones para 2009 se presentan bastante más bajos que los que se lograron en 2008. Podría citar muchos otros mecanismos que complicarán el panorama fiscal para 2009, pero para explicar el punto central de este artículo, por su dimensión, me basta con el que acabo de mencionar.
La desaparición del sistema de ahorro y capitalización, elegido por 3 millones 600 mil aportantes activos, significa para el gobierno apropiarse de 95 mil millones de pesos ahorrados por aquellos trabajadores más el ingreso mensual de algo más de mil millones de pesos mensuales. Digamos 13 mil millones anuales, es decir, otros 39 mil millones de aquí al final del gobierno de los Kirchner.
De los 95 mil millones de ahorros acumulados, aproximadamente la mitad están invertidos en títulos públicos. El gobierno podrá entonces decir que la deuda pública bajó en aproximadamente 48 mil millones de pesos. Un primer gran engaño, porque deja de contabilizar una deuda con los futuros jubilados que es al menos igual a los 95 mil millones que ahora les sustrae.
El resto de los fondos ahorrados están invertidos en acciones y títulos privados, fondos de inversión y activos extranjeros por aproximadamente 41 millones y depósitos a plazo fijo en el sistema bancario por 7 mil millones.
Con los 7 mil millones de depósitos a plazo fijo más los 13 mil millones anuales de ingresos adicionales que ahora obtendrá el gobierno al apropiarse de lo que debería ser el aumento anual del ahorro de los jubilados, ya podrá cubrir el agujero creado por la menor recaudación de retenciones.Como probablemente aparecerán otros agujeros fiscales, podrán ir vendiendo primero los activos externos y luego los fondos comunes de inversión y las acciones y títulos privados, con lo que podrán cubrir hasta 41 millones adicionales de pérdida de recaudación y mayores gastos a los previstos en el presupuesto. Incluso le podrán alcanzar para amortizar buena parte de la deuda pública que vence a lo largo de 2009 y para la que no hay perspectivas de renovación, dado que Argentina ha perdido completamente el crédito público.
Es una estrategia fiscal muy “ortodoxa”, tal como le gusta decir a Kirchner y como se lo demandaría el FMI si siguiera con sus viejas recetas fiscalistas de corto plazo. Pero no deja de ser otro gran engaño, como los tantos que se vienen sucediendo desde 2002 en adelante.Esta forma de resolver los problemas fiscales atenta contra la solvencia de largo plazo de la Argentina. Del stock de ahorros de los jubilados el Estado se puede apropiar una sola vez, no podrá hacerlo todos los años, porque ya no habrá ahorros acumulados. Así que en el 2010 y 2011 no contarán con esos recursos. Es probable que tampoco puedan contar con los 13 mil millones anuales de nuevos aportes.
No sería sorprendente que esos 13 mil millones anuales terminaran yendo a las provincias, porque debe recordarse que el argumento con la que éstas cedieron 10 % de sus recursos de coparticipación y otros porcentajes de la recaudación del IVA al sistema previsional, fue precisamente para compensar la reducción de recaudación por aportes personales que en 1993 comenzaron a ir al sistema jubilatorio de ahorro y capitalización. Ahora que el sistema de reparto recupera esos ingresos, no creo que las provincias sigan resignando sus recursos de coparticipación federal de impuestos, máxime teniendo en cuenta la precaria situación fiscal en la que se encuentran.
En fin, la eliminación del sistema jubilatorio de ahorro y capitalización, apunta a una solución fiscal que no es sostenible en el tiempo. El Gobierno se está auto-engañando. Pero el engaño a los futuros jubilados es el verdaderamente alevoso. Le están diciendo que todo este cambio se hace para que ellos cobren mejores jubilaciones en el futuro. Y Esto es una burda mentira. Lo que están haciendo es escondiendo la deuda que el Estado tiene con los jubilados y, por supuesto, evitando documentarla. Así, en el futuro, bastará un golpe inflacionario para volver a licuar esas deudas y reducir las jubilaciones, como ya lo hicieron en 2002.
Para advertir que la estrategia de este gobierno es el engaño, basta recordar que el señor Boudou, en su presentación de esta iniciativa, aludió a que “el sistema de ahorro y capitalización que ahora se da por terminado fue inspirado por el mismo personaje que en 2001 bajo en un 13 % las jubilaciones”. Lo que no dijo el señor presidente de la ANSES es que con una medida del mismo cuño conceptual que la que él ahora impulsa- la pesificación combinada con devaluación, que expropió un 70 % de los ahorros privados- provocó una caída de las jubilaciones, en términos de poder adquisitivo del 30 %, más del doble que la reducción del 13 % del año anterior, que por otro lado sólo alcanzaba a las jubilaciones mayores a 500 dólares mensuales. Parece que en la universidad privada en la que estudió economía, no aprendió a distinguir entre reducciones nominales y reducciones reales de los salarios y jubilaciones. Cosa que sorprende porque el CEMA es una buena escuela. Quizás, como Boudou estudió mientras no existía inflación en la Argentina, sigue razonando como si no la hubiera. Debe estar entre los que creen en las índices del INDEC intervenido por la Secretaría de Comercio.
La confiscación de los ahorros de los 3 millones 600 mil futuros jubilados que están disponiendo ahora, va a provocar para ellos un deterioro mayor aún a aquel que en 2002 provocó la pesificación con devaluación.
El pueblo demanda a traves del Congreso y de sus quizá representativos representantes un juicio político por reiterado robo y estafa: apropriación ilegal e indebida de un partido político histórico con distorsión de sus contenidos y su uso en contra de los intereses que fue llamado a defender; financiación ilegal de campaña política; continuidad en la estafa de títulos públicos y deuda privada en dólares inconstitucionalente pesificada; estafa con el índice de inflación; expropiación de las exportaciones agropecuarias por medio de las retenciones; nacionalización de una compañía aérea quebrada y su financiación con fondos públicos; expropiación de los ahorros privados en las AFJP; ...sigue la lista...
No hay mucho más para decir que no sepamos ya todos ni mucho más para hacer (salvo protestar en la calle y en los medios)si el Congreso no hace nada y la Justicia no interviene con claridad.
Constitucionalmente, hay tres poderes; pero parece que hubiera uno solo. Las manos largas son verdaderamente largas.
Declaraciones en contra del proyecto oficial de liquidar el sistema previsional de capitalización e incautar los aportes personales de los millones de trabajadores que optaron por ese régimen:
Declaración del senador Carlos Saúl Menem
"No a la confiscación de los aportes jubilatorios. Hay que rechazar el proyecto oficialista y decirle basta a los superpoderes"
La intención del gobierno central de eliminar el sistema jubilatorio de capitalización y apropiarse del stock de aportes personales acumulados durante 14 años por cuatro millones de trabajadores argentinos que eligieron esa modalidad previsional, así como del flujo de sus aportes mensuales de aquí en adelante, representa un verdadero asalto, una confiscación tan injusta y arbitraria como inconstitucional.
El gobierno kirchnerista pretende justificar esta expropiación comparándola con las intervenciones de otros países en bancos y aseguradoras golpeadas por la crisis financiera global. Se trata de una excusa que no resiste el análisis. En los casos mencionados, que han ocurrido en Estados Unidos o Inglaterra, por ejemplo, los estados han hecho aportes monumentales para salvar instituciones desmanteladas por la explosión de las finanzas. El proyecto del gobierno argentino, en cambio, no tiene como objetivo poner fondos, sino sacarlos, expropiarlos. No va a resolver un problema, sino a crearlo, como de hecho el Estado ya le ha generado problemas a esas administradoras de fondos de pensión que ahora dice querer "salvar", imponiéndoles la compra de bonos que cada vez valen menos precisamente por la errática conducción gubernamental, que ha elevado el riesgo-país 1700 puntos en apenas unas semanas.
El gobierno quiere, con este proyecto, resolver el dramático desfinanciamiento que su desquiciada conducción le ha impuesto al Estado argentino. La lucha del campo y la conducta digna del Congreso le impidieron consumar una confiscación análoga a los productores agropecuarios. Como fracasó el arrebato al campo, ahora reintenta el golpe sobre otros blancos: los trabajadores argentinos, futuros jubilados, y el sistema previsional de capitalización. El botín le resulta prometedor: un stock de unos 40.000 millones de dólares y unos 5.000 millones de dólares anuales más.
Ese proyecto debe ser terminantemente rechazado. Es preciso detener el manejo arbitrario de los fondos públicos por parte del gobierno kirchnerista. El Senado está a punto de tratar el presupuesto y, con él, las facultades extraordinarias ("superpoderes") que se le han venido extendiendo al Poder Ejecutivo. A la luz de este comportamiento oficialista hoy es más evidente que nunca que los superpoderes no deben pasar.
La Rioja, 23 de octubre de 2008
"Otro engaño alevoso"
por Domingo Cavallo
Oct 22 en http://www.cavallo.com.ar
Porqué el gobierno decidió ahora dar por terminado el sistema jubilatorio de ahorro y capitalización? Si ésta era su idea, porque no lo hizo en el momento en que publicitó la libre opción para la gente? La respuesta es muy clara: el gobierno enfrenta un enorme agujero fiscal para los próximos tres años y ha decidido resolverlo apelando a los ahorros del sistema previsional.
Pruebas al canto: Es sabido que enfrenta vencimientos de capital de la deuda pública para los que no tiene financiamiento y además ha elaborado un presupuesto para 2009 con un estimado de recaudación por retenciones de 50 mil millones de pesos en comparación con una recaudación de 35 mil millones durante el año en curso. Obviamente esta estimación involucra no menos de 20 mil millones de exageración, porque los precios y los volúmenes de exportaciones para 2009 se presentan bastante más bajos que los que se lograron en 2008. Podría citar muchos otros mecanismos que complicarán el panorama fiscal para 2009, pero para explicar el punto central de este artículo, por su dimensión, me basta con el que acabo de mencionar.
La desaparición del sistema de ahorro y capitalización, elegido por 3 millones 600 mil aportantes activos, significa para el gobierno apropiarse de 95 mil millones de pesos ahorrados por aquellos trabajadores más el ingreso mensual de algo más de mil millones de pesos mensuales. Digamos 13 mil millones anuales, es decir, otros 39 mil millones de aquí al final del gobierno de los Kirchner.
De los 95 mil millones de ahorros acumulados, aproximadamente la mitad están invertidos en títulos públicos. El gobierno podrá entonces decir que la deuda pública bajó en aproximadamente 48 mil millones de pesos. Un primer gran engaño, porque deja de contabilizar una deuda con los futuros jubilados que es al menos igual a los 95 mil millones que ahora les sustrae.
El resto de los fondos ahorrados están invertidos en acciones y títulos privados, fondos de inversión y activos extranjeros por aproximadamente 41 millones y depósitos a plazo fijo en el sistema bancario por 7 mil millones.
Con los 7 mil millones de depósitos a plazo fijo más los 13 mil millones anuales de ingresos adicionales que ahora obtendrá el gobierno al apropiarse de lo que debería ser el aumento anual del ahorro de los jubilados, ya podrá cubrir el agujero creado por la menor recaudación de retenciones.Como probablemente aparecerán otros agujeros fiscales, podrán ir vendiendo primero los activos externos y luego los fondos comunes de inversión y las acciones y títulos privados, con lo que podrán cubrir hasta 41 millones adicionales de pérdida de recaudación y mayores gastos a los previstos en el presupuesto. Incluso le podrán alcanzar para amortizar buena parte de la deuda pública que vence a lo largo de 2009 y para la que no hay perspectivas de renovación, dado que Argentina ha perdido completamente el crédito público.
Es una estrategia fiscal muy “ortodoxa”, tal como le gusta decir a Kirchner y como se lo demandaría el FMI si siguiera con sus viejas recetas fiscalistas de corto plazo. Pero no deja de ser otro gran engaño, como los tantos que se vienen sucediendo desde 2002 en adelante.Esta forma de resolver los problemas fiscales atenta contra la solvencia de largo plazo de la Argentina. Del stock de ahorros de los jubilados el Estado se puede apropiar una sola vez, no podrá hacerlo todos los años, porque ya no habrá ahorros acumulados. Así que en el 2010 y 2011 no contarán con esos recursos. Es probable que tampoco puedan contar con los 13 mil millones anuales de nuevos aportes.
No sería sorprendente que esos 13 mil millones anuales terminaran yendo a las provincias, porque debe recordarse que el argumento con la que éstas cedieron 10 % de sus recursos de coparticipación y otros porcentajes de la recaudación del IVA al sistema previsional, fue precisamente para compensar la reducción de recaudación por aportes personales que en 1993 comenzaron a ir al sistema jubilatorio de ahorro y capitalización. Ahora que el sistema de reparto recupera esos ingresos, no creo que las provincias sigan resignando sus recursos de coparticipación federal de impuestos, máxime teniendo en cuenta la precaria situación fiscal en la que se encuentran.
En fin, la eliminación del sistema jubilatorio de ahorro y capitalización, apunta a una solución fiscal que no es sostenible en el tiempo. El Gobierno se está auto-engañando. Pero el engaño a los futuros jubilados es el verdaderamente alevoso. Le están diciendo que todo este cambio se hace para que ellos cobren mejores jubilaciones en el futuro. Y Esto es una burda mentira. Lo que están haciendo es escondiendo la deuda que el Estado tiene con los jubilados y, por supuesto, evitando documentarla. Así, en el futuro, bastará un golpe inflacionario para volver a licuar esas deudas y reducir las jubilaciones, como ya lo hicieron en 2002.
Para advertir que la estrategia de este gobierno es el engaño, basta recordar que el señor Boudou, en su presentación de esta iniciativa, aludió a que “el sistema de ahorro y capitalización que ahora se da por terminado fue inspirado por el mismo personaje que en 2001 bajo en un 13 % las jubilaciones”. Lo que no dijo el señor presidente de la ANSES es que con una medida del mismo cuño conceptual que la que él ahora impulsa- la pesificación combinada con devaluación, que expropió un 70 % de los ahorros privados- provocó una caída de las jubilaciones, en términos de poder adquisitivo del 30 %, más del doble que la reducción del 13 % del año anterior, que por otro lado sólo alcanzaba a las jubilaciones mayores a 500 dólares mensuales. Parece que en la universidad privada en la que estudió economía, no aprendió a distinguir entre reducciones nominales y reducciones reales de los salarios y jubilaciones. Cosa que sorprende porque el CEMA es una buena escuela. Quizás, como Boudou estudió mientras no existía inflación en la Argentina, sigue razonando como si no la hubiera. Debe estar entre los que creen en las índices del INDEC intervenido por la Secretaría de Comercio.
La confiscación de los ahorros de los 3 millones 600 mil futuros jubilados que están disponiendo ahora, va a provocar para ellos un deterioro mayor aún a aquel que en 2002 provocó la pesificación con devaluación.
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Diana Ferraro
octubre 20, 2008
Panorama político nacional de los últimos siete días
Aislamiento y
centrifugación
por Jorge Raventos
Tras otra semana de extrema volatilidad, parece indudable que la crisis global está lejos aún de haber tocado fondo y que, en su despliegue, golpeará a todas las naciones, inclusive a aquellas cuyos gobiernos practican la superstición del desacople.
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, estimó que la desacelaración que sufrirán los mercados emergentes será intensa y "se la sentirá como una recesión". Zoellick advirtió que la turbulencia financiera provocará efectos en cadena: "Un freno en las exportaciones desencadenará una caída en las inversiones. El deterioro de las condiciones financieras, junto con restricciones monetarias, llevará a la quiebra a muchas empresas y a posibles situaciones bancarias de emergencia".
Los países exportadores de commodities ya empiezan a sentir el cimbronazo. Así como en los últimos años se observaba el fenómeno inédito de un ascenso vertiginoso y simultáneo del precio de todos los commodities, ahora se asiste a una caída conjunta. En mayo de 2007 el níquel se pagaba 55.000 dólares la tonelada; hoy ronda los 11.000 dólares. Los precios del cobre, el zinc, el hierro sufren caídas análogas; la soja, con un precio de algo más de 300 dólares la tonelada, experimentó un descenso de casi 50 por ciento comparada con el pico de cotización tocado en julio. El petróleo sufrió un derrumbe análogo, de 147 dólares el barril (en julio), a 70 dólares la última semana: los países exportadores, reunidos en la OPEC, anticiparon para la semana próxima una reunión extraordinaria originalmente prevista para medidados de noviembr,e en la que podría decidirse reducir la producción para frenar la caída brusca del precio. El premier británico, Gordon Brown, consideró que una resolución de esa naturaleza sería "escandalosa". Sólo el anuncio del anticipo produjo una primera reacción alcista. La crisis, como está a la vista, se realimenta con sus propias consecuencias. Y, según Philip Suttle, jefe de analistas económicos del Instituto de Finanzas Internacionales, "tal vez estemos entonces en una nueva crisis". En una entrevista que conedió en Nueva York a Martín Kanenguiser, de La Nación, Suttle apunta que "habrá problemas con las deudas de las empresas y de los consumidores. Hay que prever grandes compañías con problemas y no sería sorpresivo que alguna de ellas quebrara. Podemos imaginar también problemas en los países emergentes europeos, donde hay déficit y tipos de cambio fijo, o en países asiáticos importantes, que han tenido mucha exposición al apalancamiento que derivó en la crisis de las hipotecas. América latina está mejor que hace ocho años, pero también tendrá problemas por la caída en el precio de las materias primas".
