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noviembre 23, 2009
LAS VÍSPERAS
abril 29, 2008
MULTISECTORIAL PERONISTA FREJULI
Desmentimos categóricamente las informaciones periodísticas que reconocen al Sr. Néstor Kirchner como Presidente del Consejo Nacional del Partido Justicialista.
Ponemos en conocimiento de la opinión pública, que con el concurso de un interventor dependiente, y de una Junta Electoral sumisa, que ilegítimamente impide las elecciones partidarias, negándole a los afiliados el derecho a elegir, Kirchner, con métodos autoritarios, ha tomado por asalto el Partido Justicialista, atropellando el debate y la democracia interna.
En sede judicial, se encuentran examinando las fundadas impugnaciones que hemos formulado, por lo tanto, la justicia competente al presente, no ha extendido el certificado de autoridades partidarias correspondientes, lo que indica que el proceso electoral interno del Partido Justicialista continúa abierto y sin resolución.
Dr. Carlos Gallego -Apoderado
Daniel Basile - Sec. General
Héctor Maya - Presidente
abril 24, 2008
¿QUÉ HACEMOS AHORA?
No tenemos respuesta para estas preguntas porque el PJ legal no existe, no aún. Sólo existe en su reemplazo una ficción ilegal autorizada por una justicia que obedece al bicéfalo Poder Ejecutivo y no a la ley.
La pregunta es ahora no cómo reorganizar el PJ sino como recuperar la legalidad en el PJ usurpado y restablecer la participación de TODOS los afiliados por medio de internas libres y democráticas.
Como el tema de la ilegalidad toca ya demasiados puntos de la vida nacional, desde las retenciones anticonstitucionales al uso privado de una institución pública como el partido político más grande de la Argentina, la solución del tema PJ es inseparable de una solución política que resuelva la totalidad del problema. El mal avanzó ya demasiado y sólo cabe esperar que se agote a sí mismo.
Sigue pendiente el tema del liderazgo de la vasta corriente de argentinos, peronistas y no peronistas, que queremos un justicialismo justo, libre y democrático. Como siempre, terminará emergiendo alguien que nos interprete y represente.
abril 20, 2008
TODO ES LIDERAZGO
La batalla interna por el PJ sólo importa en la medida en que se la considere como una ocasión para proponer un liderazgo alternativo proveedor de una reinterpretación del peronismo que sirva al país. El gran problema que la Argentina tiene hoy en cuanto a la gestación de sus élites políticas es precisamente el de la aún no saldada discusión acerca de qué es hoy el peronismo moderno y cómo se reinterpreta el justicialismo a la luz de la modernidad global.
Este foro, desde su primer día, pretendió crear un espacio de discusión acerca de este tema, esperando que las voces de sus participantes se trasladasen de algún modo a la prensa y a través de ella a la ciudadanía en general y que la discusión por el PJ se transformase en el importante tema público que es, ya que si nada se hace para democratizarlo, la Argentina va a ser dominada por un partido único, expresión de una oligarquía de dos (o de tres, que ahora se ha agregado el niño en la JP), dueña y señora del Ejecutivo, de las dos Cámaras, de la Justicia y de la Prensa por medio del observatorio con poder de veto.
El PJ, una de las dos más tradicionales fuerzas políticas, será finalmente lo que los argentinos, peronistas y no peronistas, hagamos de él, por acción o por esa omisión tan habitual en los tiempos de desesperanza.
abril 07, 2008
CAMPAÑA DE AFILIACIÓN
Cada día hay más conciencia de la incidencia de esta interna en la vida política nacional. Lo que en Enero parecía un simple trámite de acumulación de poder, hoy se presenta como la posible bisagra hacia un futuro muy diferente.
El Partido Justicialista es el partido más grande de la Argentina y debe ser presidido por quienes la sirvan y no por quienes la usen como un bien ganancial.
Muchos, muchísimos, de los sufridos y humillados votantes cautivos del kirchnerismo esperan también una alternativa que los rescate de la dádiva y los devuelva al peronismo del trabajo. La oposición interna no tiene todavía una cara que la identifique y que unifique el discurso.
El poco tiempo que queda hasta el 18 de Mayo puede ser más que una dificultad, un estímulo: según la mejor tradición argentina, la solución salvadora siempre se arma en el último minuto.
abril 05, 2008
LA REALIDAD JA,JA,JA,JA
No es que los medios de comunicación sean crueles; es que la incompetencia del Poder Ejecutivo es muy, pero muy grande. En todos los niveles.
Quisiéramos que nuestro Gobierno luciera mejor a los ojos del mundo, para no sentirnos tan avergonzados. Aunque siempre tenemos la risa, como pueblo merecemos más, mucho más.
¿Era éste el cambio de imagen en política internacional?
La peluca y los zapatos son, en verdad, lo de menos.
La pregunta en este foro continúa siendo acerca de cómo organizar los carriles partidarios para elegir a los más capaces.
abril 03, 2008
NO SE VAYAN...TODAVÍA FALTA LO MEJOR por Claudio Chaves
Como dice Jorge Asís ya va a llegar el momento de ayudarla a terminar su mandato, claro, si continúa destratando, como acostumbra, a sus compatriotas.Desplegó en distintos escenarios, por cuatro veces consecutivas en una semana, toda su potencia, todo su poder de fuego. Su ejército de adulones y amigos. Mostró sus cartas.Más de eso no hay. Es un dato.Ciertamente no es poco si entendemos que frente al gobierno no hay nada políticamente armado. De ahora en más se abre esa posibilidad. Como dijo en alguna oportunidad el Bambino Veira: la base está.
Hay que reconocerle, sin embargo, un mérito. Al reunir a toda su tropa, ministros, gobernadores, legisladores, intendentes, piqueteros y algunos dirigentes sindicales (el Partido Estatal) lo hizo a los efectos de retroceder en orden. Y lo ha logrado. Mantiene su tropa intacta. Algunos quedaron en el camino: Reuteman, Schiaretti, Jaque, intendentes, concejales. Para evitar una mayor hemorragia ordenó con voz quebrada: ¡a retaguardia!Su gente fue acomodándose lentamente en el nuevo espacio. Más estrecho, más urbano, insalubre, con desfiladeros y callejuelas que se entrecortan, con recodos y escondrijos donde la tropa sin el ojo esclavizador del amo se escapa por los flancos y a hurtadillas. ¡Atención!
¿Y el campo? Naturalmente debe plantar sus banderas y estandartes en el territorio ganado. Cuidarlo, poblarlo, desarrollar en los nuevos límites su cultura política. Dejar su “descubierta”(1) y regresar en orden. ¿Un empate?Con fanfarria y banda a todo trapo ya suenan los acordes del éxito. Ahora comienza la lucha política. El debate de ideas. Fueron los primeros escarceos de un camino que se inicia. El campo tiene en sus manos la posibilidad del saneamiento institucional y plantear de manera inmediata la coparticipación de las retenciones. Debe quedarles claro a los argentinos que están de acuerdo con la redistribución de la riqueza, en el marco de la excepcionalidad mundial y de las ventajas competitivas producto de su esfuerzo. Pero como debe hacerse. Como corresponde. En el espíritu del federalismo. Descentralización y poder a los gobernadores y a los intendentes. Ellos deben manejar esos dineros no el Estado Nacional. ¡Ni un peso al gobierno central! ¡Atrás el partido estatalista!Rosas fue una pesadilla de nuestra historia. Un mal trago.¡Urquiza es el camino! Ciertamente estos avatares no han comenzado con Kirchner. El golpe civil del 2001 pergeñado por el poder bonaerense pudo realizarse por que Buenos Aires adquirió un inmenso poder luego de la Reforma Constitucional de 1994 al restarle espacio a las provincias. ¿Habrá masa crítica para rever esto? Nos debemos una reforma.
LA SITUACIÓN AHORA
En su retroceso en orden, el Partido estatalista, abandonó su último vínculo con la cultura histórica que le dio conciencia. Se vació de folk. Sin identidad se pierde la libertad (deber ineludible de quien se precie criatura humana).En un orden regresivo primero fue la ofensa a las Fuerzas Armadas. Algo extraño y ajeno a un partido fundado por un Coronel, orgulloso de su condición militar. La guerra contra la subversión era justa y necesaria. En ese marco de entendimiento deben ser condenados los excesos cometidos por alguno de sus miembros.
