AVISO

A partir del 1° de Diciembre, este foro cesa su actividad, atento a que la nueva etapa de formación de líneas alternativas dentro del peronismo requiere, más que la ya agotada discusión acerca del PJ, un trabajo específico de análisis y propuestas que puedan fortalecer a los nuevos liderazgos peronistas liberales.

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CONCLUSIONES DEL ENCUENTRO NACIONAL DE PERONISMO DE PIE

El Peronismo de Pie ratifica su compromiso con el modelo productivo, la justicia social, la democracia y las instituciones de la República.
Perón decía que con una mentira se puede hacer cualquier cosa menos convertirla en una verdad. En menos de cinco meses, el actual gobierno ha disipado prematuramente las expectativas que acompañaron su asunción. La escalada inflacionaria que, más allá de las mentiras del INDEC, carcome los bolsillos de los trabajadores y de los que menos tienen, las reacciones de protesta generalizada en la Argentina interior a raíz del conflicto con el sector agropecuario, las masivas expresiones de repudio antigubernamental, “cacerolazos” incluidos, que tuvieron lugar semanas atrás en la ciudad de Buenos Aires y en los demás principales centros urbanos de todo el país, el permanente estado de alarma de la ciudadanía por la inseguridad pública, las crecientes denuncias sobre graves actos de corrupción en los más altos niveles del Estado, las preocupantes previsiones sobre una fuerte agudización de la crisis energética en el invierno que se avecina y la profundización del aislamiento internacional, entre otras cosas, confluyen para revelar el agotamiento de una estrategia de concentración de poder político y económico que, como empiezan a exhibir las propias encuestas oficiales, concita hoy el rechazo de la mayoría de los argentinos.

Como peronistas, esta situación nos obliga inexcusablemente a formular un conjunto de precisiones indispensables para poder afrontar, enfrentar y resolver exitosamente los gravísimos problemas que plantea el presente y el futuro de la Nación, antes que sea demasiado tarde. Porque, como quedó acreditado en los acontecimientos de diciembre de 2001, el peronismo es la principal garantía de gobernabilidad de la Argentina.

Contra lo que muchas voces insisten todavía en pregonar, tanto en el oficialismo como en la oposición, el verdadero “partido gobernante” en la Argentina no es el peronismo sino el “Partido del Estado Unitario”, financiado con el presupuesto nacional. La denominada “Concertación Plural”, que motorizó la fórmula Cristina Kirchner-Julio Cobos en las elecciones de octubre pasado, no es el resultado de un acuerdo programático entre el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical, sino del entendimiento “trasversal” entre la mayoría de las cúpulas dirigentes del peronismo y del radicalismo, coercionadas económicamente por el gobierno nacional.

Esta realidad es consecuencia de la conversión de la política en una práctica absolutamente vacía de ideas, reducida a un conjunto de procedimientos ejecutados por una corporación de políticos profesionales, cuyo único común denominador es la pretensión de sus integrantes de mantenerse indefinidamente en el usufructo del poder.

La principal base de sustentación material de esa estrategia de subordinación de las provincias y municipios al poder central, que arrasa con la vigencia del federalismo consagrado por la Constitución Nacional, son las retenciones a las exportaciones, que tienen una importancia política mayor aún que su significación económica. Por su carácter no coparticipable, esas retenciones conforman una gigantesca masa de fondos presupuestarios distribuida con absoluta discrecionalidad para disciplinar políticamente a gobernadores e intendentes. En términos prácticos, la Argentina es hoy un Estado unitario, que necesita imponer esa misma condición al propio peronismo para poder subsistir.

Este sistema de “Partido del Estado Unitario” es coherente con la estrategia orientada a configurar un “capitalismo de Estado”, eufemismo por “capitalismo de amigos”, destinado a beneficiar a un pequeño grupo de empresarios privilegiados, que prosperan en virtud de sus lucrativos contratos con el Estado, especialmente en materia de obras de infraestructura, y cuentan además con la ayuda oficial para apropiarse, directa o indirectamente, de empresas petroleras, de compañías concesionarias de servicios públicos o de actividades que funciona bajo licencia estatal, como el negocio del juego.