En fin, tanto los datos como los análisis calificados advierten que la crisis alcanza a todos, también a los desacoplados. Pero, aunque parece haberse notificado, finalmente, de que la crisis no se detendrá en el umbral de la Argentina, la Casa Rosada sigue confiando en el aislamiento como remedio, al estilo de aquellas damas cursis que caricaturizaba Landrú: "Si hay guerra atómica, yo me voy a la estancia y cierro bien la tranquera".
Esta semana el gobierno insistió en establecer medidas restrictivas del comercio. La Aduana agregó más de un centenar de productos a un listado que supera los 20.000 a los que las autoridades se disponen a dificultarles el acceso al mercado argentino. Aunque la nómina se hizo pensando en Brasil y China, el secretario de Industria, Fernando Fraguío, aclaró que no estaba pensada para perjudicar a "ningún país en particular", sino para evitar maniobras de dumping. Las medidas unilaterales destinadas a proteger a los fabricantes locales, fatalmente provocan situaciones de tensión con los países afectados.Ricardo Martins, director de la Federación de Industriales del Estado de San Pablo (Fiesp), había anticipado su punto de vista diez días atrás: "Esto es un proceso global de búsqueda de ventajas. No hay que cerrarle las puertas a China. Los gobiernos tienen que hacer algo para que seamos más competitivos." Aunque cubría con elegancia su advertencia bajo la manta del plural y la máscara china, se refería sin duda a la relación entre Argentina y Brasil: "La Argentina no debería preocuparse. Aquí no está el dólar a 3,20, como allá. Y Brasil no le puede vender más a la Argentina".
En momentos en que el mundo, en medio de convulsiones y turbulencias, parece desplazarsea un nuevo ordenamiento, a los países de esta zona del globo les conviene actuar y participar asociadamente en ese gran juego planetario, antes que practicar la travesura de ponerle zancadillas al vecino. En el juego mayor, es indudable que, a fuerza de vigor, continuidad y lucidez, Brasil ha conseguido el país convertirse en monitor de la región y proyecta desde ese lugar sus aspiraciones mundiales.
Con el desacople como frágil armadura, el gobierno argentino predica las virtudes del aislamiento. Es cierto: la señora de Kirchner puede presumir con verdad que Argentina se ha preservado de la crisis de las hipotecas (en rigor, de lo que se preservó es de las hipotecas, lisa y llanamente: el crédito hipotecario murió de inanición salarial). Ese aislamiento es una más de las diferencias con Brasil: el gobierno K, al revés del de Lula Da Silva, promete a los industriales que les dará salvaguardas y protección frente a la competencia externa, aspira inclusive a aumentar la Tarifa Externa Común del Mercosur (que llega al 35 por ciento). El gobierno de Lula formula una apuesta inversa: "No vamos en esa dirección –afirmó el ministro de Hacienda brasilero, Guido Mantega-; en este momento no debemos tomar medidas proteccionistas en ninguna parte. El proteccionismo fue el resultado de la crisis del 29 y el 30 y los países se cerraron. Debemos continuar abiertos, mantener una acción globalizada, porque eso va en beneficio de todos los países".
El oficialismo argentino apostó a mantener desvalorizado el peso mientras Brasil apreciaba su moneda; ahora a los Kirchner les resulta difícil, sin promover inflación, mantener el ritmo de la desvalorización que la crisis financiera provoca al real. La señora de Kirchner insiste con la idea de mantener una flotación libre administrada, pero sectores de su propia administración, la dirigencia de la Unión Industrial, algunas corrientes del sector agrario y hasta algunos caciques sindicales preferirían pasar a una devaluación notoria. Un informe del banco JP Morgan Chase aseguraba esta semana que el oficialismo podría optar por la postura devaluacionista y llevar el dólar a 3,80 pesos antes de dos meses. Motivos: desacelerar la pérdida de reservas que ocasiona la flotación administrada, dar satisfacción por vía cambiaria al proteccionismo industrial y reconstituir parcialmente el colchón de rentabilidad agraria que justifica la transfusión de recursos a la caja central por la aplicación de retenciones.
El gobierno vacila entre distintos platos del mismo menú: todos los que estudia de una u otra manera tienen que ver –con ingredientes cambiarios o aduaneros, por la vía de ritmos gradualistas o rotundos- con tácticas que se asientan en la idea del aislamiento y el desacople.
En cualquier caso, el gobierno siempre ha subordinado la ubicación del país en el mundo a una lógica circunstancial y doméstica, teóricamente destinada a sostener el sistema de control político oficialista. Después del conflicto con el campo y tras un alejamiento que parece definitivo de las clases medias de los centros urbanos, la crisis global encuentra al gobierno a contrapié, con recursos limitados, sin varios de los cuadros que lo alimentaron en otros tiempos, con poco aire. Ha comprendido que ya perdió el centro del ring, el espacio desde el que intentaba lanzar convocatorias transversales. Ahora se refugia en el rincón y apuesta simplemente a llegar hasta el fin de la pelea, confiando más en la debilidad del contrincante que en las fuerzas propias que pueda reunir.
Por estos días, mientras caen las bolsas del mundo, el oficialismo piensa en cómo hacer un papel no desastroso en las elecciones de medio término del año próximo. La debilidad que lo carcome lo induce a esgrimir la figura de Néstor Kirchner como cabeza de una lista legislativa bonaerense. Más allá del invento geográfico de esa eventual candidatura (que no será más caprichoso que otros ya consumados; sin ir más lejos, el que convirtió a su esposa de congresista por Santa Cruz en senadora por la provincia de Buenos Aires), lo significativo es la dificultad del oficialismo para encontrar a un postulante al que le pueda adjudicar chances electorales, más allá del esposo de la presidente.
Néstor Kirchner, por otra parte, pone en juego su nombre especulando con que la dispersión opositora le puede permitir llegar primero con una cosecha en votos de alrededor del 30 por ciento, que es la modesta (pero ambiciosa, a la luz de los estudios de opinión pública de estas semanas) meta que se propone. Para intentar esa aventura –un escenario en el que también se pondrá en juego la gobernabilidad- el gobierno dependerá de las fuerzas a las que ha quedado reducido su ejército: lo que resta del sedicente progresismo que en su momento consiguió atraer y lo que alcance a mantener en caja (en tiempos de cajas más anémicas) del aparato político-sindical del conurbano bonaerense. Si se quiere resumir esas dos fuerzas que convergen en Kirchner en dos nombres propios, esos nombres serían los de Hebe de Bonafini y Hugo Moyano. Basta recordarlo para apreciar la difícil tarea que tiene quien necesita juntarlos: la señora de Bonafini ha declarado que "Moyano, que no es mejor que Eduardo Duhalde. Dijo que quería que se declare crimen de lesa humanidad el asesinato de Rucci. Moyano es un traidor".
Con sus fuerzas dispersas, su "modelo" abollado y enfrentado al desafío de la crisis global, el kirchnerismo ingresa en una etapa de centrifugación.
centrifugación
por Jorge Raventos
Tras otra semana de extrema volatilidad, parece indudable que la crisis global está lejos aún de haber tocado fondo y que, en su despliegue, golpeará a todas las naciones, inclusive a aquellas cuyos gobiernos practican la superstición del desacople.
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, estimó que la desacelaración que sufrirán los mercados emergentes será intensa y "se la sentirá como una recesión". Zoellick advirtió que la turbulencia financiera provocará efectos en cadena: "Un freno en las exportaciones desencadenará una caída en las inversiones. El deterioro de las condiciones financieras, junto con restricciones monetarias, llevará a la quiebra a muchas empresas y a posibles situaciones bancarias de emergencia".
Los países exportadores de commodities ya empiezan a sentir el cimbronazo. Así como en los últimos años se observaba el fenómeno inédito de un ascenso vertiginoso y simultáneo del precio de todos los commodities, ahora se asiste a una caída conjunta. En mayo de 2007 el níquel se pagaba 55.000 dólares la tonelada; hoy ronda los 11.000 dólares. Los precios del cobre, el zinc, el hierro sufren caídas análogas; la soja, con un precio de algo más de 300 dólares la tonelada, experimentó un descenso de casi 50 por ciento comparada con el pico de cotización tocado en julio. El petróleo sufrió un derrumbe análogo, de 147 dólares el barril (en julio), a 70 dólares la última semana: los países exportadores, reunidos en la OPEC, anticiparon para la semana próxima una reunión extraordinaria originalmente prevista para medidados de noviembr,e en la que podría decidirse reducir la producción para frenar la caída brusca del precio. El premier británico, Gordon Brown, consideró que una resolución de esa naturaleza sería "escandalosa". Sólo el anuncio del anticipo produjo una primera reacción alcista. La crisis, como está a la vista, se realimenta con sus propias consecuencias. Y, según Philip Suttle, jefe de analistas económicos del Instituto de Finanzas Internacionales, "tal vez estemos entonces en una nueva crisis". En una entrevista que conedió en Nueva York a Martín Kanenguiser, de La Nación, Suttle apunta que "habrá problemas con las deudas de las empresas y de los consumidores. Hay que prever grandes compañías con problemas y no sería sorpresivo que alguna de ellas quebrara. Podemos imaginar también problemas en los países emergentes europeos, donde hay déficit y tipos de cambio fijo, o en países asiáticos importantes, que han tenido mucha exposición al apalancamiento que derivó en la crisis de las hipotecas. América latina está mejor que hace ocho años, pero también tendrá problemas por la caída en el precio de las materias primas".
En fin, tanto los datos como los análisis calificados advierten que la crisis alcanza a todos, también a los desacoplados. Pero, aunque parece haberse notificado, finalmente, de que la crisis no se detendrá en el umbral de la Argentina, la Casa Rosada sigue confiando en el aislamiento como remedio, al estilo de aquellas damas cursis que caricaturizaba Landrú: "Si hay guerra atómica, yo me voy a la estancia y cierro bien la tranquera".
Esta semana el gobierno insistió en establecer medidas restrictivas del comercio. La Aduana agregó más de un centenar de productos a un listado que supera los 20.000 a los que las autoridades se disponen a dificultarles el acceso al mercado argentino. Aunque la nómina se hizo pensando en Brasil y China, el secretario de Industria, Fernando Fraguío, aclaró que no estaba pensada para perjudicar a "ningún país en particular", sino para evitar maniobras de dumping. Las medidas unilaterales destinadas a proteger a los fabricantes locales, fatalmente provocan situaciones de tensión con los países afectados.Ricardo Martins, director de la Federación de Industriales del Estado de San Pablo (Fiesp), había anticipado su punto de vista diez días atrás: "Esto es un proceso global de búsqueda de ventajas. No hay que cerrarle las puertas a China. Los gobiernos tienen que hacer algo para que seamos más competitivos." Aunque cubría con elegancia su advertencia bajo la manta del plural y la máscara china, se refería sin duda a la relación entre Argentina y Brasil: "La Argentina no debería preocuparse. Aquí no está el dólar a 3,20, como allá. Y Brasil no le puede vender más a la Argentina".
En momentos en que el mundo, en medio de convulsiones y turbulencias, parece desplazarsea un nuevo ordenamiento, a los países de esta zona del globo les conviene actuar y participar asociadamente en ese gran juego planetario, antes que practicar la travesura de ponerle zancadillas al vecino. En el juego mayor, es indudable que, a fuerza de vigor, continuidad y lucidez, Brasil ha conseguido el país convertirse en monitor de la región y proyecta desde ese lugar sus aspiraciones mundiales.
Con el desacople como frágil armadura, el gobierno argentino predica las virtudes del aislamiento. Es cierto: la señora de Kirchner puede presumir con verdad que Argentina se ha preservado de la crisis de las hipotecas (en rigor, de lo que se preservó es de las hipotecas, lisa y llanamente: el crédito hipotecario murió de inanición salarial). Ese aislamiento es una más de las diferencias con Brasil: el gobierno K, al revés del de Lula Da Silva, promete a los industriales que les dará salvaguardas y protección frente a la competencia externa, aspira inclusive a aumentar la Tarifa Externa Común del Mercosur (que llega al 35 por ciento). El gobierno de Lula formula una apuesta inversa: "No vamos en esa dirección –afirmó el ministro de Hacienda brasilero, Guido Mantega-; en este momento no debemos tomar medidas proteccionistas en ninguna parte. El proteccionismo fue el resultado de la crisis del 29 y el 30 y los países se cerraron. Debemos continuar abiertos, mantener una acción globalizada, porque eso va en beneficio de todos los países".
El oficialismo argentino apostó a mantener desvalorizado el peso mientras Brasil apreciaba su moneda; ahora a los Kirchner les resulta difícil, sin promover inflación, mantener el ritmo de la desvalorización que la crisis financiera provoca al real. La señora de Kirchner insiste con la idea de mantener una flotación libre administrada, pero sectores de su propia administración, la dirigencia de la Unión Industrial, algunas corrientes del sector agrario y hasta algunos caciques sindicales preferirían pasar a una devaluación notoria. Un informe del banco JP Morgan Chase aseguraba esta semana que el oficialismo podría optar por la postura devaluacionista y llevar el dólar a 3,80 pesos antes de dos meses. Motivos: desacelerar la pérdida de reservas que ocasiona la flotación administrada, dar satisfacción por vía cambiaria al proteccionismo industrial y reconstituir parcialmente el colchón de rentabilidad agraria que justifica la transfusión de recursos a la caja central por la aplicación de retenciones.
El gobierno vacila entre distintos platos del mismo menú: todos los que estudia de una u otra manera tienen que ver –con ingredientes cambiarios o aduaneros, por la vía de ritmos gradualistas o rotundos- con tácticas que se asientan en la idea del aislamiento y el desacople.
En cualquier caso, el gobierno siempre ha subordinado la ubicación del país en el mundo a una lógica circunstancial y doméstica, teóricamente destinada a sostener el sistema de control político oficialista. Después del conflicto con el campo y tras un alejamiento que parece definitivo de las clases medias de los centros urbanos, la crisis global encuentra al gobierno a contrapié, con recursos limitados, sin varios de los cuadros que lo alimentaron en otros tiempos, con poco aire. Ha comprendido que ya perdió el centro del ring, el espacio desde el que intentaba lanzar convocatorias transversales. Ahora se refugia en el rincón y apuesta simplemente a llegar hasta el fin de la pelea, confiando más en la debilidad del contrincante que en las fuerzas propias que pueda reunir.
Por estos días, mientras caen las bolsas del mundo, el oficialismo piensa en cómo hacer un papel no desastroso en las elecciones de medio término del año próximo. La debilidad que lo carcome lo induce a esgrimir la figura de Néstor Kirchner como cabeza de una lista legislativa bonaerense. Más allá del invento geográfico de esa eventual candidatura (que no será más caprichoso que otros ya consumados; sin ir más lejos, el que convirtió a su esposa de congresista por Santa Cruz en senadora por la provincia de Buenos Aires), lo significativo es la dificultad del oficialismo para encontrar a un postulante al que le pueda adjudicar chances electorales, más allá del esposo de la presidente.
Néstor Kirchner, por otra parte, pone en juego su nombre especulando con que la dispersión opositora le puede permitir llegar primero con una cosecha en votos de alrededor del 30 por ciento, que es la modesta (pero ambiciosa, a la luz de los estudios de opinión pública de estas semanas) meta que se propone. Para intentar esa aventura –un escenario en el que también se pondrá en juego la gobernabilidad- el gobierno dependerá de las fuerzas a las que ha quedado reducido su ejército: lo que resta del sedicente progresismo que en su momento consiguió atraer y lo que alcance a mantener en caja (en tiempos de cajas más anémicas) del aparato político-sindical del conurbano bonaerense. Si se quiere resumir esas dos fuerzas que convergen en Kirchner en dos nombres propios, esos nombres serían los de Hebe de Bonafini y Hugo Moyano. Basta recordarlo para apreciar la difícil tarea que tiene quien necesita juntarlos: la señora de Bonafini ha declarado que "Moyano, que no es mejor que Eduardo Duhalde. Dijo que quería que se declare crimen de lesa humanidad el asesinato de Rucci. Moyano es un traidor".
Con sus fuerzas dispersas, su "modelo" abollado y enfrentado al desafío de la crisis global, el kirchnerismo ingresa en una etapa de centrifugación.
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Jorge Raventos
octubre 16, 2008
LA LINEA SINUOSA
Con el proceso globalizador en acelerada marcha hacia su nueva etapa del reordenamiento financiero global y el debate acerca de qué resultado depararán las elecciones norteamericanas, pocos son los que reparan en el ya casi irreversible armado político local de cara a las elecciones de 2009.
Las diferentes facciones socialdemócratas, desde el kirchnerismo a la Coalición Cívica, pasando por el duhaldismo , el radicalismo y el socialismo, intentan ganar espacio ideológico en la opinión pública, en la convicción de que Estados Unidos seguirá en caída libre y de que el capitalismo nunca más será mencionado como el modelo a seguir.
Por el otro lado, lo que se advierte es una sinuosa línea que, desde la Ciudad de Buenos Aires a la Provincia de Buenos Aires, y proyectándose a varias otras provincias, va logrando las adhesiones de peronistas, conservadores e independientes y constituyendo lo que algunos llaman ya el Peronismo Pro, variante macrista de ese peronismo libre anotado en la modernidad. También en la inquebrantable fe de que el proceso globalizador sólo puede profundizarse y en la certeza de que la Argentina debe ser parte intensamente activa de éste.