Segundo, el maltrato a la Iglesia. Permanente y constante ofensa a los valores eclesiales: el aborto, la familia, despenalización de la droga, matrimonios gay. Desplante y crispación con Roma, obispos y curas porque esa conducta luce en ámbitos progresistas, su nuevo target. Raro, siendo que el peronismo fue la voz civil de los valores propalados por la Iglesia.
Tercero descrédito y persecución de un sector del movimiento obrero. Los “gordos” y los amigos de los 90’. Luego pérdida de las clases medias urbanas y rurales contra las que arremete ¡porque sí!
Y ahora, lo novedoso y si se quiere definitivo, un gravísimo vaciamiento del componente cultural más fuerte del peronismo histórico: lo telúrico, el vínculo con la tierra, el pasado gauchesco y criollo del federalismo provinciano. Componente insubstituible del imaginario y la cosmogonía popular del peronismo.Las masas obreras que dieron origen a este movimiento (parece mentira volver a repetirlo) eran paisanos que provenían del interior profundo, con sus hondas tradiciones criollas, sus costumbres, sus creencias, su música, sus comidas, su garbo. Tan potente fue esa influencia que el Coronel Perón, por su condición de militar, y por ello, educado en las tradiciones criollas del Ejército Nacional aprovechó ese vendaval para nacionalizar las masas obreras pretéritas, habitantes de la urbe porteña de antaño que seducidas por el marxismode la ciudad cosmopolita observaban desconfiadas al Coronel del pueblo. Y lo logró.
La monumental obra que el revisionismo histórico levantó, con sus más y con sus menos, tuvo el sentido de la continuidad histórica. De establecer vínculos con la tierra y el pasado y hacer concientes esos lazos.“El factor decisivo del triunfo de la revisión histórica ha sido la nueva realidad política del país (el peronismo) ella es la que ha impedido que la escuela revisionista quedara como un islote aislado; esa realidad es la que ha permitido encarnarse en la conciencia pública y hacerse ya opinión del país sin necesidad de universidad, escuela, prensa, y contra ellas.”(2) Un ir y venir en la historia, un entrelazamiento de los obreros del 45 con las masas rurales del siglo XIX que demostrara su continuidad y pertenencia. En definitiva adquirir legitimidad histórica para sentirse dueños de la patria en igualdad de condiciones con aquellos que demostraban su prosapia por apellidos y tradiciones genealógicas. Si se quiere no era una lucha de clases era el embate para hacerse un espacio en el Olimpo.
El Partido estatalista no necesita tradiciones, explicaciones, justificaciones, vínculos profundos con la historia patria. Requiere plata. Money, money.Tiran por la borda la argamasa identitaria que nos recortaba y definía. Allá ellos. Sin identidad ya no saben quienes son. Se perderán en algún recodo de la historia.¡Como las cebollas no tienen carozo! Esa es su debilidad.
El Frente para la Victoria hunde su pasado en Cámpora y en los años de plomo. Hasta ahí llegó su amor.El campo debe aprovechar este vacío cultural del gobierno que en definitiva devendrá en político. Debe hacer suya, sin beneficio de inventario, la criollidad, el horizonte cultural de la Argentina profunda que secretea en el campo y las ciudades que disfrutan su influencia.
LA INTELECTUALIDAD ESTATALISTA
Los intelectuales que rodean a este gobierno (Galasso, Feinnman, Rapoport, Basualdo, Nun, etc)han perdido el rumbo. Hablan de oligarquía, mentan una historia escrita de una vez y para siempre y no se apartan del viejo relato. No se actualizan. Padecen de pereza mental. Repiten como loros barranqueros el cuento eterno de su saber fosilizado. ¿Pero dónde está la oligarquía? ¿Acaso en esos chacareros, arrendatarios, estancieros, fondos fiduciarios, Cresud, Grobocopatel? Pero es que acaso estos señores o sociedades anónimas son más dañinos que Eskenazi, Baez, Lopez, Pescarmona, Brito, Techint, Lascurian y toda la mersa.. ¿Pero desde cuando industriales que viven colgados del presupuesto estatal, los subsidios, los lobbys, el dólar alto, la protección injustificada son productivistas del año cero.
No señores, hay que poner en negro sobre blanco la raíz del conflicto. El modelo actual se apoya en un centralismo recaudatorio que paga el campo y en un subsidio a la industria mediante un dólar alto. Como a este último se lo comió la inflación es riesgosa la implementación de una tablita devaluatoria, de ingratos recuerdos, que inevitablemente acarrearía un estallido inflacionario. De modo que hay que bajar costos. Aparecen entonces los subsidios. Como el campo dijo basta ¿Qué se hace ahora? Ya aparecen los economistas productivistas que aseguran que “está claro que la industria necesita en esta etapa del desarrollo un tipo de cambio mayor que el campo” ¿Pero cuanto va a durar “esta etapa del desarrollo” ¿Mucho más?¿Hasta cuando va a seguir? ¡Pongamos un límite ya!, y que se cumpla.¿Habrá un dólar para las importaciones y exportaciones industriales diferente al de las exportaciones agropecuarias? ¿Quién lo paga? La confusión ideológica de nuestros intelectuales y políticos estatalistas es que comprenden en retro. Piensan en antiguo. El campo está sacudiendo la modorra. ¡Bienvenido sea!
(1)Descubierta: En la Campaña al Desierto eran los soldados gauchos que partían de los fortines en busca de rastrilladas que indicaban el paso “hacia las casas” de los malones indígenas.
(2)Jauretche, Arturo: Política Nacional y revisionismo histórico. A. Peña Lillo Editor. Buenos Aires 1959. Pa
abril 02, 2008
EL PERONISMO LINDO Y EL PERONISMO FEO
Este peronismo lindo sólo tuvo enfrente entonces dos enemigos: la izquierda, peronista o no, que jamás se identificó con su doctrina anticomunista y espiritual, y el peronismo antiguo, congelado en los instrumentos de la década del ’40. El peronismo lindo, que debió haber durado eternamente en su institución partidaria, en el poder o fuera de él, tuvo una sola razón para su caída: la decisión de Carlos Menem de pretender un tercer mandato en vez de designar un sucesor, en lo que resultó una mal calculada entrega del PJ al líder del peronismo antiguo, Eduardo Duhalde.
El peronismo antiguo aliado con la izquierda volteó a de La Rua y Cavallo –continuidad no institucionalmente peronista de Menem- y tomó ilegítimamente la presidencia de la Nación en la persona de Duhalde. Del peronismo antiguo al peronismo de izquierda había un solo paso y los Kirchner lo dieron, en un principio para negar al peronismo, y luego, ante el temor de que el verdadero peronismo los enfrentase, asumiéndose como peronistas. Falsos peronistas claro, aquellos que del peronismo sólo saben imitar el pasado y no recrear el nuevo.
De ahí que en estos días los mismos peronistas asistamos sorprendidos al regreso de algo que ya no reconocemos como propio: desde las patotas violentas de D’Elía hasta una plaza llena de movilizados enviados por algunos sindicalistas, intendentes, y gobernadores, peronistas corrompidos por la billetera kirchnerista y que dan vergüenza ajena por su traición a aquel pueblo que dicen defender. No faltaron tampoco las sorprendentes invocaciones a una supuesta división social entre oligarcas y cabecitas, como si el último gobierno del mismísimo General y más específicamente, el de Menem, no hubieran existido. Los Kirchner, careciendo de la más elemental cualidad de un peronista, cual es la de ver la realidad, no perciben que el actual enfrentamiento es entre la Argentina productiva (incluyendo a buena parte de los sindicatos vinculados a ésta) y la Argentina improductiva expresada en la creciente cantidad de recursos fiscales que el Estado demanda para sostener los millones de marginados y desocupados que los votan a falta de otra opción, y para disimular el acumulativo efecto de deterioro causado por este modelo económico. En su caricatura del peronismo del pasado, en ese cambalache ideológico donde se imita la voz cascada de Evita, se pone la mano sobre el pecho izquierdo al entonar el himno en un gesto grotesco para los argentinos y se recibe el pañuelo blanco sin animarse a ponérselo en la cabeza después de haber declamado admiración por las sufridas Madres de Plaza de Mayo, lo que el pueblo argentino tiene ante sí es un peronismo feo, que nadie quiere volver a ver, y menos que nadie los peronistas. El peronismo feo, en suma, porque es construido como negación de la verdad, usando la máscara peronista como un disfraz vacío de contenido y de doctrina: los Kirchner usurpan el pasado y lo distorsionan para servir a sus propios fines de poder.