En este contexto, la imposición de Néstor Kirchner como titular del Partido Justicialista, implementada a través de una farsa electoral de carente de legalidad y de legitimidad, no implica de ningún modo un avance hacia la institucionalización del peronismo, objetivo que constituye una condición absolutamente necesaria para la consolidación institucional de la Argentina. Porque sin democracia en el peronismo no hay democracia en la Argentina.
Muy por el contrario, estamos frente a un intento de “estatización” del Partido Justicialista, enderezado al vaciamiento de sus raíces doctrinarias y la anulación de su vitalidad política. Es un acto proscriptivo contra el carácter del peronismo como movimiento popular, hondamente democrático, a fin de degradarlo a la condición de un simple y anacrónico “populismo”, carente de una organización política real y susceptible de ser manipulado desde el aparato del Estado.

Conviene resaltar que, contra lo que afirma la predica incesante del antiperonismo de izquierda y de derecha, el peronismo nunca fue un movimiento “populista”, al menos en el sentido peyorativo con que actualmente se utiliza esa expresión, sino un gran movimiento popular, consagrado históricamente como la fuerza política más importante de América Latina.

Esa condición de movimiento popular, con hondas raíces nacionales y una fuerte identidad doctrinaria, fue la principal razón de la continuidad y de la vigencia histórica del peronismo luego de la desaparición de su líder. Perón siempre remarcó el valor central de lo orgánico. El centro neurálgico de su doctrina está sintetizada en “La Comunidad Organizada”. Uno de sus apotegmas principales es aquél de que “sólo la organización vence al tiempo”. En su visión doctrinaria, Perón siempre diferenció el concepto de “masa” de la noción de “pueblo” y subrayó que la diferencia entre “masa” y “pueblo” reside, precisamente, en la organización.

Para Perón, el poder es organización y la organización es poder. Desde esa óptica, lo más importante de la década 1945-55 no fueron sus extraordinarias realizaciones sociales de aquellos años, sino la organización autónoma de los trabajadores, que permitió después del 55 defender esas conquistas e impulsar durante 18 largos años la lucha por el retorno de Perón a la Patria y al poder. Estructuralmente, en la Argentina el “populismo” es un fenómeno pre-peronista.

La Argentina que viene tiene que construirse desde el futuro, desde un proyecto compartido, y no desde las fracasadas utopías del pasado que sólo trajeron sangre y desolación en esta bendita tierra, pese a lo cual quienes hoy siguen teniendo los ojos en la nuca esté empeñados en reivindicarlas. Algunos por convicción, la mayoría por conveniencia.

Cuando el rechazo a las políticas implementadas desde el gobierno nacional hacen reverdecer brotes de gorilismo antiperonista que creíamos definitivamente superados, vale la pena precisar que no todos los que se dicen peronistas lo son, ni todos los peronistas somos iguales. No se reafirma la identidad enarbolando los símbolos y la liturgia sólo cuando conviene, ni convocándolo a la Plaza de Mayo cuando el gobierno, por sus errores, se aísla de la sociedad, ni armando una parodia de reorganización partidaria
amañada y tramposa. Y mucho menos para dividir a los argentinos: eso no es peronismo.

Por ello, desde el Peronismo de Pie, le pedimos disculpas al pueblo argentino por los que, invocando el nombre del peronismo, en lugar de gobernar para todos lo hacen para sí mismos y para sus amigos; por los que habiendo llegado con el voto popular, se sienten más cerca de las metodologías de dictadores caribeños que del respeto a las instituciones; por los que debiendo priorizar a los pobres, a los marginados y excluidos, han incrementado las desigualdades sociales en la Argentina y tratan de encubrir con un barniz “progresista” su rostro reaccionario y su vocación de patrón de estancia patagónica.

LOS PERONISTAS SOMOS OTRA COSA

Somos el peronismo de pie. El que no se arrodilla, ni subordina. El justicialismo de la dignidad y del respeto a la persona humana.
Somos el peronismo con sus aciertos y sus errores; que rescata, sin maniqueísmos ni vergüenza, sus ideales, su historia y sus referentes.

Somos el peronismo que se nutre en su origen con el recuerdo de Perón y Evita; pero que debe expresarse con las exigencias y actualizaciones de nuestro tiempo; sin nostalgias y sin renuncias, pero con la vista hacia adelante para caminar rumbo al futuro.