La batalla por el PJ no ha concluido y mucho menos ha terminado de definirse qué es oficialismo y qué oposición. El mundo financiero puede ir a los tumbos durante una temporada más y sembrar confusión a escala global. Mientras tanto, la Argentina continuará protagonizando, en paralelo, su propia aventura hacia la siempre costosa libertad. En un día ya no muy lejano, el mundo libre será claramente uno ante la vista de todos, y las visiones socialdemócratas, el lastre incómodo del pasado que aún se resiste.
Con la suerte de haber cargado durante los últimos ocho años con esa pesada mochila ideológica, a la Argentina sólo le espera un destino de libertad, aquel hacia el cual la línea sinuosa se dirige, ya sin desmayo.
Las diferentes facciones socialdemócratas, desde el kirchnerismo a la Coalición Cívica, pasando por el duhaldismo , el radicalismo y el socialismo, intentan ganar espacio ideológico en la opinión pública, en la convicción de que Estados Unidos seguirá en caída libre y de que el capitalismo nunca más será mencionado como el modelo a seguir.
Por el otro lado, lo que se advierte es una sinuosa línea que, desde la Ciudad de Buenos Aires a la Provincia de Buenos Aires, y proyectándose a varias otras provincias, va logrando las adhesiones de peronistas, conservadores e independientes y constituyendo lo que algunos llaman ya el Peronismo Pro, variante macrista de ese peronismo libre anotado en la modernidad. También en la inquebrantable fe de que el proceso globalizador sólo puede profundizarse y en la certeza de que la Argentina debe ser parte intensamente activa de éste.
La batalla por el PJ no ha concluido y mucho menos ha terminado de definirse qué es oficialismo y qué oposición. El mundo financiero puede ir a los tumbos durante una temporada más y sembrar confusión a escala global. Mientras tanto, la Argentina continuará protagonizando, en paralelo, su propia aventura hacia la siempre costosa libertad. En un día ya no muy lejano, el mundo libre será claramente uno ante la vista de todos, y las visiones socialdemócratas, el lastre incómodo del pasado que aún se resiste.
Con la suerte de haber cargado durante los últimos ocho años con esa pesada mochila ideológica, a la Argentina sólo le espera un destino de libertad, aquel hacia el cual la línea sinuosa se dirige, ya sin desmayo.
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Diana Ferraro
octubre 11, 2008
Panorama político nacional de los últimos siete días
La crisis arrecia: el gobierno la descubre con método Macondo
por Jorge Raventos
Lo que la señora de Kirchner denominó -con ingenio quizás inoportuno- "efecto jazz" parece ser algo más hondo y extendido que una crisis determinada por créditos hipotecarios despreocupadamente otorgados a deudores insolventes. Por otra parte, en esa música se presiente algún bandoneón. En fin, algo argentino suena.
Aunque no se han difundido datos demasiado precisos sobre el número de hipotecas con problemas en Estados Unidos ni sobre el monto en dólares que ellas involucran, algunas estimaciones ubican esas cifras en el orden de los seis millones de hipotecas en dificultades, por un valor total de alrededor de 1,5 billones (millones de millones) de dólares.
¿Se puede seguir hablando de "crisis de las hipotecas"? Si el monumental -digamos- contratiempo financiero estuviera reducido exclusivamente a las hipotecas impagables, el salvataje lanzado por el gobierno de George Bush y arduamente aprobado por el Congreso norteamericano, sumado a otras fortísimas erogaciones resueltas por el Tesoro y la Reserva Federal deberían haber sido eficaces.
El plan de salvataje fue dispuesto por 750.000 millones de dólares, pero observadores calificados consideran una cantidad muy superior. Domingo Cavallo, por caso, señala en su blog que "las estimaciones más realistas hacen ascender esa cifra a 2 billones (millones de millones), es decir un 15 % del PBI de los Estados Unidos".
Como para poner las cosas en contexto, conviene recordar que, en medio de la guerra contra el terrorismo global y de sus compromisos en Irak y Afghanistan, el presupuesto de defensa y seguridad del territorio de los Estados Unidos es igual al 5 por ciento de su PBI. Es decir que han dedicado al salvataje financiero tres veces esa cantidad.
Y sin embargo los mercados han respondido con sostenido escepticismo, con derrumbes de las bolsas, una señal clara de que ven los límites de la complicación mucho más allá del tema de las hipotecas subprime.
Alvin Toffler, uno de los intelectuales que más agudamente han observado la sociedad planetaria de las últimas décadas, considera que el fenomenal barullo es una consecuencia de la revolución tecnológica de la información: "El problema comenzó –conjetura- cuando se computarizaron las finanzas y Wall Street fue prácticamente invadido por personas formadas matemáticamente en Silicon Valley, que eran muy creativos y diseñaban nuevos instrumentos, que cada vez eran más complejos, al punto de que mucha gente de la misma bolsa no los entendía". Las finanzas virtuales se desplegaron muy velozmente y la globalización avanzó antes que en otros terrenos en el financiero. En términos de Toffler: "El sector financiero creció más rápido que la economía y las transacciones fueron cada vez más rápidas, hasta que el sistema se descontroló".
Es posible, pues, que la distancia que media entre la economía real y las finanzas virtuales se haya extendido exageradamente, y que la "economía creativa" se haya desarrollado mucho más allá de lo actualmente manejable.
Algunas cifras permiten medir aquella distancia. Veamos. Economía real: el PBI mundial ronda actualmente los 60 billones (millones de millones)de dólares y el comercio mundial de mercancías está alrededor de los 8 billones.
Paralelamente, se estima que los productos financieros conocidos como "derivados" (distintos instrumentos que permiten y representan transacciones financieras cada vez más alejadas de la economía tangible) suman alrededor de 2.000 millones de millones. ¡Casi 40 veces el PBI del planeta!
Las cifras destinadas por Estados Unidos para el salvataje (incluso sumando a ellas las que incorporan las acciones lanzadas por Europa y por naciones asiáticas), más que razonables para afrontar un problema circunscripto a las insolvencias hipotecarias, serían una gota en el océano si lo que está estallando fuese en realidad una burbuja de derivados. Porque sobre esa materia no hay registro ni cálculo preciso de sus dimensiones. Sólo se sabe que constituye un enorme agujero negro.
La "economía creativa", la selva de derivados financieros sería, en algunas interpretaciones, signo de identidad de un capitalismo posmoderno. Un artículo reciente de Daniel Montamat en La Nación afirmaba ese diagnóstico desde el costado del consumo: "El consumo posmoderno, a diferencia del consumo moderno, es un consumo existencial. Es un consumo para ser que está asociado a la eternidad del instante de la cultura posmoderna. Tiene la naturaleza de los consumos adictivos". En rigor, la cultura de la posmodernidad guarda un aire de familia con aquellos mecanismos de invención financiera que alcanzan tal grado de abstracción que se despegan sin complejos de lo tangible. Es plausible pensar que a una cultura del relativismo que iguala la verdad con la verosimilitud, niega las identidades físicas para reemplazarlas por géneros concebidos como elecciones voluntarias o confunde la realidad con "el relato" corresponda una economía imaginativa, inventiva, especulativa.
Sin embargo, a veces la diferenciación se transmuta, en los enfoques ideologistas de alguna izquierda que se ha quedado sin ideales propios y a menudo sin ideas, en coartada para atacar la lógica capitalista realmente existente en nombre de un capitalismo presunto, al que se le extrae la vocación de lucro para imaginarlo como una pasteurizada red de oenegés consagradas a la producción y la beneficencia. El francés André Glucksmann liquida ese argumento: "Es inútil contraponer un capitalismo industrial que ha seguido siendo prudente a una esfera financiera imprudente y temeraria. El mismo progreso industrial, que por cierto no se asemeja a un calmo río, alterna continuamente la creación y la destrucción, el abandono de las antiguas fuerzas productivas y la explosión de nuevas fuentes de riqueza. El sistema financiero estimula estos movimientos de destrucción creativa que definen siglo tras siglo la occidentalización del mundo".
Lo (relativamente) nuevo es el carácter global de la crisis o, si se quiere, la extraordinaria densidad global de sus alcances.
A una dificultad que está en el orden de las magnitudes se agrega otra, relacionada con la asimetría entre el fenómeno y los instrumentos existentes para acotarlo y ordenarlo. En otros términos: las finanzas (y en buena medida la economía, en términos amplios) han adquirido una naturaleza global, pero no hay un poder ni un sistema normativo de esas características. Tres semanas atrás, citábamos aquí, sobre este punto, una observación de Felipe González: "La famosa gobernanza (papel ineludible de la política) permanece en el ámbito de lo local-nacional y de los obsoletos organismos financieros del pasado, en tanto que los fenómenos económicos y financieros más relevantes se mueven en el ámbito global sin gobierno alguno".
Ese diagnóstico sugiere la necesidad de una política global, capaz de construir nuevos instrumentos económicos, poner reglas globales y hacerlas cumplir.
La ausencia de tales condiciones fue otro de los elementos que sumó desconfianza a la desconfianza en las últimas semanas: las naciones principales no exhibían (ahora empiezan apenas a hacerlo: la precipitada reunión del G7 es una expresión de ello) capacidad o voluntad de al menos coordinar acciones para afrontar el cimbronazo de la gran crisis. Que aún se encuentra en pleno desarrollo: "Creo –estima Toffler-, que esta crisis no ha terminado pues según los cálculos de mi esposa, que es experta en finanzas, si esto se considera un problema, ¡esperen a que tengamos una explosión basada en tarjetas de crédito, que es la siguiente fase!".
La transversalidad global de la crisis teñía de ingenuidad las primitivas declaraciones de la señora de Kirchner, en el marco de su viaje a Nueva York, cuando parecía soñar en voz alta con un aislamiento perfecto de su reino, preservado de cualquier contaminación proveniente del resto del mundo (o, más bien, "del primer mundo") . En esos momentos (in pectore, quizás también ahora) la presidente cultivaba radicalmente la teoría del desacople, parecía convencida de que el aislamiento internacional al que el oficialismo sometió a la Argentina resultaba una inviolable malla de seguridad.
En los últimos días, en público al menos, la dama ha advertido que la crisis "tendrá secuelas económicas y sociales" en nuestro país. "El mundo es redondo como una naranja", descubrió a su modo José Arcadio Buendía, amarrado a un tronco bajo la lluvia de Macondo, en Cien años de soledad. Bienvenidos los raptos de lucidez, aunque esta sea intermitente o tardía.
El gobierno K practicó eficazmente el desacople en un sentido: consiguió alejar largamente al país de la corriente de inversiones extranjeras directas que benefició a la región en los últimos años. Argentina, que una década atrás era, junto a China, principal receptor mundial de esas inversiones, se ubica ahora quinta en América Latina, detrás de Brasil, Chile, Colombia y Perú.
Durante los años de vacas gordas, cuando el mundo financiaba con ligereza y Argentina podía obtener fondos baratos de los organismos internacionales, el gobierno se ensimismó, propuso vivir con lo nuestro, despreció las obligaciones con los bonistas que no aceptaron el canje y mantuvo vigente la deuda con el Club de París, dejó crecer la inflación y fracasó en contenerla a través de regulaciones y falsificación estadística. Así, Argentina se encuentra con una tasa de riesgo país de las más altas del planeta (llegó a los 1400 puntos básicos), pasa a ser descalificada como "país emergente de frontera" y sólo puede obtener financiamiento (caro) del chavismo venezolano.
Pero si esas puertas al mundo (las de la inversión y el financiamiento) están básicamente clausuradas, ocurre que hay otra, fundamental, que –pese a esfuerzos en contrario, como la guerra contra los productores agroganaderos- quedó afortunadamente abierta: la puerta del comercio internacional. Y por esa puerta, por la que ingresan los recursos que permitieron las tasas de crecimiento de los últimos años, penetra ahora la realidad de la crisis.
Los precios estratosféricos alcanzados hace pocos meses por los alimentos argentinos (soja y otros) se contraen marcadamente. La soja bajó de los 600 dólares la tonelada del primer trimestre, a algo más de 300. El país recibirá retribuciones más bajas y probablemente en varios rubros venda menos, porque una economía mundial que se desacelera contrae todas las demandas (además, la pelea contra el campo tuvo consecuencias: en muchos rubros la producción ha caído).
El presupuesto dibujado por el gobierno, que debe ser discutido en el Congreso, tendría que ser rediseñado:; la crisis desbarata las previsiones comerciales y también las relativas a la recaudación: menos exportaciones y a cotizaciones más bajas es sinónimo de un recorte fuerte de recursos. ¿Por qué debatir sobre lo que no fue, no es y no será?
La torpeza y cortedad de miras del gobierno K inutilizaron instrumentos económicos por usarlos caprichosamente durante los años con viento en las velas. Ahora, cuando los necesita imperiosamente, ya no puede emplearlos.
Los industriales se quejan de que la inflación erosionó totalmente la ventaja cambiaria que les produjo la devaluación de Duhalde y ahora están aterrados por la amenaza comercial de Brasil (que ha dejado caer su moneda un 40 por ciento en las últimas semanas) y por la de China: consideran que los asiáticos buscarán colocar en terceros países producciones que hasta ahora vendían en Estados Unidos, un destino que quedará obstaculizado por el previsible reflejo de austeridad y encogimiento del mercado americano ante la crisis. En cuanto al vecino y socio, lo ven adquiriendo competitividad cambiaria y dispuesto a emplear a fondo las facilidades que el Mercosur le proporciona para ingresar al mercado local.
El oficialismo se encuentra ante un dilema: si sigue administrando la devaluación del peso, dispara inflación agregada, encarece el 40 por ciento de la deuda pública (bonos que se indexan por precios), deteriora salarios, alimenta los reclamos gremiales (la CGT tiene su Comité Central Confederal el martes 14 y muchas organizaciones insisten en compensar el salario perdido con la inflación), pone en riesgo la gobernabilidad; si no lo hace, incrementa la vulnerabilidad de la producción argentina (incluyendo, por cierto, al campo, para el cual el peso de las retenciones actuales se ha vuelto ruinoso), abre un flanco en el tema del desempleo y agrave los riesgos en materia de recaudación. ¿Puede acaso actuar en el terreno comercial con la lógica del desacople que empleó en otros terrenos? ¿Levantará una muralla china en materia de intercambio? ¿Abrirá un conflicto comercial en el Mercosur precisamente cuando el mundo requiere más asociatividad, cuando la crisis reclama –como apuntaba el astuto Felipe- "gobernanza global"? En el diseño de esa gobernabilidad participarán aquellos países y grupos de países dispuestos, por fuerza y convicción, a asumir responsabilidades globales, preparados para no sentirse ajenos. Dispuestos a acoplarse, no a desacoplarse.
El gobierno quiere agrandar y concentrar más la caja (el proyecto de presupuesto que envió al Congreso achica a un 24,5 por ciento la coparticipación de recursos nacionales, cuando el piso legal es el 33 por ciento), pero ahora choca con los reclamos de provincias y municipios, que quieren manejar lo que, al compás del debilitamiento del poder central, han vuelto a entender que les pertenece. El oficialismo K ve con temor que le reclamarán un reparto menos concentrado de una caja que será más chica y que no puede ampliarse con mayor presión fiscal, porque esa presión ya es muy pesada para la enorme mayoría.
Ha dedicado a los subsidios (una de las "columnas del capitalismo de amigos") más fondos que a la acción social. Ahora tendrá que recortarlos, y eso resentirá las amistadas adquiridas. La obra pública seguramente se seguirá desacelerando.
Sin viento de cola, sin recursos extraordinarios, con un deprimidísimo apoyo de la opinión pública, con su credibilidad limada por escándalos como los de la efedrina, los remedios falsificados y las valijas con dólares chavistas, el gobierno tiene –como acierta la señora de Kirchner- "una oportunidad": la de demostrar si lo que llama su "modelo" funciona cuando no cuenta con condiciones excepcionalmente favorables.
El "efecto jazz" es un fenómeno de enormes dimensiones; no ocurre "afuera", no hay tabiques que lo detengan, golpea en Wall Street, en Reikiavik, la capital de Islandia o en provincias argentinas, en muchas de las cuales hay ingresos per capita inferiores a los del Africa subsahariana.
La crisis es mucho más que un relato posmoderno. Es una realidad, donde mueren las palabras huecas.
El mundo es redondo como una naranja, nomás.
por Jorge Raventos
Lo que la señora de Kirchner denominó -con ingenio quizás inoportuno- "efecto jazz" parece ser algo más hondo y extendido que una crisis determinada por créditos hipotecarios despreocupadamente otorgados a deudores insolventes. Por otra parte, en esa música se presiente algún bandoneón. En fin, algo argentino suena.
Aunque no se han difundido datos demasiado precisos sobre el número de hipotecas con problemas en Estados Unidos ni sobre el monto en dólares que ellas involucran, algunas estimaciones ubican esas cifras en el orden de los seis millones de hipotecas en dificultades, por un valor total de alrededor de 1,5 billones (millones de millones) de dólares.