Por eso el PJ es una pieza importante hacia el futuro de la Argentina y requiere la mayor energía de peronistas y no peronistas para recuperar su plena institucionalización democrática, aquella que permitirá reentronizar el peronismo lindo, el de la paz democrática, el de la permanente creatividad impulsada hacia el futuro y el del respeto a los deseos y necesidades del pueblo argentino, sirviéndolos con eficacia.
marzo 29, 2008
CONFLICTO DEL KIRCHNERISMO CON LA ARGENTINA INTERIOR por Víctor Eduardo Lapegna
Dato 1
La historia argentina prueba que cada vez que los precios internos de los alimentos componentes de la dieta popular de la Argentina peronista (carne vacuna, lácteos, panificación de harina de trigo, aceites, hortalizas, verduras y frutas) suben por encima de la mitad del promedio de los salarios básicos de convenio, surge una puja distributiva que amenaza con devenir en una severa crisis social, política y económica.
Dato 2
En los últimos años hubo un aumento general del precio internacional de los alimentos (la llamada “agflación” o inflación de base agroalimentaria), cuyo mayor y casi único beneficio para la Argentina fueron los ingresos generados por el alza del nivel de demanda y precio de la soja, que es la principal de las commodities que el país vende al exterior.
Dato 3
Dado que no parece posible modificar el hábito de los argentinos de comer una cantidad importante de carne vacuna, lácteos, panificación de harina de trigo, aceites, hortalizas, verduras y frutas que en el mundo real valen cada vez más; para evitar que esa alza de los precios conduzca a un conflicto social, en la Argentina se presentan una de dos opciones: que el nivel de los salarios locales permitan pagar el precio internacional de esos bienes o reducir de forma artificial ese precio en el mercado interno.
Dato 4
Si los precios internos de la carne vacuna, los lácteos, la panificación de harina de trigo, los aceites, las hortalizas, las verduras y las frutas convergieran con sus niveles internacionales y se compensara ese aumento con un incremento de los salarios, al menos, de igual proporción; entrarían crisis diversas actividades económicas que carecen de niveles adecuados de competitividad, productividad y eficiencia y que, en gran medida, se sustentan en salarios deprimidos y en un mercado interno protegido para sus productos y servicios.
Dato 5
Aunque en el último quinquenio se produjo una recuperación significativa del poder adquisitivo del salario de los argentinos respecto de la brutal reducción que impusieron la megadevaluación y la pesificación asimétrica, la tasa de inflación real (que en el 2007 fue cercana al 20 por ciento) y en especial el aumento del precio interno de los alimentos, presagiaba una fuerte puja por la distribución del ingreso y en especial por el alza de los salarios.
Dato 6
El gobierno de Néstor Kirchner antes y el de Cristina Fernández de Kirchner ahora, buscaron y buscan atenuar esa puja distributiva impidiendo que el alza del precio internacional de los alimentos se trasladara al mercado interno, a través de una política en la que convergen el establecimiento de crecientes retenciones a la exportación de alimentos, la aplicación de controles de precios a las cadenas de valor y el encubrimiento de los aumentos reales con datos falsificados por el INDEC. El propio ministro de Economía, Martín Lousteau, al explicar las últimas disposiciones en materia de retenciones, admitió que son un instrumento central de la política del gobierno de control de la inflación y sobre todo de moderación del alza del precio interno de los alimentos.
Dato 7
Además de ser usadas contra los aumentos de la inflación y del precio interno de los alimentos, las retenciones son una formidable aspiradora de recursos para el gobierno central que, por ejemplo y sólo en el año 2007, recaudó para sí por esa vía 4.750 millones de dólares y esos fondos, así como en los generados por el llamado “impuesto al cheque”, no se coparticipan las Provincias o Municipios; por lo cual, en los últimos años, se acentuó a grados superlativos el centralismo unitario que es contrario al régimen federal establecido por la Constitución y posterga a la Argentina interior, principal generadora de esos recursos, de los que sólo recibe la reducida parte que el poder omnímodo y arbitrario del gobierno central se aviene a darle a manera de dádiva, para comprar voluntades y apoyos políticos .
Dato 8
Al riesgo de un agravamiento de la puja distributiva por la inflación acumulada y la por venir, el fracaso de los sistemas de controles de precios internos para evitar el aumento de los alimentos, la necesidad de hacer caja para mantener el superávit fiscal de las cuentas nacionales, seguir pagando los subsidios que mantienen deprimidos algunos precios internos (combustibles, transportes, algunos servicios, etc.) y afrontar las inversiones que el poder central quiere realizar; se sumó la inquietud por la perspectiva de que la Argentina deje de estar “desacoplada” respecto de la crisis financiera internacional; conjunto de circunstancias que pueden explicar la decisión del gobierno de aplicar el nuevo régimen de retenciones en este momento, lo que hizo según el estilo de mando del gobierno de Néstor Kirchner que continúa el de su esposa, consistente en que una muy reducida cúpula de poder tome por sí y ante sí decisiones sorpresivas, sin consultar a los sectores involucrados y sin siquiera hacer participar en esa toma de decisiones a algunos de sus altos funcionarios con competencia sobre el tema en cuestión, siguiendo una línea que busca mandar, confrontar y vencer y no conducir y convencer.
Dato 9
Aunque el kirchnerismo gobernante asumiera que el aumento de las retenciones iba a ser rechazado por el sector agropecuario, ha de haber confiado en que podría acallar ese rechazo apelando al enorme poder centralizado que acumuló en estos años, sobre todo con un uso inescrupuloso y eficaz de las atribuciones ampliadas del Poder Ejecutivo y de una masa gigantesca de recursos públicos (buena parte de ellos debidos a lo recaudado con las retenciones, a partir de los altos precios internacionales sobre todo de la soja), de los que dispone a su arbitrio, hasta ahora en forma impune. Es un hecho que hasta ahora, con el manejo despiadado de las atribuciones del Poder Ejecutivo y de esa “caja” oficial, el gobierno que presidía Néstor Kirchner y el que aparece presidido por su esposa, consolidaron su poder y compraron silencios y complicidades de los gobernadores, intendentes, legisladores, dirigentes políticos, sindicales y empresarios, periodistas, académicos, etc. y doblegaron o acallaron a quienes plantearon alguna oposición.
Dato 10
Esa nueva realidad de poder impuesta por el kichnerismo se verifica en la diferencia en el comportamiento acerca de los reclamos del agro que tenían algunos gobernadores provinciales en el pasado reciente y el que tienen ahora. Por caso, cuando Eduardo Duhalde ocupaba la Presidencia y quiso aumentar las retenciones a las exportaciones de alimentos y energía, el planteo de los 14 puntos de gobernadores del interior le impuso renunciar a esa medida y en cambio ahora, los gobernadores de esas mismas Provincias se sienten obligados a tolerar en silencio o apoyar, aún contra sus deseos e intereses, medidas tomadas por Néstor y Cristina que son peores que aquellas. Sucede que Duhalde no manejaba la “caja” que manejan los Kirchner y estaba obligado a atender los planteos de gobernadores provinciales que habían sido sus electores y aún tenían una cuota de poder derivada, entre otros factores, del régimen federal de la Constitución Nacional, que hoy perdió toda vigencia. Los Kirchner, en cambio, consideran que no le deben nada a gobernadores provinciales, intendentes y otros dirigentes del interior y creen posible manejarlos como a burros, alternando la zanahoria y el palo.
Dato 11
La magnitud de la resistencia de los productores frente a la medida sólo en parte se explica por motivos económicos concretos, entre los cuales se puede mencionar que la reducción de los márgenes de rentabilidad impuesto por las nuevas medidas se combina con el aumento de los insumos que reflejan los precios internacionales, los costos diferenciales de los productores de zonas marginales (sobre todo los fletes) y las medidas que antes se habían adoptado contra las cadenas de la carne y de la leche.