Somos el peronismo que quiere ser protagonista y participante de la historia; y no mero testigo o convidado de piedra al festín de una oligarquía política y económica autoritaria, cerrada,
excluyente y fuertemente sospechada de corrupción.

Somos el peronismo con la sabiduría y la experiencia de nuestros veteranos dirigentes y con la energía y lozanía de nuestras jóvenes generaciones.
Somos el peronismo de la democracia plural y republicana; de la voluntad productiva y realizadora; de la justicia social como objetivo final del esfuerzo humano.

Somos el peronismo que valora las instituciones para superar los mesianismos y que no divide a la sociedad en bandos beligerantes e irreconciliables, sino que acepta las disidencias y encara los debates en diversidad y libertad.
Somos el peronismo del capital y del trabajo que convergen y se potencian para construir una Nación más grande, más libre y más justa.

Somos el peronismo que busca insertar a la Argentina en el mundo global, sin ideologismos, en función de sus intereses permanentes, y una integración continental, solidaria y respetuosa, que no exporta modelos ni se subordina a pretendidos liderazgos.

Somos el peronismo que busca liberar a los rehenes....

Al Partido Justicialista, de la desmovilización, el vaciamiento y de una seudo normalización amañada y tramposa.

A los gobernadores e intendentes, del sometimiento a la “caja” y de la negación de la coparticipación federal de impuestos.

A los ciudadanos, de la inseguridad urbana y rural a través de un despliegue preventivo de las fuerzas de seguridad y un sistema moderno de alarmas y emergencias.

A los parlamentarios, de la obediencia debida al dictamen del Poder Ejecutivo y del reduccionismo por delegación de facultades extraordinarias.

A los jueces, de la presión gubernamental, que politiza a la justicia y al Consejo de la Magistratura, para extorsionarlos en sus funciones.

A los empresarios, productores e inversionistas, del cambio permanente de reglas de juego, de la voracidad confiscatoria del gobierno central, de la inseguridad jurídica y de los retos y aprietes de quien transitoriamente ejerce el Poder Ejecutivo.

A los trabajadores, jubilados y desposeídos, de la manipulación clientelística de los subsidios, planes de ayuda social y trabajos temporarios, para la subordinación y utilización política.

A los periodistas y medios de comunicación, de las discrecionalidades de la pauta oficial de publicidad y del llamado amenazante o, lisa y llanamente, de la intimidación pública, que censura la libertad de expresión y la creación artística.


A la sociedad toda, víctima de la mentira de un doble discurso, que mientras sostiene que no debe criminalizarse la protesta social de unos, reprime y arremete contra la legítima protesta de otros, con grupos de choque que, al revés que Perón, preconizan y esgrimen el odio entre los argentinos.

PREPARARSE PARA LA ACCIÓN

Desde su nacimiento en 1945, el peronismo tuvo la virtud de reinventarse a sí mismo frente a cada uno de los renovados desafíos que le planteó la historia. Las nuevas condiciones del siglo XXI nos demandan, una vez más, el ejercicio de esa actualización doctrinaria que tantas veces reclamó y practicó Perón.
Esta nueva actualización doctrinaria tendrá que traducirse en una propuesta programática acorde con los tiempos, que brinde respuestas concretas y realizables a los problemas que afectan a los argentinos de carne y hueso. Es absolutamente necesario que, para el momento inexorable en que la crisis que se avizora vuelva a asomar su rostro en el horizonte, el peronismo esté efectivamente preparado para colocarse a la altura de las circunstancias.

Buenos Aires, mayo de 2008.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

AVISENLE A SCIOLI, QUE CALLA VERGONZOSAMENTE ANTE EL NESTOR.

Anónimo dijo...

Coincido, la actitud de scioli (en minusculas) es vergonzosa. No es otra cosa que un puppet.

Anónimo dijo...

elaboremos una propuesta peronista concreta... por que no empezamos negandoles el acceso al partido a neoliberales vendepatrias como r saa?
LEER LA CONSTITUCION DE 1949 POR FAVOR

Edgardo Cora dijo...

Al anonimo que habla de vendepatrias y ´neo´liberalismo, TOMATELAS CON TUS IDEAS DE OTRO SIGLO.

Edgardo Cora dijo...

¿Cómo pude ser que Scioli asuma como vicepresidente del Consejo Nacional del Partido Justicialista? Bueno, en el PJ trucho de mister k, todo puede ser...