¿Se puede seguir hablando de "crisis de las hipotecas"? Si el monumental -digamos- contratiempo financiero estuviera reducido exclusivamente a las hipotecas impagables, el salvataje lanzado por el gobierno de George Bush y arduamente aprobado por el Congreso norteamericano, sumado a otras fortísimas erogaciones resueltas por el Tesoro y la Reserva Federal deberían haber sido eficaces.
El plan de salvataje fue dispuesto por 750.000 millones de dólares, pero observadores calificados consideran una cantidad muy superior. Domingo Cavallo, por caso, señala en su blog que "las estimaciones más realistas hacen ascender esa cifra a 2 billones (millones de millones), es decir un 15 % del PBI de los Estados Unidos".
Como para poner las cosas en contexto, conviene recordar que, en medio de la guerra contra el terrorismo global y de sus compromisos en Irak y Afghanistan, el presupuesto de defensa y seguridad del territorio de los Estados Unidos es igual al 5 por ciento de su PBI. Es decir que han dedicado al salvataje financiero tres veces esa cantidad.
Y sin embargo los mercados han respondido con sostenido escepticismo, con derrumbes de las bolsas, una señal clara de que ven los límites de la complicación mucho más allá del tema de las hipotecas subprime.
Alvin Toffler, uno de los intelectuales que más agudamente han observado la sociedad planetaria de las últimas décadas, considera que el fenomenal barullo es una consecuencia de la revolución tecnológica de la información: "El problema comenzó –conjetura- cuando se computarizaron las finanzas y Wall Street fue prácticamente invadido por personas formadas matemáticamente en Silicon Valley, que eran muy creativos y diseñaban nuevos instrumentos, que cada vez eran más complejos, al punto de que mucha gente de la misma bolsa no los entendía". Las finanzas virtuales se desplegaron muy velozmente y la globalización avanzó antes que en otros terrenos en el financiero. En términos de Toffler: "El sector financiero creció más rápido que la economía y las transacciones fueron cada vez más rápidas, hasta que el sistema se descontroló".
Es posible, pues, que la distancia que media entre la economía real y las finanzas virtuales se haya extendido exageradamente, y que la "economía creativa" se haya desarrollado mucho más allá de lo actualmente manejable.
Algunas cifras permiten medir aquella distancia. Veamos. Economía real: el PBI mundial ronda actualmente los 60 billones (millones de millones)de dólares y el comercio mundial de mercancías está alrededor de los 8 billones.
Paralelamente, se estima que los productos financieros conocidos como "derivados" (distintos instrumentos que permiten y representan transacciones financieras cada vez más alejadas de la economía tangible) suman alrededor de 2.000 millones de millones. ¡Casi 40 veces el PBI del planeta!
Las cifras destinadas por Estados Unidos para el salvataje (incluso sumando a ellas las que incorporan las acciones lanzadas por Europa y por naciones asiáticas), más que razonables para afrontar un problema circunscripto a las insolvencias hipotecarias, serían una gota en el océano si lo que está estallando fuese en realidad una burbuja de derivados. Porque sobre esa materia no hay registro ni cálculo preciso de sus dimensiones. Sólo se sabe que constituye un enorme agujero negro.
La "economía creativa", la selva de derivados financieros sería, en algunas interpretaciones, signo de identidad de un capitalismo posmoderno. Un artículo reciente de Daniel Montamat en La Nación afirmaba ese diagnóstico desde el costado del consumo: "El consumo posmoderno, a diferencia del consumo moderno, es un consumo existencial. Es un consumo para ser que está asociado a la eternidad del instante de la cultura posmoderna. Tiene la naturaleza de los consumos adictivos". En rigor, la cultura de la posmodernidad guarda un aire de familia con aquellos mecanismos de invención financiera que alcanzan tal grado de abstracción que se despegan sin complejos de lo tangible. Es plausible pensar que a una cultura del relativismo que iguala la verdad con la verosimilitud, niega las identidades físicas para reemplazarlas por géneros concebidos como elecciones voluntarias o confunde la realidad con "el relato" corresponda una economía imaginativa, inventiva, especulativa.
Sin embargo, a veces la diferenciación se transmuta, en los enfoques ideologistas de alguna izquierda que se ha quedado sin ideales propios y a menudo sin ideas, en coartada para atacar la lógica capitalista realmente existente en nombre de un capitalismo presunto, al que se le extrae la vocación de lucro para imaginarlo como una pasteurizada red de oenegés consagradas a la producción y la beneficencia. El francés André Glucksmann liquida ese argumento: "Es inútil contraponer un capitalismo industrial que ha seguido siendo prudente a una esfera financiera imprudente y temeraria. El mismo progreso industrial, que por cierto no se asemeja a un calmo río, alterna continuamente la creación y la destrucción, el abandono de las antiguas fuerzas productivas y la explosión de nuevas fuentes de riqueza. El sistema financiero estimula estos movimientos de destrucción creativa que definen siglo tras siglo la occidentalización del mundo".
Lo (relativamente) nuevo es el carácter global de la crisis o, si se quiere, la extraordinaria densidad global de sus alcances.
A una dificultad que está en el orden de las magnitudes se agrega otra, relacionada con la asimetría entre el fenómeno y los instrumentos existentes para acotarlo y ordenarlo. En otros términos: las finanzas (y en buena medida la economía, en términos amplios) han adquirido una naturaleza global, pero no hay un poder ni un sistema normativo de esas características. Tres semanas atrás, citábamos aquí, sobre este punto, una observación de Felipe González: "La famosa gobernanza (papel ineludible de la política) permanece en el ámbito de lo local-nacional y de los obsoletos organismos financieros del pasado, en tanto que los fenómenos económicos y financieros más relevantes se mueven en el ámbito global sin gobierno alguno".
Ese diagnóstico sugiere la necesidad de una política global, capaz de construir nuevos instrumentos económicos, poner reglas globales y hacerlas cumplir.
La ausencia de tales condiciones fue otro de los elementos que sumó desconfianza a la desconfianza en las últimas semanas: las naciones principales no exhibían (ahora empiezan apenas a hacerlo: la precipitada reunión del G7 es una expresión de ello) capacidad o voluntad de al menos coordinar acciones para afrontar el cimbronazo de la gran crisis. Que aún se encuentra en pleno desarrollo: "Creo –estima Toffler-, que esta crisis no ha terminado pues según los cálculos de mi esposa, que es experta en finanzas, si esto se considera un problema, ¡esperen a que tengamos una explosión basada en tarjetas de crédito, que es la siguiente fase!".
La transversalidad global de la crisis teñía de ingenuidad las primitivas declaraciones de la señora de Kirchner, en el marco de su viaje a Nueva York, cuando parecía soñar en voz alta con un aislamiento perfecto de su reino, preservado de cualquier contaminación proveniente del resto del mundo (o, más bien, "del primer mundo") . En esos momentos (in pectore, quizás también ahora) la presidente cultivaba radicalmente la teoría del desacople, parecía convencida de que el aislamiento internacional al que el oficialismo sometió a la Argentina resultaba una inviolable malla de seguridad.
En los últimos días, en público al menos, la dama ha advertido que la crisis "tendrá secuelas económicas y sociales" en nuestro país. "El mundo es redondo como una naranja", descubrió a su modo José Arcadio Buendía, amarrado a un tronco bajo la lluvia de Macondo, en Cien años de soledad. Bienvenidos los raptos de lucidez, aunque esta sea intermitente o tardía.
El gobierno K practicó eficazmente el desacople en un sentido: consiguió alejar largamente al país de la corriente de inversiones extranjeras directas que benefició a la región en los últimos años. Argentina, que una década atrás era, junto a China, principal receptor mundial de esas inversiones, se ubica ahora quinta en América Latina, detrás de Brasil, Chile, Colombia y Perú.
Durante los años de vacas gordas, cuando el mundo financiaba con ligereza y Argentina podía obtener fondos baratos de los organismos internacionales, el gobierno se ensimismó, propuso vivir con lo nuestro, despreció las obligaciones con los bonistas que no aceptaron el canje y mantuvo vigente la deuda con el Club de París, dejó crecer la inflación y fracasó en contenerla a través de regulaciones y falsificación estadística. Así, Argentina se encuentra con una tasa de riesgo país de las más altas del planeta (llegó a los 1400 puntos básicos), pasa a ser descalificada como "país emergente de frontera" y sólo puede obtener financiamiento (caro) del chavismo venezolano.
Pero si esas puertas al mundo (las de la inversión y el financiamiento) están básicamente clausuradas, ocurre que hay otra, fundamental, que –pese a esfuerzos en contrario, como la guerra contra los productores agroganaderos- quedó afortunadamente abierta: la puerta del comercio internacional. Y por esa puerta, por la que ingresan los recursos que permitieron las tasas de crecimiento de los últimos años, penetra ahora la realidad de la crisis.
Los precios estratosféricos alcanzados hace pocos meses por los alimentos argentinos (soja y otros) se contraen marcadamente. La soja bajó de los 600 dólares la tonelada del primer trimestre, a algo más de 300. El país recibirá retribuciones más bajas y probablemente en varios rubros venda menos, porque una economía mundial que se desacelera contrae todas las demandas (además, la pelea contra el campo tuvo consecuencias: en muchos rubros la producción ha caído).
El presupuesto dibujado por el gobierno, que debe ser discutido en el Congreso, tendría que ser rediseñado:; la crisis desbarata las previsiones comerciales y también las relativas a la recaudación: menos exportaciones y a cotizaciones más bajas es sinónimo de un recorte fuerte de recursos. ¿Por qué debatir sobre lo que no fue, no es y no será?
La torpeza y cortedad de miras del gobierno K inutilizaron instrumentos económicos por usarlos caprichosamente durante los años con viento en las velas. Ahora, cuando los necesita imperiosamente, ya no puede emplearlos.
Los industriales se quejan de que la inflación erosionó totalmente la ventaja cambiaria que les produjo la devaluación de Duhalde y ahora están aterrados por la amenaza comercial de Brasil (que ha dejado caer su moneda un 40 por ciento en las últimas semanas) y por la de China: consideran que los asiáticos buscarán colocar en terceros países producciones que hasta ahora vendían en Estados Unidos, un destino que quedará obstaculizado por el previsible reflejo de austeridad y encogimiento del mercado americano ante la crisis. En cuanto al vecino y socio, lo ven adquiriendo competitividad cambiaria y dispuesto a emplear a fondo las facilidades que el Mercosur le proporciona para ingresar al mercado local.
El oficialismo se encuentra ante un dilema: si sigue administrando la devaluación del peso, dispara inflación agregada, encarece el 40 por ciento de la deuda pública (bonos que se indexan por precios), deteriora salarios, alimenta los reclamos gremiales (la CGT tiene su Comité Central Confederal el martes 14 y muchas organizaciones insisten en compensar el salario perdido con la inflación), pone en riesgo la gobernabilidad; si no lo hace, incrementa la vulnerabilidad de la producción argentina (incluyendo, por cierto, al campo, para el cual el peso de las retenciones actuales se ha vuelto ruinoso), abre un flanco en el tema del desempleo y agrave los riesgos en materia de recaudación. ¿Puede acaso actuar en el terreno comercial con la lógica del desacople que empleó en otros terrenos? ¿Levantará una muralla china en materia de intercambio? ¿Abrirá un conflicto comercial en el Mercosur precisamente cuando el mundo requiere más asociatividad, cuando la crisis reclama –como apuntaba el astuto Felipe- "gobernanza global"? En el diseño de esa gobernabilidad participarán aquellos países y grupos de países dispuestos, por fuerza y convicción, a asumir responsabilidades globales, preparados para no sentirse ajenos. Dispuestos a acoplarse, no a desacoplarse.
El gobierno quiere agrandar y concentrar más la caja (el proyecto de presupuesto que envió al Congreso achica a un 24,5 por ciento la coparticipación de recursos nacionales, cuando el piso legal es el 33 por ciento), pero ahora choca con los reclamos de provincias y municipios, que quieren manejar lo que, al compás del debilitamiento del poder central, han vuelto a entender que les pertenece. El oficialismo K ve con temor que le reclamarán un reparto menos concentrado de una caja que será más chica y que no puede ampliarse con mayor presión fiscal, porque esa presión ya es muy pesada para la enorme mayoría.
Ha dedicado a los subsidios (una de las "columnas del capitalismo de amigos") más fondos que a la acción social. Ahora tendrá que recortarlos, y eso resentirá las amistadas adquiridas. La obra pública seguramente se seguirá desacelerando.
Sin viento de cola, sin recursos extraordinarios, con un deprimidísimo apoyo de la opinión pública, con su credibilidad limada por escándalos como los de la efedrina, los remedios falsificados y las valijas con dólares chavistas, el gobierno tiene –como acierta la señora de Kirchner- "una oportunidad": la de demostrar si lo que llama su "modelo" funciona cuando no cuenta con condiciones excepcionalmente favorables.
El "efecto jazz" es un fenómeno de enormes dimensiones; no ocurre "afuera", no hay tabiques que lo detengan, golpea en Wall Street, en Reikiavik, la capital de Islandia o en provincias argentinas, en muchas de las cuales hay ingresos per capita inferiores a los del Africa subsahariana.
La crisis es mucho más que un relato posmoderno. Es una realidad, donde mueren las palabras huecas.
El mundo es redondo como una naranja, nomás.
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Jorge Raventos
octubre 10, 2008
PERONISMO Y GLOBALIZACIÓN
Un simple recordatorio, en referencia a la crisis financiera internacional, de la falta de debate en el peronismo acerca del lugar de Argentina dentro de las finanzas mundiales. Hay que recordar que fue un peronista, Carlos Menem (junto a Domingo Cavallo) quien colocó a la Argentina en la avanzada del proceso de globalización y otro peronista, Eduardo Duhalde, quien la retiró de allí para colocarla en el más trasero de los patios del mundo, donde los Kirchner se han solazado en permanecer.
Como la actual crisis financiera no es otra cosa que una crisis de crecimiento en el proceso de globalización que precisa pasar de un centro de finanzas concentrado en una sola nación a un centro multinacional, sería bueno que aquellos que pretenden liderar hoy el peronismo se preocupen por este punto. Hoy, dentro del espacio amplio del peronismo, sólo se escucha la voz de Domingo Cavallo advirtiendo acerca de esto. Precisa la compañía de aquellos que tienen bien en claro que lo que se vive en el mundo no es una crisis del modo de producción capitalista global y tampoco el ocaso de los Estados Unidos, que también precisan compañía para poder sostener el enorme peso de la globalización y poder liderarla con eficiencia.
La Argentina del Perón universalista y la Argentina del Perón continentalista emergen como el claro modelo a seguir, adaptado a una época que él previó pero para la cual no dejó por escrito los detalles operativos ni el instrumental a utilizar a más de treinta años de su partida. ¿Quedan peronistas capaces de pensar las políticas adecuadas para asegurar la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo?
Como la actual crisis financiera no es otra cosa que una crisis de crecimiento en el proceso de globalización que precisa pasar de un centro de finanzas concentrado en una sola nación a un centro multinacional, sería bueno que aquellos que pretenden liderar hoy el peronismo se preocupen por este punto. Hoy, dentro del espacio amplio del peronismo, sólo se escucha la voz de Domingo Cavallo advirtiendo acerca de esto. Precisa la compañía de aquellos que tienen bien en claro que lo que se vive en el mundo no es una crisis del modo de producción capitalista global y tampoco el ocaso de los Estados Unidos, que también precisan compañía para poder sostener el enorme peso de la globalización y poder liderarla con eficiencia.
La Argentina del Perón universalista y la Argentina del Perón continentalista emergen como el claro modelo a seguir, adaptado a una época que él previó pero para la cual no dejó por escrito los detalles operativos ni el instrumental a utilizar a más de treinta años de su partida. ¿Quedan peronistas capaces de pensar las políticas adecuadas para asegurar la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo?
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Diana Ferraro
octubre 05, 2008
LA PINZA
Mientras la comunidad va pasando las diversas facturas a los Kirchner por sus sucesivas ineficiencias y evaluaciones infantiles de la realidad y mientras la justicia avanza sobre las diferentes causas que los envuelven, desde la ilegítima apropiación del PJ hasta los negociados a través de ministerios públicos pasando por las escandalosas relaciones económicas con Venezuela, tanto en títulos públicos como valijas, la pinza política que los extirpará para siempre del poder comienza a percibirse con claridad.
El principio del orden bipartidista, tantas veces definido en este foro, se ha expresado por fin en el anuncio de Elisa Carrió de confluir con su Coalición Cívica con el radicalismo y el socialismo. El espacio radical amplio y en vías de renovación queda así instalado frente a la opinión pública, facilitado para recoger la tradición radical y socialista redefinida como socialdemocracia, y para recrear su doctrina hacia el futuro. Lo que los que Kirchner pretendían hacer con su transversalismo y que no les salió.
Si la pinza en su lateral izquierdo se encuentra entonces ya lista para operar –nótese que la nueva coalición incluye al Vicepresidente Cobos- la pinza en su lateral derecho define también su forma por simetría. La formación difusa de lo que los medios llaman el peronismo disidente y este foro el peronismo a secas o justicialismo a futuro, sumado al Pro de Macri, aún confunde por lo turbio del proceso. La razón de esta suciedad reside principalmente en que los Kirchner se han refugiado en el espacio robado del PJ con la esperanza de no sucumbir, dispuestos incluso a pagar el desesperado precio de una tardía identificación con la derecha. El reguero de errores y de corrupción conspira, sin embargo, contra lo que pueden soñar como un rescate feliz de último minuto.