Dato 12
Esas circunstancias económicas ayudan a entender que entidades como Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA) y CONINAGRO, que no es habitual que coincidan, hayan unificado su convocatoria a resistir el aumento de las retenciones, actitud que se acentuó por el hecho de que ninguna de esas entidades fue siquiera consultada o tenida en cuenta por el gobierno al tomar decisiones de grave incidencia en la actividad del sector
Dato 13
Hay también, por así llamarlos, “componentes subjetivos” que ayudan a entender la dimensión cuantitativa del movimiento de resistencia de la Argentina interior al aumento de las retenciones, entre los que cuenta el hartazgo creciente ante las actitudes de soberbia, agravios, atropellos y hasta insultos que signaron al proceder del kirchnerismo gobernante hacia el sector, que en su momento motivaron la reacción airada de Analía Quiroga, productora ganadera de Carlos Pellegrini que era por entonces dirigente de CARBAP, quien atribuyó a Néstor Kirchner insuficiencia de materia gris y fue y es mostrada por muchos medios de comunicación como paradigma del malhumor rural.
Dato 14
También parece haberse extendido la sensación de que, desde el gobierno, se va escalando una una ofensiva que primero afectó a los ganaderos, después a los tamberos y ahora va por los sojeros, la que ayuda e entender que los diversos y diferenciados sectores que componen las llamadas “fuerzas del campo” confluyeran en el apoyo al movimiento de resistencia, en el que participan no pocos de los alrededor de 400 mil pequeños y medianos empresarios agropecuarios del interior del país y no sólo los grupos concentrados que se dedican a la producción y exportación de commodities.
Dato 15
Ese masivo apoyo a la resistencia del campo se extiende a una parte de los actores urbanos de las ciudades del interior, cuya calidad de vida económica, social y política está en gran medida determinada por la bonanza del sector rural que las rodea que ve amenazada por las últimas medidas gubernamentales y si el conflicto provoca un nivel significativo de desabastecimiento en las grandes ciudades no puede descartarse que estalle una reacción de protesta callejera protagonizada por la clase media de esos centros urbanos, que ya está malhumorada con el gobierno, sobre todo por la inflación, la inseguridad y los signos de corrupción.
Dato 16
Si la circulación y el intercambio de ideas, informaciones, personas, capitales, bienes y servicios es una de las características principales del sistema propio de esta época de la sociedad del conocimiento y la globalización; no deja de ser congruente que los piquetes y cortes de calles y de rutas haya pasado a ser, al menos en la Argentina de los últimos años, una de las principales formas de la protesta social de actores del movimiento obrero (sobre todo, camioneros), del movimiento estudiantil, de vecinos alarmados por la inseguridad o de sectores marginados (piqueteros de distinto tipo, etc.) y que también sea ese el método principal adoptado por el actual movimiento de resistencia rural.
Dato 17
Es verdad que esa modalidad de la protesta social viola normas legales vigentes, afecta a sectores y personas que no son directamente responsables del motivo de la protesta, suscita divisiones y enfrentamientos artificiales y crea un clima de violencia que no condice con una sociedad democrática; pero también es verdad que la tolerancia y la complicidad con esos comportamientos contrarios a la ley fue una constante de los gobiernos de los Kirchner.
Dato 18
También hay que admitir que en la Argentina llevamos ya décadas de paulatino y severo debilitamiento de los niveles de organización política y social de la comunidad nacional, con la consecuente degradación del pueblo a la condición de masa, en un marco universal de creciente pérdida del sentido trascendente de la vida, de compromisos cada vez más efímeros y de una plétora material que coexiste con un páramo de valores; por todo lo cual no sorprende que en la Argentina de los últimos años hayan pasado a ser conductas habituales la extensión de la anomia (la falta de apego a normas de convivencia), el incumplimiento de las normas legales y constitucionales y las reiteradas y avaladas actitudes contrarias a la moral y a las buenas costumbres (valores cuyo mero enunciado suena a ironía por el generalizado rechazo a los mismos impuesto por el relativismo)
Dato 19
La cultura que aún predomina en la Argentina interior se sustenta en valores tradicionales (el patriotismo, el arraigo, la familia, el trabajo, el cumplimiento de la palabra, la religiosidad, etc.) a la vez que tiene inscriptas ciertas pautas (resistencia al cambio, individualismo, renuencia a la organización gregaria, distanciamiento de la “ciudadanía”), en una combinación que da cuenta de sus fortalezas y debilidades. Como ya se ha dicho en muchos comentarios periodísticos, el actual movimiento de resistencia de la Argentina interior semeja a la reacción violenta del manso que, cansado de ser agredido, rompe todos los límites y adquiere virulencia inusitada.
Dato 20
Por último, vale destacar el papel que en ese movimiento de resistencia viene jugando la corriente Pampa Sur (integrada, entre otras compañeras y compañeros, por María del Carmen Alarcón, Miguel Saredi y Miguel Pinedo), que se propone ser expresión política de ese sector real de nuestra comunidad que es la Argentina interior y en especial la Argentina rural, lo que en buena medida van logrando. Conviene tener en cuenta que, sobre todo desde la restauración democrática de 1983, el liderazgo político fue expresión de una representatividad social (la hegemonía de Lorenzo Miguel y la rama sindical sobre el Justicialista entre 1983 y 1987) y que quienes primero ejercieron liderazgos nacionales (sobre todo Raúl Alfonsín y Carlos Menem y en menor medida, Eduardo Duhalde) surgieron de un duro y largo cursus honorum realizado en la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista, que aún eran expresión orgánica de la identidad política de grandes mayorías del pueblo argentino. Se abrió luego un ciclo en el que los liderazgos políticos emergentes fueron resultado de operaciones de construcción de imagen en la opinión pública, en las que poco o nada tenía que ver la representación de sectores sociales reales, la historia militante o el cursus honorum
en los partidos políticos. Son los casos de Ramón Ortega, Carlos Reutemann, Daniel Scioli, Mauricio Macri o Francisco de Narváez, por mencionar los más epigramáticos. Entre ambos están las figuras de Néstor y Cristina Kirchner, cuyo poder político es innegable y que realizaron algún cursus honorum en el PJ, pero que no accedieron al poder por ello sino por la convergencia del estallido del 2001 y las circunstancias extraordinarias que se dieron en las elecciones presidenciales del 2003 y se mantuvieron en el poder, no tanto por ser expresión de un sector económico-social preexistente en la Argentina real (por caso, los capitalistas prebendarios), sino por haber construido desde el gobierno su propio sistema de poder económico-social y por tanto político. A la luz de lo dicho, la experiencia de Pampa Sur tiene el mérito de que busca una posición de liderazgo a partir de ser la expresión política de un sector tan real de nuestra patria, cual es la Argentina Interior y en especial los sectores del campo argentino.
Conclusión Esperanzada
El conflicto que hoy enfrenta al gobierno nacional con la Argentina Interior, al menos en el corto plazo, no es probable que se resuelva en favor de una de los dos voluntades enfrentadas por la derrota de la otra, en tanto los voceros de la Argentina interior no parece que puedan reunir una cuota de poder político suficiente para derrotar al gobierno y éste carece de una política que complemente su uso de la “caja” y pueda desarmar la sedición en su contra.
Pese a las loables intenciones y a los valiosos esfuerzos de algunos actores del movimiento de resistencia de la Argentina interior (verbigracia, el caso ya mencionado de Pampa Sur), nos parece difícil que, al menos en el corto plazo, puedan tener un programa, una política y un liderazgo capaz de atraer, expresar, contener, organizar y movilizar a sectores significativos de las grandes ciudades (en especial, al movimiento obrero) y sin esas adhesiones es difícil que la protesta pase del nivel de la resistencia al de erigirse en alternativa real de poder, con posibilidades de triunfo frente al kirchnerismo.
Por su lado, el gobierno no termina de encontrar una respuesta política para dividir, debilitar y desprestigiar a ese movimiento de resistencia a sus medidas y es sintomático que desde la Casa Rosada se siga recurriendo a sus piqueteros adictos (por caso, Luis D´Elia y Humberto Tumini) para enfrentar al movimiento de resistencia rural con un discurso limitado a gastadas consignas contra la “oligarquía insensible y golpista de la Sociedad Rural”, que pronto quedan desarboladas por el hecho que, con la SRA, coinciden CRA, Coninagro y sobre todo la FAA.