La construcción socialdemócrata opositora al PJ, que rechaza además una explícita asociación con el PRO de Macri, determina y apura el definitivo y perfecto temple de la pinza justiciera. Duhalde fue el primero en ver y festejar; siguen más. Los de la necesaria renovación por el lateral derecho. A ellos: ¡salud!
El principio del orden bipartidista, tantas veces definido en este foro, se ha expresado por fin en el anuncio de Elisa Carrió de confluir con su Coalición Cívica con el radicalismo y el socialismo. El espacio radical amplio y en vías de renovación queda así instalado frente a la opinión pública, facilitado para recoger la tradición radical y socialista redefinida como socialdemocracia, y para recrear su doctrina hacia el futuro. Lo que los que Kirchner pretendían hacer con su transversalismo y que no les salió.
Si la pinza en su lateral izquierdo se encuentra entonces ya lista para operar –nótese que la nueva coalición incluye al Vicepresidente Cobos- la pinza en su lateral derecho define también su forma por simetría. La formación difusa de lo que los medios llaman el peronismo disidente y este foro el peronismo a secas o justicialismo a futuro, sumado al Pro de Macri, aún confunde por lo turbio del proceso. La razón de esta suciedad reside principalmente en que los Kirchner se han refugiado en el espacio robado del PJ con la esperanza de no sucumbir, dispuestos incluso a pagar el desesperado precio de una tardía identificación con la derecha. El reguero de errores y de corrupción conspira, sin embargo, contra lo que pueden soñar como un rescate feliz de último minuto.
La construcción socialdemócrata opositora al PJ, que rechaza además una explícita asociación con el PRO de Macri, determina y apura el definitivo y perfecto temple de la pinza justiciera. Duhalde fue el primero en ver y festejar; siguen más. Los de la necesaria renovación por el lateral derecho. A ellos: ¡salud!
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Diana Ferraro
septiembre 28, 2008
Panorama político nacional de los últimos siete días
Plan B, síndrome F,debilidad K
por Jorge Raventos
Después de años de postergar un arreglo con el Club de Paris (Roberto Lavagna ha declarado que el plan era convenirlo en 2005, después del primer canje de deuda), después de infinitas (inclusive muy recientes) negativas a considerar legítimos los reclamos de los bonistas que no aceptaron aquel canje, muchos observadores estiman que, al anunciar negociaciones en ambos frentes, el gobierno de la familia Kirchner recorre ahora el camino de Canosa.
El emperador Enrique IV, se despojó de sus armas y sus ropajes lujosos, y se presentó ante los muros de Canosa como un humilde penitente a suplicar que se dejara sin efecto su excomunión; en cambio, la señora de Kirchner solicita el perdón de los mercados a los gritos, empleando el idioma de la arrogancia y tratando de ocultar detrás del maquillaje verbal y los modelos exclusivos la realidad de un giro que retrata, en rigor, la vulnerabilidad de su situación, y las consecuencias negativas de la política que sostuvo durante estos años.
En momentos en que el mundo financiaba con amplitud (y hasta con ligereza), cuando podían conseguirse fondos baratos de los organismos nacionales, el gobierno se aisló, decidió "vivir con lo nuestro", sostuvo el crecimiento artificialmente, impulsó la inflación y trató sin éxito de contenerla con regulaciones y gasificación estadística. Ese comportamiento alejó las inversiones (que favorecieron a otros países de lo región, en primer lugar Brasil), empujó la fuga de capitales y nos ubicó en el índex; lastrados por una pesada tasa de riesgo, pocos estaban dispuestos a ofrecer financiamiento y los que lo hacían (seducidos por su propio negocio de enriquecerse con los mecanismos del doble mercado de divisas, caso del chavismo venezolano) no dejaban de aplicarnos las correspondientes sobretasas. Así, el financiamiento llegó a costar más de tres veces lo que hubiera requerido apelar al mal afamado Fondo Monetario Internacional.
Con fuertes vencimientos en los próximos dos años, el gobierno necesita fonos frescos, especialmente tras su fracaso en agrandar la caja con el sistema de retenciones móviles: ese mecanismo confiscatorio fue detenido por la lucha de los agrarios y la consiguiente negativa del Senado a convalidar la resolución 125. Así, quedó abierto el camino de Canosa. No sólo en el sentido de que el gobierno debe negociar con quienes no quería, sino que tiene que moderar o sofrenar el gasto y contemplar con inconfesada satisfacción cómo el enfriamiento espontáneo de la economía acota un poco la trepada de la inflación.
Por cierto, el oficialismo se niega a admitir su cambio obligado de orientación. En un desayuno público de la última semana, el ex jefe de gabinete, Alberto Fernández, rechazó el término "ortodoxia económica" para definir el sentido de los últimos pasos dados por el gobierno. "No hablaría de ortodoxia –dijo-; se trata simplemente de medidas racionales". Quizás no reparó en que la palabra que él prefería sonaba más ácida que la otra, pues insinuaba que en años, meses y semanas anteriores se habían elegido opciones "irracionales"; y ya se sabe que no es bueno mentar la soga en casa del ahorcado.
El relato del oficialismo no incluye la idea de "retroceso", procura describir sus pasos atrás en términos de fortaleza propia, trata de explicar algunos de ellos en el contexto de la crisis financiera internacional y, además, sobreactúa su papel negando que esté aplicando un Plan B. "Son ustedes los que necesitan un Plan B", les disparó con incontinencia, a empresarios y diplomáticos de Estados Unidos, un país que, pese a las monumentales dificultades financieras que atraviesa, sigue generando confianza y atrayendo ahorros de todo el mundo, en busca de la seguridad que consideran ofrecen los bonos del Tesoro americanos.
Así como es difícil resolver el dilema de la inflación si previamente se lo diluye en la mentira estadística, no es posible generar confianza (y esto tiene que ver con la política) si el relato que recita el poder tergiversa abiertamente la realidad. No es saludable llamar fortaleza a la debilidad. Mucho menos saludable aún es creerse las piadosas mentiras que se emplean como coartada.
El historiador Claudio Chaves ha hablado en estos días, al comentar el viraje oficialista, que quizás nos encontremos ante lo que él llama (salvando las notables distancias) "el síndrome Frondizi". Chaves se refiere a las dificultades que atravesó el presidente desarrollista, a quien la debilidad y las tensiones llevaron a practicar múltiples virajes políticos (de izquierda a derecha; de negociaciones con el peronismo a tratativas con el antiperonismo) y a cambiar radicalmente desde el gobierno su propuesta electoral en temas energéticos y educativos, hasta sufrir sangrías en todas las direcciones y perder finalmente las condiciones mínimas de gobernabilidad.
El gobierno había ya virado en aspectos políticos. Sus primeras formulaciones, tan pronto alcanzó el gobierno, lo mostraban alejado del peronismo y alzando la propuesta de "la transversalidad" una construcción política basada en la opinión pública de centroizquierda y alejada de lo que entonces era ominosamente pintado desde el poder como "el aparato pejotista". La opinión pública se divorció del gobierno y el kirchnerismo pasó a depender cada vez más del apoyo de aquel "aparato" que vituperaba. Para desolación de las corrientes de centroizquierda que se sintieron atraídas por la oferta K, ese viraje las dejó al margen, mascullando un sentimiento de amantes despechadas.
El viraje económico actual tal vez refuerce una fuga por el centroizquierda, que puede quizás ser capitalizada por otros sectores, desde el socialismo hasta la corriente que orienta Fernando Solanas. Pero a esa fuga se agrega la que ha comenzado a experimentar el oficialismo en las líneas del peronismo disidente, una sangría que se abrió claramente con la rebelión agraria y de la Argentina anterior, que se ensanchó con el debilitamiento del gobierno y la pérdida de sus instrumentos principales de disciplinamiento. Hoy la CGT de Moyano impulsa la revisión del asesinato de José Rucci, los gremios reclaman aumentos que evidencian su incredulidad sobre la inflación que informa el Estado, los bloques oficialistas en el Congreso se han vuelto difíciles de arrear y cada vez hay más gobernadores que anuncian sus aspiraciones presidenciales, lo que es sinónimo de decir adiós al proyecto K. La disidencia quizás se profundice con algunos efectos del giro a la ortodoxia económica, que seguramente determinará un mayor encogimiento de los fondos que llegan a provincias y municipios. De hecho, ya en la actualidad el gobierno no cumple en materia de coparticipación con el piso de la distribución legal de recursos (33 por ciento), sólo gira un 24 por ciento. Además está restringiéndose la obra pública.
Obligado por su debilidad a revisar parte de sus instrumentos y sus políticas, el gobierno paga un doble precio: por lo que los acontecimientos lo fuerzan a hacer y, al mismo tiempo, por no lograr los réditos que espera de ese cambio, en su empeño en disimular los hechos (es decir, su empeño en simular consecuencia y, sobre todo, su imposibilidad de remover la fuentes real de la desconfianza política: el manejo de Néstor Kirchner y de los hombres que él sostiene, llámense Guillermo Moreno, Jaime o De Vido).
La gobernabilidad reclama más que maquillaje.
por Jorge Raventos
Después de años de postergar un arreglo con el Club de Paris (Roberto Lavagna ha declarado que el plan era convenirlo en 2005, después del primer canje de deuda), después de infinitas (inclusive muy recientes) negativas a considerar legítimos los reclamos de los bonistas que no aceptaron aquel canje, muchos observadores estiman que, al anunciar negociaciones en ambos frentes, el gobierno de la familia Kirchner recorre ahora el camino de Canosa.
El emperador Enrique IV, se despojó de sus armas y sus ropajes lujosos, y se presentó ante los muros de Canosa como un humilde penitente a suplicar que se dejara sin efecto su excomunión; en cambio, la señora de Kirchner solicita el perdón de los mercados a los gritos, empleando el idioma de la arrogancia y tratando de ocultar detrás del maquillaje verbal y los modelos exclusivos la realidad de un giro que retrata, en rigor, la vulnerabilidad de su situación, y las consecuencias negativas de la política que sostuvo durante estos años.
En momentos en que el mundo financiaba con amplitud (y hasta con ligereza), cuando podían conseguirse fondos baratos de los organismos nacionales, el gobierno se aisló, decidió "vivir con lo nuestro", sostuvo el crecimiento artificialmente, impulsó la inflación y trató sin éxito de contenerla con regulaciones y gasificación estadística. Ese comportamiento alejó las inversiones (que favorecieron a otros países de lo región, en primer lugar Brasil), empujó la fuga de capitales y nos ubicó en el índex; lastrados por una pesada tasa de riesgo, pocos estaban dispuestos a ofrecer financiamiento y los que lo hacían (seducidos por su propio negocio de enriquecerse con los mecanismos del doble mercado de divisas, caso del chavismo venezolano) no dejaban de aplicarnos las correspondientes sobretasas. Así, el financiamiento llegó a costar más de tres veces lo que hubiera requerido apelar al mal afamado Fondo Monetario Internacional.
Con fuertes vencimientos en los próximos dos años, el gobierno necesita fonos frescos, especialmente tras su fracaso en agrandar la caja con el sistema de retenciones móviles: ese mecanismo confiscatorio fue detenido por la lucha de los agrarios y la consiguiente negativa del Senado a convalidar la resolución 125. Así, quedó abierto el camino de Canosa. No sólo en el sentido de que el gobierno debe negociar con quienes no quería, sino que tiene que moderar o sofrenar el gasto y contemplar con inconfesada satisfacción cómo el enfriamiento espontáneo de la economía acota un poco la trepada de la inflación.
Por cierto, el oficialismo se niega a admitir su cambio obligado de orientación. En un desayuno público de la última semana, el ex jefe de gabinete, Alberto Fernández, rechazó el término "ortodoxia económica" para definir el sentido de los últimos pasos dados por el gobierno. "No hablaría de ortodoxia –dijo-; se trata simplemente de medidas racionales". Quizás no reparó en que la palabra que él prefería sonaba más ácida que la otra, pues insinuaba que en años, meses y semanas anteriores se habían elegido opciones "irracionales"; y ya se sabe que no es bueno mentar la soga en casa del ahorcado.
El relato del oficialismo no incluye la idea de "retroceso", procura describir sus pasos atrás en términos de fortaleza propia, trata de explicar algunos de ellos en el contexto de la crisis financiera internacional y, además, sobreactúa su papel negando que esté aplicando un Plan B. "Son ustedes los que necesitan un Plan B", les disparó con incontinencia, a empresarios y diplomáticos de Estados Unidos, un país que, pese a las monumentales dificultades financieras que atraviesa, sigue generando confianza y atrayendo ahorros de todo el mundo, en busca de la seguridad que consideran ofrecen los bonos del Tesoro americanos.
Así como es difícil resolver el dilema de la inflación si previamente se lo diluye en la mentira estadística, no es posible generar confianza (y esto tiene que ver con la política) si el relato que recita el poder tergiversa abiertamente la realidad. No es saludable llamar fortaleza a la debilidad. Mucho menos saludable aún es creerse las piadosas mentiras que se emplean como coartada.
El historiador Claudio Chaves ha hablado en estos días, al comentar el viraje oficialista, que quizás nos encontremos ante lo que él llama (salvando las notables distancias) "el síndrome Frondizi". Chaves se refiere a las dificultades que atravesó el presidente desarrollista, a quien la debilidad y las tensiones llevaron a practicar múltiples virajes políticos (de izquierda a derecha; de negociaciones con el peronismo a tratativas con el antiperonismo) y a cambiar radicalmente desde el gobierno su propuesta electoral en temas energéticos y educativos, hasta sufrir sangrías en todas las direcciones y perder finalmente las condiciones mínimas de gobernabilidad.
El gobierno había ya virado en aspectos políticos. Sus primeras formulaciones, tan pronto alcanzó el gobierno, lo mostraban alejado del peronismo y alzando la propuesta de "la transversalidad" una construcción política basada en la opinión pública de centroizquierda y alejada de lo que entonces era ominosamente pintado desde el poder como "el aparato pejotista". La opinión pública se divorció del gobierno y el kirchnerismo pasó a depender cada vez más del apoyo de aquel "aparato" que vituperaba. Para desolación de las corrientes de centroizquierda que se sintieron atraídas por la oferta K, ese viraje las dejó al margen, mascullando un sentimiento de amantes despechadas.
El viraje económico actual tal vez refuerce una fuga por el centroizquierda, que puede quizás ser capitalizada por otros sectores, desde el socialismo hasta la corriente que orienta Fernando Solanas. Pero a esa fuga se agrega la que ha comenzado a experimentar el oficialismo en las líneas del peronismo disidente, una sangría que se abrió claramente con la rebelión agraria y de la Argentina anterior, que se ensanchó con el debilitamiento del gobierno y la pérdida de sus instrumentos principales de disciplinamiento. Hoy la CGT de Moyano impulsa la revisión del asesinato de José Rucci, los gremios reclaman aumentos que evidencian su incredulidad sobre la inflación que informa el Estado, los bloques oficialistas en el Congreso se han vuelto difíciles de arrear y cada vez hay más gobernadores que anuncian sus aspiraciones presidenciales, lo que es sinónimo de decir adiós al proyecto K. La disidencia quizás se profundice con algunos efectos del giro a la ortodoxia económica, que seguramente determinará un mayor encogimiento de los fondos que llegan a provincias y municipios. De hecho, ya en la actualidad el gobierno no cumple en materia de coparticipación con el piso de la distribución legal de recursos (33 por ciento), sólo gira un 24 por ciento. Además está restringiéndose la obra pública.
Obligado por su debilidad a revisar parte de sus instrumentos y sus políticas, el gobierno paga un doble precio: por lo que los acontecimientos lo fuerzan a hacer y, al mismo tiempo, por no lograr los réditos que espera de ese cambio, en su empeño en disimular los hechos (es decir, su empeño en simular consecuencia y, sobre todo, su imposibilidad de remover la fuentes real de la desconfianza política: el manejo de Néstor Kirchner y de los hombres que él sostiene, llámense Guillermo Moreno, Jaime o De Vido).
La gobernabilidad reclama más que maquillaje.
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Jorge Raventos
septiembre 25, 2008
EL SINDROME FRONDIZI
por Claudio Chaves
A poco de asumir la Presidencia, Frondizi invitó a cenar a Olivos a Don Arturo Jauretche. El hombre de Lincoln había trabajado fuerte para el triunfo electoral de la UCRI con el sólo afán de derrotar al candidato de la Revolución Libertadora, Balbín. ¡Y vaya si lo había logrado! No obstante el éxito, el hombre del habano comenzaba a mirar torvo a los vencedores.
La cena procuraba acercar a Don Arturo con Frigerio. Todo inútil. Jauretche no aceptó el convite, recelaba de Rogelio. No tenía sentido la charla. De todos modos el ágape se realizó con el Presidente y su familia. Jauretche lo relata del siguiente modo:
“En el momento de las ensaladas le pregunté al doctor Frondizi si las 500 páginas de Política y Petróleo las iba a comer con aceite y vinagre, con un no muy delicado rasgo de humor negro que solo puedo justificar en la honda pesadumbre patriótica que sentía y en el triste fin que le preveía al dueño de casa.” (Jauretche, Arturo: Mano a mano entre nosotros. A Peña Lillo editor. Bs. As. 1983. Pág. 75)
Luego vinieron la Ley de enseñanza libre, los contratos petroleros, las inversiones extranjeras, la devaluación, la intervención del Lisandro de la Torre, Alsogaray, el plan Conintes, matizado como corresponde con un discurso progre, donde no faltaba su amistad con Fidel, el Che y su absurda intermediación entre EE.UU. y Cuba.
No pudo evitar la huida del grupo Alem: intelectuales de izquierda que comenzaban a perder la inocencia. Así se marcharon Ismael Viñas, Babini, Noe Jitrik, Ricardo Rojo, entre otros. ¡Una enorme desilusión!
El frodizismo mostraba su rostro de ecuanimidad.
Y como decía Jauretche así le fue.
El mundo de aquellos años era favorable a los ideales de izquierda. La URSS enviaba satélites espaciales y una perra al espacio. Yuri Gagarín orbitaba. La experiencia Sputnik era exitosa, Castro triunfaba frente a las costas norteamericanas, Argelia se rebelaba y Vietnam marchaba en esa dirección. No obstante esos vientos favorables, Frondizi los embromó. Su discurso progre fue para sumar giles. Sin embargo las mentiras se pagan. Se quedó sin los amigos y jamás sumó a los otros.
Hoy cincuenta años después, con el comunismo desaparecido, la URSS pulverizada, y el capitalismo triunfante por todo el orbe, a pesar de la crisis o por ella, hay quienes siguen creyendo en las utopías de la salvación por todos, la igualdad impuesta a golpes de efecto y el estatismo como dogma subyugante. Para ellos: el Socialismo del siglo XXI se ofrece como la gran alternativa.
Francamente una formidable impostura. ¡Una extraordinaria simulación!
El Gobierno (de Kirchner, primero y el de su mujer, ahora) no ambicionan tanto. Coquetean, sí, con el absurdo de un progresismo nacional y popular, y durante todos estos años engrupieron a los giles que se dejaron seducir por el largo dolor de la orfandad. La necesidad imperiosa de la compañía comprada.
Lucieron como políticos progre a tono con las demandas de una izquierda retrógrada y de un nacionalismo anacrónico. Le insuflaron energías, les hicieron creer que no todo estaba perdido. Se ofrecieron como Mesías salvadores de la utopía irredenta. ¡Y les creyeron!
Hoy la Presidenta agacha la cabeza. No los puede mirar de frente. Sabe que los defrauda. ¿Pero que puede hacer? La realidad se impone dolorosamente.
En sus nueve meses de gobierno produjo un viraje impensado. Retrocede en todos los frentes. Paga a todos y por demás, FMI, Club de París, los fondos buitres, a pesar de que el Parlamento en su momento cerró la discusión. Sube las tarifas, impide la rediscusión de los salarios, enfría el dólar, habla de los males del proteccionismo, contiene las jubilaciones, reduce los subsidios, da conferencias de prensa, sonríe, se comporta como una mujer tierna y sensible. ¿Qué más? ¡Solo le falta ir a misa e hincarse a rezar!
De a poco va perdiendo a sus amigos y no gana nuevos.
El campo cambió la historia y los mohines de fémina fatal no le alcanzan para ganar la confianza y la simpatía de los chacareros.
¿Qué queda entonces?
Sencillamente el matrimonio tendrá como mérito haber conducido a la izquierda y al progresismo a un callejón sin salida o lo que es peor a bañarse en las tibias aguas de los 90’.
Como decía Jauretche que triste el fin que les espera.
Al peronismo le cabe en esta hora la responsabilidad de entender cual es su rol, cual su ubicación en el tablero de la política mundial y argentina.
¿Redobla la apuesta por izquierda? ¿Refuerza el perfil progresista? ¿Critica el viraje cristinista desde posiciones de peronismo viejo? O acepta, sin culpas, las nuevas verdades que a golpes de realidad sacuden al gobierno. Este es el debate que el peronismo debe darse. Urge hacerlo de no ocurrir la próxima presidencia tendrá otro signo.
A poco de asumir la Presidencia, Frondizi invitó a cenar a Olivos a Don Arturo Jauretche. El hombre de Lincoln había trabajado fuerte para el triunfo electoral de la UCRI con el sólo afán de derrotar al candidato de la Revolución Libertadora, Balbín. ¡Y vaya si lo había logrado! No obstante el éxito, el hombre del habano comenzaba a mirar torvo a los vencedores.
La cena procuraba acercar a Don Arturo con Frigerio. Todo inútil. Jauretche no aceptó el convite, recelaba de Rogelio. No tenía sentido la charla. De todos modos el ágape se realizó con el Presidente y su familia. Jauretche lo relata del siguiente modo:
“En el momento de las ensaladas le pregunté al doctor Frondizi si las 500 páginas de Política y Petróleo las iba a comer con aceite y vinagre, con un no muy delicado rasgo de humor negro que solo puedo justificar en la honda pesadumbre patriótica que sentía y en el triste fin que le preveía al dueño de casa.” (Jauretche, Arturo: Mano a mano entre nosotros. A Peña Lillo editor. Bs. As. 1983. Pág. 75)
Luego vinieron la Ley de enseñanza libre, los contratos petroleros, las inversiones extranjeras, la devaluación, la intervención del Lisandro de la Torre, Alsogaray, el plan Conintes, matizado como corresponde con un discurso progre, donde no faltaba su amistad con Fidel, el Che y su absurda intermediación entre EE.UU. y Cuba.
No pudo evitar la huida del grupo Alem: intelectuales de izquierda que comenzaban a perder la inocencia. Así se marcharon Ismael Viñas, Babini, Noe Jitrik, Ricardo Rojo, entre otros. ¡Una enorme desilusión!
El frodizismo mostraba su rostro de ecuanimidad.
Y como decía Jauretche así le fue.
El mundo de aquellos años era favorable a los ideales de izquierda. La URSS enviaba satélites espaciales y una perra al espacio. Yuri Gagarín orbitaba. La experiencia Sputnik era exitosa, Castro triunfaba frente a las costas norteamericanas, Argelia se rebelaba y Vietnam marchaba en esa dirección. No obstante esos vientos favorables, Frondizi los embromó. Su discurso progre fue para sumar giles. Sin embargo las mentiras se pagan. Se quedó sin los amigos y jamás sumó a los otros.
Hoy cincuenta años después, con el comunismo desaparecido, la URSS pulverizada, y el capitalismo triunfante por todo el orbe, a pesar de la crisis o por ella, hay quienes siguen creyendo en las utopías de la salvación por todos, la igualdad impuesta a golpes de efecto y el estatismo como dogma subyugante. Para ellos: el Socialismo del siglo XXI se ofrece como la gran alternativa.
Francamente una formidable impostura. ¡Una extraordinaria simulación!
El Gobierno (de Kirchner, primero y el de su mujer, ahora) no ambicionan tanto. Coquetean, sí, con el absurdo de un progresismo nacional y popular, y durante todos estos años engrupieron a los giles que se dejaron seducir por el largo dolor de la orfandad. La necesidad imperiosa de la compañía comprada.
Lucieron como políticos progre a tono con las demandas de una izquierda retrógrada y de un nacionalismo anacrónico. Le insuflaron energías, les hicieron creer que no todo estaba perdido. Se ofrecieron como Mesías salvadores de la utopía irredenta. ¡Y les creyeron!
Hoy la Presidenta agacha la cabeza. No los puede mirar de frente. Sabe que los defrauda. ¿Pero que puede hacer? La realidad se impone dolorosamente.
En sus nueve meses de gobierno produjo un viraje impensado. Retrocede en todos los frentes. Paga a todos y por demás, FMI, Club de París, los fondos buitres, a pesar de que el Parlamento en su momento cerró la discusión. Sube las tarifas, impide la rediscusión de los salarios, enfría el dólar, habla de los males del proteccionismo, contiene las jubilaciones, reduce los subsidios, da conferencias de prensa, sonríe, se comporta como una mujer tierna y sensible. ¿Qué más? ¡Solo le falta ir a misa e hincarse a rezar!
De a poco va perdiendo a sus amigos y no gana nuevos.
El campo cambió la historia y los mohines de fémina fatal no le alcanzan para ganar la confianza y la simpatía de los chacareros.
¿Qué queda entonces?
Sencillamente el matrimonio tendrá como mérito haber conducido a la izquierda y al progresismo a un callejón sin salida o lo que es peor a bañarse en las tibias aguas de los 90’.
Como decía Jauretche que triste el fin que les espera.
Al peronismo le cabe en esta hora la responsabilidad de entender cual es su rol, cual su ubicación en el tablero de la política mundial y argentina.
¿Redobla la apuesta por izquierda? ¿Refuerza el perfil progresista? ¿Critica el viraje cristinista desde posiciones de peronismo viejo? O acepta, sin culpas, las nuevas verdades que a golpes de realidad sacuden al gobierno. Este es el debate que el peronismo debe darse. Urge hacerlo de no ocurrir la próxima presidencia tendrá otro signo.
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Claudio Chaves
septiembre 21, 2008
RUCCI
El próximo jueves 25 se cumplen 35 años del asesinato de José Rucci. Esa tarde, a las 17, en la Catedral Metropolitana se rezará una misa en su homenaje, mientras distintos sectores –en particular, del movimiento obrero- reclaman que el hecho sea investigado y caracterizado como crimen de lesa humanidad.
A continuación, un artículo de Jorge Raventos publicado en febrero del 2007 en Ambito Financiero, que cobra actualidad con el reciente libro de Ceferino Reato y las declaraciones que exigen la imprescriptibilidad de aquel crimen. En aquella nota, el autor enumeró varios motivos complementarios para adoptar ese criterio.
El asesinato de José Rucci y los crímenes de la guerrilla
De lesa humanidad
por Jorge Raventos
Después de haber evidenciado honda satisfacción por los procedimientos judiciales que involucraron a María Estela Martínez de Perón en las acciones de la Triple A durante la década del 70, y tras alentarlos a través de declaraciones públicas y gestiones oficiosas, el gobierno del doctor Néstor Kirchner eligió hacer un discreto mutis por el foro al advertir la reacción negativa que se estaba gestando en el seno del peronismo profundo, sintetizada en ásperos carteles fijados por las 62 Organizaciones: «No jodan con Perón».
Pocos ignoran que buena parte de la llamada «izquierda peronista» que en los años 70 militó en la organización Montoneros o en sus grupos de superficie está íntimamente convencida de que fue Juan Domingo Perón el que gatilló la acción directa antiguerrillera que se resumió principalmente en la Triple A. Basta leer a escritores de culto de ese sector (como el diputado nacional Miguel Bonasso, a la sazón, autor favorito del Presidente) para comprender que las acusaciones contra la viuda del General o contra el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, son máscaras transparentes que no alcanzan a ocultar (ni se esfuerzan en hacerlo) la denuncia al propio Perón, responsable para ellos, en realidad, de haber interrumpido lo que consideraban (con sólidos motivos) su propio gobierno: el que encabezaba el doctor Héctor J. Cámpora, surgido de la proscripción del creador del peronismo.
Las acciones judiciales contra la señora María Estela Martínez y contra algunos de sus ministros de hace más de tres décadas, como Carlos Ruckauf o Antonio Cafiero, se basan en el concepto de que los llamados crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles, tal como esa idea ha sido interpretada por la actual Corte Suprema, que ha definido como tales sólo a aquellos cometidos con participación del Estado. Suele afirmarse que, por ese motivo, la Justicia está obligada a revisar la acción del gobierno militar del Proceso o, inclusive, aquella producida por una organización antiguerrillera como la Triple A, pero debe considerar en otro plano los crímenes cometidos por el terror guerrillero, so pena de incurrir en la oficialmente condenada «teoría de los dos demonios».
Esa mirada sobre el pasado que culpabiliza los crímenes de unos y absuelve los de la otra parte puede ser discutida hoy con una suma de argumentos.
El jurista argentino Luis Moreno Ocampo, primer fiscal de la Corte Penal Internacional (y, en los 80, fiscal del juicio a las juntas militares del Proceso), rebatió el criterio de considerar crímenes de lesa humanidad sólo a los actos inhumanos contra la población civil cometidos con participación del Estado. Moreno señaló que todos los ataques de ese carácter, sin excluir los realizados por grupos no gubernamentales, entran en la categoría. «En la Argentina hubo diferentes grupos que cometieron crímenes de lesa humanidad», resumió el fiscal.
Con todo, aún si se admite como correcto el criterio restrictivo de la Corte y sólo se consideran imprescriptiblemente imputables las acciones criminales vinculadas a gobiernos, lo que habría que discutir es el carácter de «grupos no gubernamentales» que suele asignarse a las guerrillas que actuaron en la Argentina en la década del 70. De hecho, Montoneros participó activamente en el gobierno nacional ejercido por el doctor Cámpora, ocupando con hombres propios o con compañeros de ruta sobre quienes ejercían influencia decisiva cargos de extrema responsabilidad, tanto en el gabinete como en la estructura político-administrativa del Estado. Un dato más puede incorporarse a este cuadro: muchos actores de la política de los años setenta recuerdan que, en las negociaciones anteriores y posteriores a la elección del doctor Cámpora, destinadas a la conformación de los elencos gubernamentales en Nación y provincias, las «orgas» de la izquierda peronista reclamaban centralmente el manejo de las fuerzas policiales, lo que obtuvieron en muchos casos. La renuncia del doctor Cámpora a la Presidencia ni eliminó de inmediato toda su inserción en el gobierno nacional ni suspendió la que mantuvieron desde el primer momento en gobiernos de importantes provincias argentinas (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Cruz, por ejemplo), de donde sólo fueron desalojados paulatinamente, tras la primera reacción impulsada por el general Perón al echarlos de la Plaza.
Dato despreciado
De hecho, cuando se evocan episodios de extrema tensión y violencia como los ocurridos en Ezeiza al producirse el retorno del general Perón, suele despreciarse el dato de que esto ocurrió durante el gobierno del doctor Cámpora, con las organizaciones montoneras y sus aliados ocupando fragmentos importantes del poder. Los choques ocurridos en las proximidades del aeropuerto en esa ocasión enfrentaron a dos sectores gubernamentales, no a un grupo estatal o paraestatal y a otro de partisanos irregulares. Entre algunos protagonistas de la violencia de los 70 se sostenía, por otra parte, que en el asesinato de José Ignacio Rucci se habían utilizado armas proporcionadas por el Estado bonaerense al grupo que ejecutó al líder gremial más próximo a Juan Domingo Perón.
Existe aun una tercera argumentación que abona la imprescriptibilidad de las acciones terroristas de los años 70. Ese razonamiento se apoya en el vínculo entre las organizaciones guerrilleras y un gobierno... aunque no se tratara ya del gobierno argentino, sino del cubano. Hay decenas de testimonios que muestran la relación íntima que existía entre las sedicentes organizaciones revolucionarias argentinas y la inteligencia del Estado castrista. Algunas de esas organizaciones argentinas fueron, de hecho, fundadas para brindar apoyo logístico a la frustrada guerrilla iniciada por Ernesto Guevara en Bolivia. El propio Che lo menciona en su diario de campaña y ofrece inclusive algunos nombres de apoyos argentinos que, aunque comprometidos, no llegaron al Altiplano.
En esta interpretación, los crímenes cometidos por el terrorismo de izquierda de los años 70 serían imprescriptibles por haber sido acciones inspiradas y alentadas desde un gobierno, en este caso, de un Estado distinto del de las organizaciones operativas. Una mirada parecida es la que probablemente inspiró al fiscal Alberto Nisman cuando analizó las responsabilidades sobre el atentado contra la sede de AMIA, en el que se imputa a un grupo armado libanés -Hizbollah-como instrumento del Estado iraní, cuyos funcionarios son igualmente responsabilizados por el crimen.
Por estos meandros jurídico-políticos se internará, sin duda, el debate que inició el gobierno con su actitud revisionista sobre la violencia de los años setenta. Si las sociedades deben procesar sus conflictos más graves, no de acuerdo al talante y la voluntad política de sus ciudadanos y su dirigencia, sino de acuerdo con los libros y con la decisión de una Justicia de ojos vendados, entonces los criterios de imprescriptibilidad deberán aplicarse con la mayor objetividad. La Justicia deberá ser ciega. No tuerta.
A continuación, un artículo de Jorge Raventos publicado en febrero del 2007 en Ambito Financiero, que cobra actualidad con el reciente libro de Ceferino Reato y las declaraciones que exigen la imprescriptibilidad de aquel crimen. En aquella nota, el autor enumeró varios motivos complementarios para adoptar ese criterio.
El asesinato de José Rucci y los crímenes de la guerrilla
De lesa humanidad
por Jorge Raventos
Después de haber evidenciado honda satisfacción por los procedimientos judiciales que involucraron a María Estela Martínez de Perón en las acciones de la Triple A durante la década del 70, y tras alentarlos a través de declaraciones públicas y gestiones oficiosas, el gobierno del doctor Néstor Kirchner eligió hacer un discreto mutis por el foro al advertir la reacción negativa que se estaba gestando en el seno del peronismo profundo, sintetizada en ásperos carteles fijados por las 62 Organizaciones: «No jodan con Perón».