Si ese equilibrio inestable se mantiene, aunque se modifiquen algunas de las formas de lucha adoptadas por los contendientes, el escenario inmediato más previsible sería la continuidad del enfrentamiento sin que se impongan un ganador y un perdedor netos y la historia sugiere que el peor de los conflictos es el que se prolonga en el tiempo sin llegar a dirimirse a favor de una de las fuerzas que lo protagonizan, ya que ello lleva a quedar encerrado en un laberinto sin salida.
Un laberinto que se agravaría si, como dijimos en el Dato 15, el desabastecimiento de alimentos u otras circunstancias llevaran a la clase media urbana a lanzarse a realizar cacerolazos de protesta al estilo del 2001, reclamando otra vez “que se vayan todos”
Existe la posibilidad de salir de ese laberinto por arriba en la medida en que los argentinos sepamos aprovechar las condiciones que ofrece la situación internacional para que nuestro país, utilizando en plenitud los recursos naturales, humanos y tecnológicos con los que contamos, hagamos que el boom de la soja se extienda a otros bienes alimenticios (carnes, lácteos, papas y comidas congeladas) y así seamos capaces de generar riqueza, empleos y buenos salarios, aplicando ideas que ya habían expuesto Juan Domingo Perón y Ramón Carrillo en el Primer Congreso Argentino de la Alimentación de 1949.
En una próxima nota presentaremos propuestas concretas acerca de ese camino, que puede llevarnos a salir por arriba del laberinto en el que tiende a encerrar al país el actual conflicto entre el gobierno kirchnerista y la Argentina interior.
Buenos Aires, 25 de marzo de 2008
marzo 24, 2008
EL MODELO SE AGOTÓ por Claudio Chaves
Frente a la formidable devaluación del 300% y la pesificación asimétrica (novedosa y llamativa medida para licuar las deudas del empresariado ineficiente que pagaron los asalariados urbanos, desocupados y jubilados) el gobierno de aquel entonces instituyó las retenciones para paliar la crisis social y morigerar lo escandaloso de aquellas medidas. Devaluación y retenciones fue la cara y seca de la misma moneda. Hoy esto ha variado. Ya no es solo el valor del dólar el que determina las enormes ganancias sino el crecimiento de los precios de nuestros productos exportables. No es la decisión política del gobierno sino las condiciones del mercado internacional lo que determina las enormes ganancias.
En rigor hoy el dólar no tiene el valor de aquellos años de despojo. No es que le falten ganas al gobierno nacional y a la UIA (que propició el modelo) de llevarlo a aquellos valores de locura. Pasa que un impulso hacia arriba descerrajaría una inflación incontrolable. De modo que los industriales ineficientes lo que piden no es más devaluación, sino subsidios que le permitan bajar costos y tener competitividad internacional: gasoil barato, electricidad barata, gas barato, peajes baratos, salarios baratos, transportes baratos, pocos impuestos, etc.
El 11 de marzo la UIA se reunió con la Presidenta, el Ministro Lousteau y Julio De Vido en el encuentro se decidió implementar políticas más equitativas del ingreso nacional. Al día siguiente el Ministro de Economía anunció el aumento de las retenciones. Por su parte la UIA aseguró que su problema no era el tipo de cambio sino encontrar una manera de achicar los costos para hacerlos competitivos. El plan estaba pergeñado.
El nuevo conflicto industria-campo no se da entre sectores sustitutivos ("burguesía nacional") y "oligarquía ganadera" como en los años 50 y 60 sino entre industriales exportadores y agroindustria exportadora.
Es que el campo sigue siendo competitivo a nivel internacional no sólo por la riqueza natural sino por la formidable revolución productiva de los años 90'. Quedando rezagados los sectores industriales exportadores.
A esta realidad el gobierno le suma una mirada ideológica que complica aún más la cuestión. Anclados en un discurso vetusto consideran al campo un sector capitalista no productivo, rentístico y a los industriales la expresión genuina del capitalismo portentoso. A esta mirada se suma el progresismo insulso que defiende los mercados cerrados como antídoto a la globalización depredadora.
No son estos los únicos inconvenientes. El agro debe suministrarse insumos a valor dólar mientras que sus ganancias se efectivizan al mismo valor menos las retenciones. Para algunos esta actitud del gobierno es justa. Frente a las formidables ganancias del campo (dólar medianamente alto, precios por las nubes) se hace necesario compartirlas con el resto de la sociedad. Claro mediatizado y dirigido "justa y asépticamente" por el Estado Nacional.
De estos dos aspectos, los precios, gracias a Dios, no son manejables por el gobierno argentino, de modo que son excelentes. El otro aspecto el valor del dólar (promovido por el gobierno en virtud de su modelo productivo) genera los inconvenientes de una doble moneda: desacopla el mercado interno del mundial. Entonces suceden las prohibiciones para exportar.
El dólar alto y las retenciones para subsidios a la industria ineficiente o los servicios "intervenidos" es el núcleo del modelo.
El distribucionismo arbitrario de la renta nacional mediante ATN o decisiones de inversión en tal o cual cosa, en tal o cual provincia responde al viejo paradigma de la centralización y la planificación estatal y en nuestra historia al unitarismo más recalcitrante. Supone que el Estado es la herramienta eficaz de igualación de oportunidades. Una ingenuidad mal intencionada. No es el lugar para desarrollar la teoría del Estado. La libertad genuina, la descentralización y el poder en la gente es el mejor antídoto a la injusticia social en un mundo donde se ha venido abajo, por ineficiente, el Estado igualador y las teorías de la salvación por todos.
Así las cosas el conflicto se halla en un punto de difícil solución. Solución que seguro llegará sin satisfacción para ninguno de los sectores en pugna. El campo continuará huérfano de conducción política y el gobierno asediándolo cada nueva oportunidad.
UNA NUEVA ALIANZA SOCIAL
Luego de cuatro años de kirchnerismo y su continuidad, decidida por el voto espontáneo de la gente estamos arribando a un punto de inflexión.
Va quedando claro, como solo la experiencia cotidiana puede lograrlo, la verdad de la milanesa. En el camino se recuestan los heridos.
Es evidente que hay sectores en el país que nunca contaron con la simpatía del gobierno. Se les hizo notar en reiteradas oportunidades la hostilidad manifiesta. Entre ellos podemos enumerar a las Fuerzas Armadas, de Seguridad, la Iglesia y un sector del movimiento obrero. A poco andar el campo devino en enemigo. En las últimas elecciones se apartaron los sectores medios urbanos de las grandes ciudades.
Si a estos le sumamos los sectores más postergados, sufrientes de los severos problemas de seguridad y drogas que el gobierno, por razones de conciencia o ideológicas no puede resolver, tenemos un enorme arco social capaz de alzarse democráticamente con el poder si los sectores políticos no gubernamentales miraran con profundidad la crisis argentina y fueran capaces de ponerle letra a un programa mínimo.
Es evidente que en esta nueva construcción política no puede faltar el peronismo que ha entendido que el mundo ha cambiado luego de 1989. Este peronismo debe zafar de la trampa a que lo ha llevado la fraudulenta reorganización del partido. Reorganización que se hizo desde el centro del Estado para maniatarlo y silenciarlo. El peronismo de provincias debe reaccionar. Tiene la obligación de hacerlo sino será superado por los hechos.
Al igual que en el 2002 cuando los gobernadores justicialistas mediante los 14 puntos orientaron al Presidente Duhalde, hoy debieran dar alguna seña por que persuada al gobierno nacional a un replanteo de sus pasos y volver a un clima social sin tanto enfrentamiento y asperezas.
marzo 17, 2008
MÁS ALLÁ DEL PJ
Es bueno tener en cuenta que una vez reorganizado el PJ y con las distintas líneas representadas en la competencia electoral, la mayor diferencia fuera de la calidad carismática de algunos cuadros, será dada por el conocimiento. Si Perón fue un gran planificador y un estudioso conciente de los problemas de Estado y sus políticas públicas -recordar el importantísimo rol de Figuerola-
sus seguidores no se han caracterizado siempre por el mismo rigor, siendo el de Menem un caso aparte ya que con gran tino recurrió al creador del mejor think tank argentino.