Pocos ignoran que buena parte de la llamada «izquierda peronista» que en los años 70 militó en la organización Montoneros o en sus grupos de superficie está íntimamente convencida de que fue Juan Domingo Perón el que gatilló la acción directa antiguerrillera que se resumió principalmente en la Triple A. Basta leer a escritores de culto de ese sector (como el diputado nacional Miguel Bonasso, a la sazón, autor favorito del Presidente) para comprender que las acusaciones contra la viuda del General o contra el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, son máscaras transparentes que no alcanzan a ocultar (ni se esfuerzan en hacerlo) la denuncia al propio Perón, responsable para ellos, en realidad, de haber interrumpido lo que consideraban (con sólidos motivos) su propio gobierno: el que encabezaba el doctor Héctor J. Cámpora, surgido de la proscripción del creador del peronismo.
Las acciones judiciales contra la señora María Estela Martínez y contra algunos de sus ministros de hace más de tres décadas, como Carlos Ruckauf o Antonio Cafiero, se basan en el concepto de que los llamados crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles, tal como esa idea ha sido interpretada por la actual Corte Suprema, que ha definido como tales sólo a aquellos cometidos con participación del Estado. Suele afirmarse que, por ese motivo, la Justicia está obligada a revisar la acción del gobierno militar del Proceso o, inclusive, aquella producida por una organización antiguerrillera como la Triple A, pero debe considerar en otro plano los crímenes cometidos por el terror guerrillero, so pena de incurrir en la oficialmente condenada «teoría de los dos demonios».
Esa mirada sobre el pasado que culpabiliza los crímenes de unos y absuelve los de la otra parte puede ser discutida hoy con una suma de argumentos.
El jurista argentino Luis Moreno Ocampo, primer fiscal de la Corte Penal Internacional (y, en los 80, fiscal del juicio a las juntas militares del Proceso), rebatió el criterio de considerar crímenes de lesa humanidad sólo a los actos inhumanos contra la población civil cometidos con participación del Estado. Moreno señaló que todos los ataques de ese carácter, sin excluir los realizados por grupos no gubernamentales, entran en la categoría. «En la Argentina hubo diferentes grupos que cometieron crímenes de lesa humanidad», resumió el fiscal.
Con todo, aún si se admite como correcto el criterio restrictivo de la Corte y sólo se consideran imprescriptiblemente imputables las acciones criminales vinculadas a gobiernos, lo que habría que discutir es el carácter de «grupos no gubernamentales» que suele asignarse a las guerrillas que actuaron en la Argentina en la década del 70. De hecho, Montoneros participó activamente en el gobierno nacional ejercido por el doctor Cámpora, ocupando con hombres propios o con compañeros de ruta sobre quienes ejercían influencia decisiva cargos de extrema responsabilidad, tanto en el gabinete como en la estructura político-administrativa del Estado. Un dato más puede incorporarse a este cuadro: muchos actores de la política de los años setenta recuerdan que, en las negociaciones anteriores y posteriores a la elección del doctor Cámpora, destinadas a la conformación de los elencos gubernamentales en Nación y provincias, las «orgas» de la izquierda peronista reclamaban centralmente el manejo de las fuerzas policiales, lo que obtuvieron en muchos casos. La renuncia del doctor Cámpora a la Presidencia ni eliminó de inmediato toda su inserción en el gobierno nacional ni suspendió la que mantuvieron desde el primer momento en gobiernos de importantes provincias argentinas (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Cruz, por ejemplo), de donde sólo fueron desalojados paulatinamente, tras la primera reacción impulsada por el general Perón al echarlos de la Plaza.
Dato despreciado
De hecho, cuando se evocan episodios de extrema tensión y violencia como los ocurridos en Ezeiza al producirse el retorno del general Perón, suele despreciarse el dato de que esto ocurrió durante el gobierno del doctor Cámpora, con las organizaciones montoneras y sus aliados ocupando fragmentos importantes del poder. Los choques ocurridos en las proximidades del aeropuerto en esa ocasión enfrentaron a dos sectores gubernamentales, no a un grupo estatal o paraestatal y a otro de partisanos irregulares. Entre algunos protagonistas de la violencia de los 70 se sostenía, por otra parte, que en el asesinato de José Ignacio Rucci se habían utilizado armas proporcionadas por el Estado bonaerense al grupo que ejecutó al líder gremial más próximo a Juan Domingo Perón.
Existe aun una tercera argumentación que abona la imprescriptibilidad de las acciones terroristas de los años 70. Ese razonamiento se apoya en el vínculo entre las organizaciones guerrilleras y un gobierno... aunque no se tratara ya del gobierno argentino, sino del cubano. Hay decenas de testimonios que muestran la relación íntima que existía entre las sedicentes organizaciones revolucionarias argentinas y la inteligencia del Estado castrista. Algunas de esas organizaciones argentinas fueron, de hecho, fundadas para brindar apoyo logístico a la frustrada guerrilla iniciada por Ernesto Guevara en Bolivia. El propio Che lo menciona en su diario de campaña y ofrece inclusive algunos nombres de apoyos argentinos que, aunque comprometidos, no llegaron al Altiplano.
En esta interpretación, los crímenes cometidos por el terrorismo de izquierda de los años 70 serían imprescriptibles por haber sido acciones inspiradas y alentadas desde un gobierno, en este caso, de un Estado distinto del de las organizaciones operativas. Una mirada parecida es la que probablemente inspiró al fiscal Alberto Nisman cuando analizó las responsabilidades sobre el atentado contra la sede de AMIA, en el que se imputa a un grupo armado libanés -Hizbollah-como instrumento del Estado iraní, cuyos funcionarios son igualmente responsabilizados por el crimen.
Por estos meandros jurídico-políticos se internará, sin duda, el debate que inició el gobierno con su actitud revisionista sobre la violencia de los años setenta. Si las sociedades deben procesar sus conflictos más graves, no de acuerdo al talante y la voluntad política de sus ciudadanos y su dirigencia, sino de acuerdo con los libros y con la decisión de una Justicia de ojos vendados, entonces los criterios de imprescriptibilidad deberán aplicarse con la mayor objetividad. La Justicia deberá ser ciega. No tuerta.
septiembre 20, 2008
Panorama político nacional de los últimos siete días
BURBUJAS
por Jorge Raventos
Según la señora Cristina de Kirchner, huésped principal de la Casa Rosada, "el primer mundo se derrumba como una burbuja". La dama no se luce con las metáforas: esta es tan imperfecta en su búsqueda del lugar común como decir que "el capitalismo estalla cual castillo de naipes". Lo interesante de la profecía (o la ilusión) de la presidente es menos su calidad literaria que lo que revela de su pensamiento. Ese regodeo en desgracias que considera ajenas (y que sitúa restrictivamente en Estados Unidos) tiene un aire de familia con aquellas expresiones de gozo de la señora Hebe de Bonafini en relación con el derrumbe de las Torres Gemelas.
Las fantasías ideológicas pueden abrumar las mentes más aún que la humilde ignorancia. Sólo desde esas nieblas puede llegar a imaginarse que la casita de uno se mantendrá firme si se caen los rascacielos vecinos. El oficialismo confunde el aislamiento internacional al que condujo al país con una quimera de indemnidad nacional ante los problemas del mundo. Por cierto, las cosas no funcionan así: el llamado "desacople" nos priva de muchas posibilidades que brinda la globalización (notoriamente: nos aleja de las inversiones que llegan a raudales a otro países de la región), pero en modo alguno nos libera de las consecuencias y las dificultades. El avance de la crisis financiera y sus temidos efectos depresivos hará más arduo aún el acceso al crédito, reducirá la demanda (y con ella los precios) de nuestros principales productos de exportación, encogerá los recursos fiscales, impulsará una mayor presión recaudatoria, achicará la inversión pública y privada y también el consumo. ¿Qué es lo que se festeja, entonces?
La mentalidad oficial que aquellos dichos revelan es una que no consigue evadirse de los límites domésticos y observa el mundo en los estrechos términos de "nosotros y ellos", es decir, sin la dimensión asociativa que Juan Perón designó como "universalismo". En rigor, la crisis que hoy muestra su epicentro en los Estados Unidos exhibe cuestiones que reclaman abordajes globales, universales. Señalaba en estos días un experimentado hombre de Estado como Felipe González: "La famosa gobernanza (papel ineludible de la política) permanece en el ámbito de lo local-nacional y de los obsoletos organismos financieros del pasado, en tanto que los fenómenos económicos y financieros más relevantes se mueven en el ámbito global sin gobierno alguno". Su diagnóstico sugiere la necesidad de una política global, capaz de construir nuevos instrumentos económicos, poner reglas globales y hacerlas cumplir. En el diseño de esos instrumentos, que cada día lucen más necesarios, participarán aquellos países y grupos de países dispuestos, por fuerza y convicción, a asumir responsabilidades globales, preparados a no sentirse ajenos. Dispuestos a acoplarse, no a desacoplarse.
Las excepcionales, y sin duda sorprendentes medidas que la Reserva Federal y el gobierno republicano de los Estados Unidos están adoptando para contener la formidable crisis financiera que se incubó allí y evitar que esta impulse una depresión parecen, por el momento, enérgicos palos de ciego, capaces en principio de comprar tiempo, pero no hay ninguna certeza de que, al fin, sean aptas para aquel objetivo. En su historia, Estados Unidos soportó muchos procesos recesivos (algunos bien serios), pero hasta ahora sólo sufrió tres depresiones económicas, dos en el siglo XIX (1840 y 1870) y una en el XX. La depresión se produce cuando un proceso recesivo es acompañado por un colapso del sistema financiero que hace caer fuertemente la demanda durante un período de varios años. La economía estadounidense representa un tercio largo de la economía mundial: es obvio que los efectos de su crisis se extienden globalmente.
En términos domésticos, en tanto, lo que se observa es que el gobierno dedica sus mayores esfuerzos a poner orden en su gallinero, con éxito cambiante. El jefe de gabinete, Sergio Mazza, y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, mantienen un pulso en torno a la concreción del tren bala. Mazza llegó a su puesto con el halo de un renovador moderado; muchos quisieron verlo como encarnación del "cambio" que la señora de Kirchner había prometido en su campaña electoral. Con esa carga sobre los hombros (y un capital político a cuidar) hasta ahora no pudo entregar mucho más que té y simpatía: no consiguió apartar a Guillermo Moreno de la Secretaría de Comercio ni de su influencia sobre el INDEC, aunque al menos logró apartarlo de los escenarios. Ahora presentó un proyecto de presupuesto que no prevé partidas destinadas al tren bala que impulsan Jaime y el ministro Julio De Vido. Mazza hubiera querido que se instalara la idea de que esa ausencia numérica era equivalente al olvido del proyecto, pero Jaime se encargó de decir que el tren sigue en marcha. Y la embajada francesa se ocupó de reforzar la postura de ambos funcionarios. El gobierno terminó asignando a la crisis financiera internacional y, en particular, a la situación que atraviesa el Banco francés Natixis, agente financiero de la operación, la prudencia con la que ha decidido avanzar en el proyecto.
Mazza no está contento con los resultados que va obteniendo en su función a cargo del gabinete; observa su papel como reemplazante de Alberto Fernández es muy acotado: él no ha conseguido la silla que Fernández tenía en el círculo pequeño de los que toman las decisiones y esa constatación lo hace meditar muy seguido en la posibilidad de volver a su cargo de intendente de Tigre, en el que mantiene una licencia.
En otro terreno, una cámara judicial consiguió lo que la ministra de Defensa no lograba pese a sus denodados esfuerzos: forzar el retiro del jefe de Ejército, Roberto Bendini. Nilda Garré venía vaciando de mandos a la fuerza, puenteando a Bendini, con quien sobrellevaba diferencias y tensiones. Bendini, con el respaldo de la llamada pingüinera (Julio De Vido, y tras él, Néstor Kirchner), resistía a Garré, pero no podía evitar los bombardeos de la ministra, que lo desgastaban más de lo que él había conseguido esmerilarse solo. Hace años –desde antes de que Néstor Kirchner fuera presidente- que pesaba sobre él una denuncia sobre manejo irregular de fondos del arma. El gobierno lo protegió y lo mantuvo en el cargo pese a un procesamiento del que emergió sobreseído en primera instancia . Ahora, con una revisión de esa medida en segunda instancia y con decenas de subordinados golpeados y apartados de sus cargos por investigaciones de mucho menor envergadura, Bendini cayó. Pero, siguiendo el viejo lema peronista que reza: "el que saca, no pone", Garré tuvo que soportar que Bendini y sus protectores de la cúpula gubernamental definieran al sucesor: el general de división Luis Pozzi. Habrá que ver como siguen las hostilidades de ahora en más.
La derrota ante el campo determinó el deterioro del sistema de poder kirchnerista. Ese deterioro se observa en las grandes dificultades que tiene para mantener la disciplina en sus filas, la creciente incoherencia entre discursos y hechos, y la acumulación y divulgación de cuestiones que en los buenos tiempos el gobierno conseguía sin dificultad barrer bajo la alfombra.
Queda sin mencionar, claro, el tema de la valija de Antonini Wilson. La semana próxima, cuando la señora de Kirchner se encuentre en Nueva York, en un juzgado de Miami, el hombre del maletín estará haciendo su deposición ante el tribunal. Allí dirá de quién era la valija con los 800.000 dólares y a quién estaba destinada.
Ya no se puede barrer bajo la alfombra.
por Jorge Raventos
Según la señora Cristina de Kirchner, huésped principal de la Casa Rosada, "el primer mundo se derrumba como una burbuja". La dama no se luce con las metáforas: esta es tan imperfecta en su búsqueda del lugar común como decir que "el capitalismo estalla cual castillo de naipes". Lo interesante de la profecía (o la ilusión) de la presidente es menos su calidad literaria que lo que revela de su pensamiento. Ese regodeo en desgracias que considera ajenas (y que sitúa restrictivamente en Estados Unidos) tiene un aire de familia con aquellas expresiones de gozo de la señora Hebe de Bonafini en relación con el derrumbe de las Torres Gemelas.
Las fantasías ideológicas pueden abrumar las mentes más aún que la humilde ignorancia. Sólo desde esas nieblas puede llegar a imaginarse que la casita de uno se mantendrá firme si se caen los rascacielos vecinos. El oficialismo confunde el aislamiento internacional al que condujo al país con una quimera de indemnidad nacional ante los problemas del mundo. Por cierto, las cosas no funcionan así: el llamado "desacople" nos priva de muchas posibilidades que brinda la globalización (notoriamente: nos aleja de las inversiones que llegan a raudales a otro países de la región), pero en modo alguno nos libera de las consecuencias y las dificultades. El avance de la crisis financiera y sus temidos efectos depresivos hará más arduo aún el acceso al crédito, reducirá la demanda (y con ella los precios) de nuestros principales productos de exportación, encogerá los recursos fiscales, impulsará una mayor presión recaudatoria, achicará la inversión pública y privada y también el consumo. ¿Qué es lo que se festeja, entonces?
La mentalidad oficial que aquellos dichos revelan es una que no consigue evadirse de los límites domésticos y observa el mundo en los estrechos términos de "nosotros y ellos", es decir, sin la dimensión asociativa que Juan Perón designó como "universalismo". En rigor, la crisis que hoy muestra su epicentro en los Estados Unidos exhibe cuestiones que reclaman abordajes globales, universales. Señalaba en estos días un experimentado hombre de Estado como Felipe González: "La famosa gobernanza (papel ineludible de la política) permanece en el ámbito de lo local-nacional y de los obsoletos organismos financieros del pasado, en tanto que los fenómenos económicos y financieros más relevantes se mueven en el ámbito global sin gobierno alguno". Su diagnóstico sugiere la necesidad de una política global, capaz de construir nuevos instrumentos económicos, poner reglas globales y hacerlas cumplir. En el diseño de esos instrumentos, que cada día lucen más necesarios, participarán aquellos países y grupos de países dispuestos, por fuerza y convicción, a asumir responsabilidades globales, preparados a no sentirse ajenos. Dispuestos a acoplarse, no a desacoplarse.
Las excepcionales, y sin duda sorprendentes medidas que la Reserva Federal y el gobierno republicano de los Estados Unidos están adoptando para contener la formidable crisis financiera que se incubó allí y evitar que esta impulse una depresión parecen, por el momento, enérgicos palos de ciego, capaces en principio de comprar tiempo, pero no hay ninguna certeza de que, al fin, sean aptas para aquel objetivo. En su historia, Estados Unidos soportó muchos procesos recesivos (algunos bien serios), pero hasta ahora sólo sufrió tres depresiones económicas, dos en el siglo XIX (1840 y 1870) y una en el XX. La depresión se produce cuando un proceso recesivo es acompañado por un colapso del sistema financiero que hace caer fuertemente la demanda durante un período de varios años. La economía estadounidense representa un tercio largo de la economía mundial: es obvio que los efectos de su crisis se extienden globalmente.
En términos domésticos, en tanto, lo que se observa es que el gobierno dedica sus mayores esfuerzos a poner orden en su gallinero, con éxito cambiante. El jefe de gabinete, Sergio Mazza, y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, mantienen un pulso en torno a la concreción del tren bala. Mazza llegó a su puesto con el halo de un renovador moderado; muchos quisieron verlo como encarnación del "cambio" que la señora de Kirchner había prometido en su campaña electoral. Con esa carga sobre los hombros (y un capital político a cuidar) hasta ahora no pudo entregar mucho más que té y simpatía: no consiguió apartar a Guillermo Moreno de la Secretaría de Comercio ni de su influencia sobre el INDEC, aunque al menos logró apartarlo de los escenarios. Ahora presentó un proyecto de presupuesto que no prevé partidas destinadas al tren bala que impulsan Jaime y el ministro Julio De Vido. Mazza hubiera querido que se instalara la idea de que esa ausencia numérica era equivalente al olvido del proyecto, pero Jaime se encargó de decir que el tren sigue en marcha. Y la embajada francesa se ocupó de reforzar la postura de ambos funcionarios. El gobierno terminó asignando a la crisis financiera internacional y, en particular, a la situación que atraviesa el Banco francés Natixis, agente financiero de la operación, la prudencia con la que ha decidido avanzar en el proyecto.
Mazza no está contento con los resultados que va obteniendo en su función a cargo del gabinete; observa su papel como reemplazante de Alberto Fernández es muy acotado: él no ha conseguido la silla que Fernández tenía en el círculo pequeño de los que toman las decisiones y esa constatación lo hace meditar muy seguido en la posibilidad de volver a su cargo de intendente de Tigre, en el que mantiene una licencia.
En otro terreno, una cámara judicial consiguió lo que la ministra de Defensa no lograba pese a sus denodados esfuerzos: forzar el retiro del jefe de Ejército, Roberto Bendini. Nilda Garré venía vaciando de mandos a la fuerza, puenteando a Bendini, con quien sobrellevaba diferencias y tensiones. Bendini, con el respaldo de la llamada pingüinera (Julio De Vido, y tras él, Néstor Kirchner), resistía a Garré, pero no podía evitar los bombardeos de la ministra, que lo desgastaban más de lo que él había conseguido esmerilarse solo. Hace años –desde antes de que Néstor Kirchner fuera presidente- que pesaba sobre él una denuncia sobre manejo irregular de fondos del arma. El gobierno lo protegió y lo mantuvo en el cargo pese a un procesamiento del que emergió sobreseído en primera instancia . Ahora, con una revisión de esa medida en segunda instancia y con decenas de subordinados golpeados y apartados de sus cargos por investigaciones de mucho menor envergadura, Bendini cayó. Pero, siguiendo el viejo lema peronista que reza: "el que saca, no pone", Garré tuvo que soportar que Bendini y sus protectores de la cúpula gubernamental definieran al sucesor: el general de división Luis Pozzi. Habrá que ver como siguen las hostilidades de ahora en más.
La derrota ante el campo determinó el deterioro del sistema de poder kirchnerista. Ese deterioro se observa en las grandes dificultades que tiene para mantener la disciplina en sus filas, la creciente incoherencia entre discursos y hechos, y la acumulación y divulgación de cuestiones que en los buenos tiempos el gobierno conseguía sin dificultad barrer bajo la alfombra.
Queda sin mencionar, claro, el tema de la valija de Antonini Wilson. La semana próxima, cuando la señora de Kirchner se encuentre en Nueva York, en un juzgado de Miami, el hombre del maletín estará haciendo su deposición ante el tribunal. Allí dirá de quién era la valija con los 800.000 dólares y a quién estaba destinada.
Ya no se puede barrer bajo la alfombra.
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Jorge Raventos
septiembre 18, 2008
LA HERENCIA DE PERÓN
Muchos dirigentes peronistas parecen haberse cansado ya de lo que suponen una batalla perdida: elecciones democráticas en el Partido Justicialista antes de las elecciones de 2009. Hay ya muchos partidos en formación, de modo de no perder la chance electoral por la injusticia de la justicia electoral, que sigue dando la razón a Néstor Kirchner en su arbitraria posesión de un partido que sólo pertenece a los afiliados peronistas en particular y a la comunidad argentina en general.
No importa si la comunidad es peronista en su mayoría o si no lo es. El caso es que el Partido Justicialista es una institución y que como toda institución debe funcionar de acuerdo a la ley. La comunidad debe hacer suya esta causa, por la misma razón que debe exigir el cumplimiento de las leyes en todos los órdenes y frenar el uso y abuso de las instituciones públicas por parte de los malos políticos y peores funcionarios.
La comunidad peronista, en cambio, no puede renunciar tan fácilmente a reivindicar lo que ha quedado como legado institucional del General Perón. Hay razones políticas, de defensa de la institución que Perón creó como el instrumento electoral de su movimiento, y razones culturales, las de defender en un país que no es capaz de conservar lo más valioso de su patrimonio, un partido histórico con un nombre que expresa la única creación política argentina original, el justicialismo.
La generación formada desde la infancia por Perón para entronizarla como la primera elite democrática de la nueva era argentina no ha cumplido aún su misión. Esta no es la de desgajarse en una miríada de formaciones políticas personalistas sino la de ocupar y resguardar la institución heredada. En una época en la cual cuesta establecer lazos productivos con el pasado político, esta misión conservadora es de vital importancia para la Nación. Lo mismo puede decirse del Partido Radical, sometido a una idéntica extenuación histórica y necesitado de ser revalidado en su tradición.
Es verdad que bajo el ala invisible del movimiento peronista ha nacido una voluntad de liderazgo en Mauricio Macri, con la sigla del PRO, y que en singular correspondencia, bajo el ala invisible del radicalismo, se ha desarrollado Elisa Carrió, bajo el nombre de Coalición Cívica. El bipartidismo continua siendo una clara tendencia de los argentinos, y ha buscado su cauce más allá de las estructuras madres del PJ y del PR, corrompidas por dirigentes antidemocráticos.
No hay que confundirse, sin embargo, y creer que el camino hacia delante pasa por dos nuevos partidos. Esa piedra en el camino que son los Kirchner, a la vez en el partido y en el gobierno, lo van a impedir: con ellos, siempre se tratará de la competencia entre tres y nunca entre dos. Por esta razón pragmática, además de las otras mencionadas y que hacen más al sentimiento y a la responsabilidad personal, valdría la pena revisar el abandono prematuro del PJ. También a los radicales les conviene un PJ democratizado. Sólo ganaran si enfrentan a uno y no a dos. Ni que decir que a Mauricio Macri le conviene lo mismo.
No importa si la comunidad es peronista en su mayoría o si no lo es. El caso es que el Partido Justicialista es una institución y que como toda institución debe funcionar de acuerdo a la ley. La comunidad debe hacer suya esta causa, por la misma razón que debe exigir el cumplimiento de las leyes en todos los órdenes y frenar el uso y abuso de las instituciones públicas por parte de los malos políticos y peores funcionarios.
La comunidad peronista, en cambio, no puede renunciar tan fácilmente a reivindicar lo que ha quedado como legado institucional del General Perón. Hay razones políticas, de defensa de la institución que Perón creó como el instrumento electoral de su movimiento, y razones culturales, las de defender en un país que no es capaz de conservar lo más valioso de su patrimonio, un partido histórico con un nombre que expresa la única creación política argentina original, el justicialismo.
La generación formada desde la infancia por Perón para entronizarla como la primera elite democrática de la nueva era argentina no ha cumplido aún su misión. Esta no es la de desgajarse en una miríada de formaciones políticas personalistas sino la de ocupar y resguardar la institución heredada. En una época en la cual cuesta establecer lazos productivos con el pasado político, esta misión conservadora es de vital importancia para la Nación. Lo mismo puede decirse del Partido Radical, sometido a una idéntica extenuación histórica y necesitado de ser revalidado en su tradición.
Es verdad que bajo el ala invisible del movimiento peronista ha nacido una voluntad de liderazgo en Mauricio Macri, con la sigla del PRO, y que en singular correspondencia, bajo el ala invisible del radicalismo, se ha desarrollado Elisa Carrió, bajo el nombre de Coalición Cívica. El bipartidismo continua siendo una clara tendencia de los argentinos, y ha buscado su cauce más allá de las estructuras madres del PJ y del PR, corrompidas por dirigentes antidemocráticos.
No hay que confundirse, sin embargo, y creer que el camino hacia delante pasa por dos nuevos partidos. Esa piedra en el camino que son los Kirchner, a la vez en el partido y en el gobierno, lo van a impedir: con ellos, siempre se tratará de la competencia entre tres y nunca entre dos. Por esta razón pragmática, además de las otras mencionadas y que hacen más al sentimiento y a la responsabilidad personal, valdría la pena revisar el abandono prematuro del PJ. También a los radicales les conviene un PJ democratizado. Sólo ganaran si enfrentan a uno y no a dos. Ni que decir que a Mauricio Macri le conviene lo mismo.
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Diana Ferraro
septiembre 13, 2008
Panorama político nacional de los últimos siete días
QUIÉN ESTÁ AL MANDO
"Duérmete oficialmente, sin preocuparte,
que sólo algunas piedras son responsables".
María Elena Walsh, Canción de cuna para gobernante
"Duérmete oficialmente, sin preocuparte,
que sólo algunas piedras son responsables".
María Elena Walsh, Canción de cuna para gobernante
Hace ya un buen tiempo que el gobierno no difunde encuestas sobre la imagen presidencial o sobre el juicio de los ciudadanos en torno a la gestión del kirchnerismo. Los motivos de esa discreción son comprensibles. No es que la Casa Rosada haya dejado de pagar estudios de opinión pública, sino que prefiere echar un piadoso manto de silencio sobre los datos que le proporcionan.
Un influyente ministro, por caso, recibió la semana última una extensa encuesta recién salida del horno que revela que el porcentaje de aprobación que cosecha hoy la señora de Kirchner ya se encuentra –después de unas semanas de amesetamiento- por debajo de los 20 puntos: para ser precisos, obtiene 50 opiniones negativas cada 17 favorables. En algunos rubros el juicio ciudadano es aún más duro: la gestión del tema seguridad recibe un 5 por ciento de opiniones positivas contra un 78 por ciento de negativas; el trabajo del gobierno sobre la inflación obtiene un 3 por ciento de aprobación versus un 77 por ciento de rechazo. Son cifras significativas, sobre todo si se considera que inflación e inseguridad representan (según datos del mismo estudio) las preocupaciones dominantes en la opinión pública.
Los datos de la encuesta sobre la presidente la pintan –para decirlo con una expresión popular- "más golpeada que rodilla de zapatero", incluso en comparación con la administración de su esposo: 17 de cada 100 consideran que su gobierno es "igual de malo" que el de Néstor Kirchner; 51 de cada 100 estiman que es "peor".
Pero no sólo la castigan los números. El proceso que se desarrolla en Miami con protagonismo de Guido Alejandro Antonini Wilson ha devuelto a las primeras planas la historia de la valija con más de 800 mil dólares enviada a Buenos Aires por el gobierno de Hugo Chávez y trasladada en un avión fletado por el Estado argentino. Las cintas grabadas que el fiscal y el FBI aportaron a aquel juicio incriminan cada vez más nítidamente a altos funcionarios del kirchnerismo y proyectan más sombras sobre el financiamiento de la última campaña electoral oficialista. Esas sospechas se suman a las que surgen de los hechos conectados con la venta ilegal de efedrina en relación con el narcotráfico y algunos aportantes a esa misma campaña. A la luz de estas circunstancias, y como señal de la seriedad institucional que les otorga, Elisa Carrió señaló esta semana que creía reunidas causales para el inicio de un juicio político.
El gobierno, entretanto, reaccionó frente a las revelaciones del juicio de Miami repitiendo la escena ensayada a fines del último año, cuando emergieron los primeros trascendidos sobre la investigación del fiscal americano Thomas Mulvihill y la Casa Rosada acusó al gobierno de los Estados Unidos de organizar "operaciones basura" para perjudicar al kirchnerismo.
El gobierno, que sin demasiados motivos creía haber enderezado un poco sus vínculos con Washington, vuelve a patalear ante el gobierno americano por situaciones que ocurren en los tribunales. Observa, además, sin demasiada capacidad de reacción cómo se dispersan fuerzas que hasta hace algunos meses consideraba propias y disciplinadas y cómo se le escurren entre los dedos instrumentos de poder que empleó largamente durante estos años.
Que Hugo Moyano, por ejemplo, haya solicitado públicamente que se considere el asesinato de José Rucci –del que se cumplen pronto 35 años- un crimen de lesa humanidad (es decir, imprescriptible) y que se juzgue y condene a los culpables, implica un gesto de indisciplina calificada para el kirchnerismo. El asesinato de aquel secretario general de la CGT y aliado principal de Juan Perón, como lo muestra una reciente investigación firmada por el periodista Ceferino Reato ("Operación Traviata"), fue consumado por la organización Montoneros y la doctrina oficial sólo ha querido considerar delitos de lesa humanidad las acciones producidas por la represión antiterrorista, jamás las que ejecutaron los grupos guerrilleros.
Una de arena y otra de cal: después de soltar ese bombazo, Moyano hizo buena letra y salió a sumarse al coro de ángeles que protesta contra la investigación judicial norteamericana sobre la valija llena de dólares chavistas. Una cosa no borra la otra, pero los Kirchner a esta altura no tienen tantos defensores como para despreciar esa ayuda.
De todos modos, tras esos descartes todavía queda un naipe en las manos del camionero, y tiene que ver con los reclamos para que el gobierno compense con dinero la pretensión de mantener cerradas las negociaciones salariales hasta el año próximo. Moyano no puede abandonar esa bandera porque siente en la nuca el aliento de su principal competidor, Luis Barrionuevo, quien desde la CGT Azul y Blanca ya desatada de compromisos oficialistas, exige nuevas negociaciones, aumentos de sueldos no meramente simbólicos. La pinza gremial se cierra sobre la Casa Rosada.
Las cosas no parecen más tranquilizantes en el plano parlamentario. Después del revés sufrido en julio a manos de los senadores con la famosa resolución 125, el oficialismo ha venido gambeteando las votaciones complicadas en las cámaras, y ha soportado con estoicismo que los proyectos enviados por Ejecutivo fueran perforados con modificaciones, con tal de sumar respaldos que le ahorraran una nueva derrota. Ahora, sin embargo, aparecen peligros en el horizonte. Uno es el proyecto de movilidad jubilatoria, que obtuvo la media sanción de Diputados tras haber sufrido varios cambios. Sucede ahora que muchos senadores (inclusive varios oficialistas) se proponen introducir nuevas reformas en ese proyecto, pues consideran que no cumple con pautas de movilidad equitativas que, además, estén en condiciones atravesar el examen de legalidad de los juzgados a la luz de la reciente jurisprudencia de la Corte. El oficialismo, por parte, ha insinuado que no admitirá nuevas reformas, que quiere que se apruebe el proyecto tal como salió de la Cámara Baja. ¿Se convertirá la movilidad jubilatoria en una nueva resolución 125? En cualquier caso, hay otras dos chances de choque en el fixture del Congreso: el Ejecutivo tiene que presentar en estos días su proyecto de Presupuesto para el año 2009. Vinculados a este debate hay dos puntos que seguramente tensarán las fuerzas del oficialismo y la disidencia: la declaración de emergencia económica y los llamados superpoderes, dos herramientas con las que el gobierno contó estos años y que le permitieron manejar fondos a discreción y poner en caja a gobernadores o intendentes ansiosos de autonomía.
En paralelo, el campo intensifica los preparativos de nuevas movilizaciones ante la evidencia de que el gobierno no resuelve problemas y se limita a hacer jueguito para la tribuna.
La señora de Kirchner exhibe las fragilidades de su administración en diferentes campos. El resonante anuncio del pago al contado de toda su deuda al Club de París –con una cifra precisa recitada por la presidente- fue primero corregido desde la tesorería francesa, que indicó que el número indicado era inexacto y fallaba en más de mil millones de dólares. Más tarde, fue el propio gobierno el que rectificó el anuncio presidencial: ahora, más sensatamente, se habla de abonar sólo el stock de deuda exigible. Y como las tratativas son mucho menos expeditivas de lo que soñaba un Ejecutivo que se asesora en familia en lugar de hacerlo con expertos, ahora el gobierno respira porque, al no cumplir el anuncio, evita un debilitamiento prematuro en la situación de las reservas, es decir, se salva –a costa de un papelón- de un peligro que había inventado con su propia improvisación.
Otro terreno en el cual la semana última quedó expuesta la pérdida de poder: el gobierno, preocupado por la falta de crédito que se le otorga en torno al tema de los manejos ilegales con la efedrina, los precursores destinados a la fabricación de drogas y, en general, con el tema del narcotráfico (aunque, por cierto, merced a su conducta ante el INDEC, no exclusivamente sobre esas cuestiones) anunció que establecería una colaboración plena con la DEA, la agencia antinarcóticos de los Estados Unidos. Sin embargo, el titular de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Marcelo Saín, declaró sobre el pucho, el martes 9 de septiembre, que la fuerza que él conduce no colaborará con la DEA. "Nunca pude trabajar ni trabajaré con la DEA. No nos interesa su esquema de trabajo", le confió Saín a La Nación.
De acuerdo al organigrama del Estado, Saín depende del ministerio de Justicia y Seguridad y éste, a su vez, depende de la Presidencia. Cinco días después de esas declaraciones que chocaron contra la información ofrecida por quienes parecen ser sus superiores, Saín continuaba en su puesto. Tal vez aquel organigrama esté desactualizado.
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Jorge Raventos
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