El mismo Kirchner que lanzó mucho antes de soñar con ser Presidente su grupo Calafate, una vez llegado al poder se olvidó de su propio aparato de sostén intelectual, independiente del Estado, prefiriendo la tarea desorganizada bajo su conducción de cuadros dispersos en el Gobierno, muchos de ellos con una formación muy precaria en el conocimiento y diseño de políticas públicas eficientes. Es de suponer que ahora que tiene más tiempo, además de tratar de consolidar su línea K dentro del PJ, dedicará también parte de sus infinitos fondos a crear un verdadero think tank -quizá la misma Fundación Calafate- y a formar cuadros. No sabemos, en cambio, qué va a hacer su oposición dentro del PJ, ya que hoy no cuenta con un think tank semejante dedicado a ser su soporte intelectual. Las ideas de gestión alternativas a las de los Kirchner no tienen hoy un espacio nacional de estudio y análisis y esta es una carencia tan grave para los opositores como la de la falta de representatividad en el PJ.
Es posible que el PJ coagule en su estatizada forma PK, y es posible que se abra a un auténtico juego democrático. En un caso y en otro, una importante mayoría de peronistas no kirchneristas tendrá esta vez, junto a la demanda de un espacio propio, una exigencia infinitamente mayor a la del pasado: tener líderes y representantes que no sólo los expresen en su doctrina e ideología sino que tengan el conocimiento necesario para hacerlas valer. No pedirán sólo individuos carismáticos, pedirán equipos muy profesionales y coherentes, Recordarán que el fin de la vieja política significa no el fin de los políticos sino el fin de los políticos improvisados y que el ingreso a la nueva política pasa por una gestión racional posterior al conocimiento profundo de los problemas públicos. Si el peronismo fue siempre un sentimiento, ahora deberá ser, además, un conocimiento.
Más allá del espacio PJ, hay un espacio intelectual que también debe ser ocupado, y pronto. Una vez en el gobierno, las batallas sólo podrán ganarlas los capaces. ¿O acaso las batallas que el actual gobierno ha comenzado ya a perder no son el producto de su incapacidad profunda y de su infinito error por falta de conocimiento?
marzo 09, 2008
LA REALIDAD, ESA TRISTE VERDAD
Sin embargo, para las elecciones presidenciales de 2011 se firmó un acuerdo por el cual el candidato presidencial se elegirá en internas abiertas. Ya que todos, incluso el mismo Kirchner, reconocen que los padrones del PJ están caducos, por qué no adelantar el espíritu democrático del 2011 al mes de mayo de 2008, asumiendo que todos los ciudadanos que concurriesen a votar podrían ser ciudadanos en busca de un gran partido al cual afiliarse y en el cual influir, o bien ciudadanos activos y atentos al desarrollo democrático de una de sus instituciones políticas básicas. Más aún, como hay muchos PJ provinciales en idéntica condición de irrepresentatividad, mayo sería una excelente ocasión para renovar las autoridades partidarias en todo el país.
Por supuesto, es imposible que esto ocurra, porque Kirchner ha acumulado más poder que los casi cuarenta millones de argentinos desmovilizados por falta de otro liderazgo, aunque sólo fuese por ahora una junta unificada de líderes opositores. El PJ se organizará entonces de acuerdo a lo que Kirchner mande y no a lo que al resto de los argentinos les convenga. Este libreto permanecerá inalterable a menos que algunos de los que representan legalmente a estos argentinos en la actualidad, léase, diputados, senadores y gobernadores, acompañados por aquellos que los representaron alguna vez, se alcen con toda la energía política y las armas legales disponibles e impidan este nuevo ataque a una verdadera democracia.
La reorganización del PJ puede hoy parecer un tema que sólo interesa a líderes o militantes relegados de un PJ que de todos modos nunca tuvo buena prensa en amplios sectores de la sociedad. Mañana, cuando el primer y más importante partido de la Argentina pase a formar parte de la Internacional Socialista y cuando la administración pública argentina termine de homologarse con la de Venezuela, el error de no haber intervenido a tiempo allí donde está el núcleo del futuro poder, se hará sentir, ya no en el peronismo, sino en el resto de la comunidad.
Hablando del General ¿quién lo cuida en San Vicente? No vimos a los Kirchner muy interesados en protegerlo cuando trasladaron sus restos. Hoy se acuerdan de él para reclamar su herencia institucional. Esperemos que el auténtico heredero haga oír su voz, con ese tono habitual del escarmiento y no con el falsete nasal de la obsecuencia escuchado el último viernes.
marzo 01, 2008
LAS FINANZAS DEL PJ
No se trata sólo de la ya famosa mítica valija con los dólares venezolanos destinados a la campaña presidencial que ya hace compañía en el imaginario público a la otra famosa valija de Amira, sino de una discusión mucho más profunda acerca de cómo es usado el dinero público. Si la justicia argentina no es confiable y si el ejecutivo promueve la trampa como sistema útil a su proyecto político, no hay otro modo de ejercer presión más que a través de instituciones privadas.
El PJ es una institución privada, y la presión pueden y deben ejercerla sus afiliados, también activos en cuanto a la renovación del padrón y al respeto de las reglas orgánicas del partido. Por otra parte, organizaciones no gubernamentales y apartidarias, con gran prestigio local e internacional, como el CIPPEC y la recientemente premiada Fundación Atlas, deberían ser auditoras y veedoras de la transparencia en la reorganización del PJ. Estas instituciones podrían también colaborar con los afiliados peronistas, desorganizados desde que se ha eludido organizarlos desde el mismo partido, y orientarlos a una participación jurídica activa y eficaz que los restituya en su derecho de únicos dueños legítimos de su histórico partido. Tal vez Transparency International que supo colaborar con el gobierno en otros temas quiera ahora también aportar su cuota para la transparency local.
Todos sabemos que en el fondo sólo se trata de las luchas entre dos proyectos contrapuestos en lo político, lo económico y lo geopolítico y que cada actor político hará siempre todo lo posible para llevar agua a su molino, pero las reglas que unos y otros acordamos fueron las del juego democrático dentro de instituciones limpias y no las del asalto desde el Estado sobre la vida civil. Desde Duhalde, con su ataque a la institucionalidad, a la moneda y a los contratos privados entre los argentinos y entre argentinos y extranjeros, la vida política argentina cruzó una raya y nunca más regresó a la legalidad. Con lo cual se advierte claramente que uno de los dos proyectos jugó sucio al país y a los argentinos y, de paso, proyectó de modo psicopático su culpa sobre el modelo que pretende sustituir. Ese estilo del juego sucio en un modelo que de otro modo no contaría con el favor de la mayoría de los argentinos, ha resultado perdurable pero da la impresión de que debería terminar ya, antes de que termine con el resto de la esperanza que le queda a la Argentina de sobrevivir estratégicamente y no dentro de la táctica de la soja y el petróleo caro.
Mirar el PJ desde el punto de vista amplio de sus finanzas y analizando qué es legal y qué no en la vida política democrática plena que todos los argentinos nos merecemos, es una discusión colectiva pendiente.
febrero 19, 2008
EL PJ: LA CASA COMÚN
Pocos meses después de la elección en la cual resultaron triunfantes, difícilmente los Kirchner podrían perder una elección interna en el PJ, aún con los padrones actualizados. O sea que la presidencia eventual de Kirchner al frente del PJ no es el punto ni la manzana de la discordia, sino su insistencia en evitar líneas internas de ideas opuestas a las suyas dentro de un partido que pretende convertir en el eje de un frente socialista. En esta posición kirchnerista se observan dos problemas superpuestos que, sin embargo, conviene discutir por separado.
La primera discusión se refiere a la organización democrática y a cómo Kirchner puede optar honorablemente por ésta o persistir en la equivocada actitud del vivo local, que le puede traer predominancia hoy, pero sólo desdichas mañana. El PJ debe incluir todas las corrientes, incluso la kirchnerista y también las más izquierdistas, como la de Pino Solanas, por la simple razón de que el PJ es de todos. “Mi único heredero es el pueblo”, dijo el General, y no hay más que discutir: el PJ es de todos y los dirigentes se eligen en internas; y sí, el gana gobierna y el que pierde acompaña. Esta discusión, como de costumbre, continua y se dirime, como todas las discusiones exclusivamente peronistas, en la bolsa de gatos, ya sea en la bolsa chica de un PJ kirchnerizado o en la bolsa más grande de los dos PJ en pugna, el kirchnerista y el paralelo o disidente.
La segunda discusión interesa en cambio a la sociedad en general, que precisa un orden institucional donde las opciones políticas se desplieguen con claridad. En este sentido, el reclamo cada vez más generalizado de un sistema bipartidista parece indicar que los argentinos preferirían contar con dos partidos fuertes, flexibles y elásticos en lo interno, más que con partidos débiles cuya única fuerza sería la de constituir frentes electorales. Si la opción es entonces por el bipartidismo, el problema a resolver tanto en el PJ como en el Partido Radical, el de la democracia interna y la flexibilidad para aceptar la puja de proyectos disímiles. Esta flexibilidad interna, que obligaría a la permanente batalla interna por las ideas y las posiciones, daría al país un muestrario de opciones políticas amplias y variadas, con dirigencias permanentemente renovadas dentro del orden institucional del partido. Repetida en los dos partidos, esta misma flexibilidad haría posible concentrar la participación política de actores disímiles en ambos partidos, no enraizando ninguno de los dos durante demasiado tiempo en ninguna posición. O sea, un férreo bipartidismo para lograr el más alto movimientismo.
Es este tema de la flexibilización el más difícil de entender para Néstor Kirchner, de espíritu controlador, autoritario, centralista y, básicamente, antidemocrático. Es sobre este punto que la dirigencia peronista que se le opone debería alertar a la comunidad, porque va en contra, no ya de los intereses de los peronistas opositores a Kirchner, sino del más alto interés de la comunidad, que merece lo mejor en ideas y en dirigencias renovables.
febrero 14, 2008
LA MILITANCIA POLÍTICA PUEDE VOLVER A ENAMORAR(NOS)? por Víctor Eduardo Lapegna
Cualesquiera haya sido la organización y la corriente ideológica a la que adherimos en aquellos inicios, teníamos en común una convicción: estábamos adoptando un compromiso político que nos convertía en protagonistas de un proceso revolucionario, trascendente y colectivo que cambiaría al país y al mundo.
Ni siquiera nos pasaba por la cabeza recibir alguna compensación material por una militancia que forjaría una Argentina grande y un pueblo feliz, objetivos tan grandiosos que tornaban insignificante cualquier recompensa personal que pudiéramos obtener en el camino y repudiable todo rasgo de individualismo por ser una “desviación pequeño burguesa”.
No concebíamos a la militancia política como una vía de acceso al bienestar económico para nosotros y para nuestras familias o para conseguir prestigio social y sólo era aceptable alcanzar cierta fama si era un resultado - no buscado explícitamente - de un comportamiento heroico, que llegaba al sacrificio de la libertad o de la propia vida.
En otros términos, desde principios de la década de 1960 y hasta comienzos de los ´80, la militancia política, en tanto decisión personal de acción colectiva, era una opción elegida por quienes no teníamos ninguna pretensión de llegar a ser “ricos y famosos”, dado que éramos – o al menos, creíamos ser - actores de una epopeya que dotaba de sentido trascendente a nuestra vida y todo lo demás venía por añadidura.
Nací y crecí en una familia de clase media, primero en la ciudad de Buenos Aires y después en Rosario y recuerdo que quienes eran nuestro entorno y no adherían a la vocación militante que compartíamos con tantos jóvenes que hace 40 o 30 años iniciábamos nuestra vida política, nos consideraban unos ilusos que pretendíamos una transformación imposible, “idiotas útiles” de ciertos centros de poder que se aprovechaban de nuestra falta de experiencia o “diletantes” de una actividad que nos hacía perder un tiempo que mejor haríamos en dedicarlo a estudiar o a trabajar. Pero no recuerdo que nadie nos señalara por ser parte de un ambiente corrupto o nos acusara de trepadores que queríamos usar a la política para nuestro bienestar personal.
Es evidente que la realidad de hoy es del todo diferente a la de entonces, pero no quiero detenerme a considerar aquí lo que sucedió en la Argentina en estos años y de que modo ese proceso histórico nos afectó a quienes nos integramos a las nutridas columnas de la militancia política en las décadas de los ´60 y de los ´70.
Tampoco quisiera caer en una inconducente nostalgia del pasado o presentar una imagen idílica de aquellos años, que no se corresponde con la realidad que vivimos.
Al menos corresponde admitir que aquella experiencia militante estuvo signada por una soberbia ideológica y una intransigente intolerancia a la alteridad que, entre otros efectos nocivos, nos condujo a aceptar que el ejercicio de la violencia era un recurso legítimo para dirimir los conflictos propios de toda vida en comunidad y a subestimar el valor de la libertad, comenzando con la propia.
Pero lo que busco con este escrito no es intentar un balance de aquellos tiempos sino, apenas, recordarles a las compañeras y compañeros que lleguen a leerlo y que hayan compartido aquella experiencia, que hubo un tiempo no tan lejano en el que estábamos enamorados de una militancia política que dotaba de sentido trascendente a nuestra vida, en tanto formábamos parte de una epopeya colectiva que llevaría a lograr la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria.
Mi intención es invitarles a preguntarse si la militancia política puede volver a enamorar (nos) y a tratar de discernir lo que debería suceder en la realidad contextual y en nosotros mismos para que así sea.
Confieso que, en mí, la pregunta es algo tramposa ya que, habiendo cumplido 60 años de los que dediqué 46 a una militancia más o menos orgánica e ininterrumpida, sigo enamorado de la política como cuando me inicié en ella, aunque de un modo diferente. De modo que yo ya tengo una respuesta afirmativa al interrogante del título, sin que eso implique que no sea un duro crítico a las formas y los contenidos actuales de la política argentina en general y de la política peronista, que es la mía, en particular.
Pero debo aceptar que se me considera una suerte de dinosaurio y, por ejemplo, también sigo tan enamorado de mi esposa como cuando la conocí hace 40 años o cuando me casé con ella, hace 37 y aunque el tiempo transcurrido llevó a que ese amor sea hoy diferente de cómo era hace 35 o 40 años, no por eso es menos intenso y profundo. Y lo que aquí digo del amor por mi esposa también puedo decirlo de mi amor por la militancia política.
Aún cuando se me tenga por un raro sobreviviente de una especie ya extinguida, tengo la sospecha que en toda la Argentina somos miles de mujeres y hombres los que compartimos aquella experiencia militante sesentista y setentista y que guardamos en nuestro espíritu, al menos, el rescoldo de aquella llama que en nuestros corazones supieron encender Perón y Evita.
Debo decir que, en cierta medida, la redacción de este artículo me fue suscitada por la anunciada perspectiva de reorganización del Partido Justicialista, aunque no soy ingenuo y tengo bastante claro que los intereses, alcances, métodos y objetivos de quienes conducen y promueven ese proceso no son los míos.
No obstante, también creo que por arriba y por debajo de esos conductores y promotores, seguimos existiendo los peronistas y aunque se nos quiera mantener como convidados de piedra en esa amañada reorganización del PJ, no me parece imposible que a esas cúpulas, en cierta medida y contra su voluntad, les pueda suceder lo que al aprendiz de hechicero, quien puso en marcha fuerzas que después no pudo controlar (¿recuerdan al Ratón Mickey en la película de Walt Disney?).
Es desde esa perspectiva que me propuse tratar de indagar, en el modesto alcance de mis posibilidades, cuantos y quienes somos las compañeras y los compañeros que, formulada que sea la pregunta del título, podemos tratar de darle una respuesta afirmativa pensando, debatiendo, acordando y poniendo en marcha condiciones propicias en la realidad general y en nuestra interioridad, que hagan que la militancia política en el peronismo nos vuelva a enamorar y así contribuyamos a modificar esta Argentina decadente que nos duele cada día.
velapegna@yahoo.com.ar
febrero 12, 2008
SITUACIÓN DEL PERONISMO por Claudio Chaves
No les preocupa la legitimidad de las futuras autoridades partidarias ni les quita el sueño su origen espurio puesto que los que participarán del “nuevo” PJ serán aquellos cuya representatividad ha sido otorgada por el voto ciudadano el 28 de octubre(Kunkel Debate 26/1/08). Así estamos según las últimas declaraciones de los responsables o irresponsables del nuevo armado.
HAGAMOS UN POCO DE HISTORIA
El peronismo nació de manera súbita. Se hizo presente de golpe. Inesperadamente. Precisamente el día que el Coronel arribó a la Secretaría de Trabajo desde donde desarrolló su obra de reivindicación social. Todo el año 44 fue su carta de presentación. En una gigantesca movida de realizaciones, decretos, leyes, encuentros, concentraciones y discursos, Perón, desplegó su programa y su proyecto. El tomo 6 de sus obras completas revela la formidable labor desarrollada por el Coronel en dicho año.
En los discursos y ponencias ante concentraciones obreras el lector puede hallar los fundamentos de lo que sería a futuro la doctrina peronista. Luego vino el 17 de octubre, movilización absolutamente espontánea, vale recordar y finalmente enancado en esa formidable ola popular, su triunfo electoral de febrero del 46 con el 54,8 % de los votos y un escasísimo ausentismo, como no se había dado hasta el momento lo que le daba a Perón una extraordinaria legitimidad.
El triunfo electoral se canalizó por medio de dos agrupaciones políticas y un partido. En una palabra tres boletas con el mismo candidato.
La Unión Cívica Junta Renovadora, los Centros Cívicos y el Partido Laborista, este último, fundado el 24 de octubre de 1945.
El 71% de los votos recibidos por Perón vinieron de la boleta laborista. Con estas fuerzas llegó al poder. Su primer Gabinete expresaba, aproximadamente, esta alianza.
Cuando faltaban pocos días para asumir, el 23 de mayo de 1946 Perón acompañado del vicepresidente, del gobernador de la provincia de Buenos Aires, algunos senadores y diputados lee por radio una proclama que entre otras cosas decía:
“Caducan en toda la República las autoridades partidarias actuales de todas las fuerzas que pertenecen al movimiento peronista.
Como Jefe, encargo en la fecha a los camaradas legisladores, que forman las autoridades (mesas directivas y presidentes de bloques) de ambas Cámaras legislativas nacionales, la organización de todas las fuerzas peronistas como Partido Único de la Revolución Nacional.”[1]
Se le hacía imperativo al Presidente Perón zafar del cordón de acero tendido por el proletariado. Para lograrlo había que disolver al laborismo que le había dado el 71% de los votos.
Al poco andar el Partido Único se transformó en Partido Peronista. Así de esta manera con funcionarios públicos elegidos en las elecciones del 46 y desde el centro del Estado nació esta nueva formación política. Esta impronta no se pudo olvidar jamás. Lleva la indeleble marca de ser una agrupación del poder y para el poder.
¿Es esto bueno? ¿Es malo? No se. Es así.
Tan importante fue el peso de los funcionarios del Estado en la construcción del partido que según su ubicación o escala en los cargos públicos su voz valía más a la hora de las decisiones partidarias. Veamos un ejemplo: Bustos Fierro, diputado por la Provincia de Córdoba fue uno de los elegidos por Perón para conformar el primer Consejo Superior del Partido. En una reunión convocada para discutir aspectos organizativos, el diputado cordobés fue señalado por los radicales renovadores como la voz autorizada para dar la opinión del grupo. Así lo hizo.
“De pronto el Senador Nacional Diego Luis Molinari (radicalismo renovador) pronunció una extensa y vehemente arenga, adhiriendo en lo sustancial a la tesis formulada por Mercante. Que contradecía lo acordado entre los radicales renovadores. Como el Senador Nacional, además de figura descollante, era Presidente del Bloque de Senadores y no aclaró que opinaba a título personal su discurso causó azoramiento y confusión”[2]
De este comentario se desprenden algunas cosas:
a) En la organización del novedoso Partido pesaban más las decisiones de aquellos funcionarios del estado ubicados en escalas más altas.
b) Y como ellos se ponían de acuerdo por encima de las identidades políticas previas.
¿Puede desprenderse el peronismo de esta marca de origen?
Durante los nueve años de gobierno el Partido Peronista no tuvo prácticamente vida propia.
“Los Consejos Superiores que se fueron sucediendo (invocándose siempre la razón de emergencia) presididos por Mercante primero, por Tessaire después y por Leloir en las últimas etapas no tuvieron otra fuente que la nominación designativa del Jefe de Partido”[3]
Entre muchas cosas esto determinó su parálisis e inacción frente al golpe del 55’.
“Lo cierto fue que tanto la organización como el aparato del Movimiento, a pesar de su frondosidad y su perfección formal demostró su inoperancia y debilidad y, salvo algunos casos aislados, su falta de previsión, de espíritu de lucha y de sacrificio para la acción en la adversidad”[4]
Perón vio el problema sin embargo no dijo nada, abordó el inconveniente sin nombrarlo. Las comunicaciones de Perón inmediatamente después del golpe hablan de la necesidad de organizar al pueblo que se halla absolutamente disperso, desorientado y en diáspora.
En una carta a Juan Garone manifiesta descorazonado:
“Hace cinco meses vengo luchando sin conseguir que el pueblo argentino se dedique a la resistencia civil”
“Esta falta de decisión para resistir a la dictadura ha surgido del hecho que los dirigentes estaban más inclinados a esperar un golpe de fortuna mediante los golpes militares (9 de junio de 1956) que por un trabajo metódico de resistencia”[5]
Aquí estaba su debilidad. No fue un partido construido para alcanzar el poder, fue fundado desde el poder para permanecer en él.
El retorno de Perón en el 73 conquistado por las luchas populares y los sindicatos reveló una vez más la inutilidad de ese estilo de construcción política. En la oposición el Partido no existía. Esa es la razón por la cual Perón, siendo Presidente por tercera vez, en su discurso del 1 de mayo de 1974 el día que echó a los Montoneros aseveraba:
“Yo quiero que el día del trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes, sabios y prudentes, que han mantenido fuerza orgánica”
Los sindicatos habían logrado lo que el Partido jamás alcanzó: fuerza orgánica.
EL RETORNO DE LA DEMOCRACIA
A partir de 1983 frente a la nueva realidad latinoamericana de retorno a la democracia y derrotado el peronismo en elecciones claras e inobjetables un proceso de democratización o renovación en búsqueda de los mariscales de la derrota culminó en la primera interna de este partido. Un intenso debate y encontronazos modificaron el perfil del partido. Ahora había que organizarse desde el llano para llegar al poder. Triunfante Menem en la interna ganó luego las elecciones nacionales. La década del 90 fue una novedosa experiencia partidaria para el peronismo que vio florecer internas provinciales y un profundo debate acerca de si debían ser abiertas o cerradas. La democracia partidaria era una realidad jamás vista en el peronismo. Las reformas del 90 generaban su correlato democrático en la vida partidaria.
Sin embargo el peronismo no pudo sobreponerse a su segunda derrota en 1999. ¿Quién fue en este caso el mariscal o los mariscales de la derrota? La respuesta va a depender según en que sector del peronismo
uno se pare.
El peronismo ya no guardaba una identidad compartida.
La contrarrevolución del 2001 avanzó en el sentido de los nuevos liderazgos latinoamericano del progresismo interventor. El triunfo de Kirchner en ese sentido marchó en la misma dirección que la corriente latinoamericana.
¿ES POSIBLE LA REUNIFACIÓN DEL PERONISMO?
La realidad argentina actual es diferente a la de los 90’. Un subido intervencionismo de estado asfixia la vida económica y corrompe a políticos, empresarios, dirigentes gremiales y el mundillo de intermediarios de la obra pública y de subsidios estatales. Un capitalismo de amigos en pos de la burguesía nacional nos retorna al pasado. Entonces se hace necesario una vuelta a la vieja vida partidaria. El gobierno nacional pretende una maquinaria política similar al del peronismo de origen. Como si Kirchner fuera Perón y la Argentina actual la del 46’. Construir un partido desde el poder y hablar de democracia y aggiornamiento es un disparate tal que no merece comentario.
Ciertamente la vieja cultura partidaria no ha desaparecido. Muchos cuadros políticos peronistas, posiblemente la mayoría, aceptarán el convite por esta inercia y por patéticas miserabilidades. ¡Al fin y al cabo las tradiciones y el pragmatismo tiran más que una yunta de bueyes.
Hay otro aspecto a señalar. En las últimas elecciones Cristina Kirchner ganó con el voto tradicional del peronismo social y el empuje de las estructuras políticas del peronismo existente. Esa novedad ha llevado al gobierno a plantearse la necesidad, no de reconstruir el partido, sino de maniatarlo y controlarlo desde el centro del Estado.
¿Qué debemos hacer la minoría que creemos y valoramos la democracia en la vida política y en la económica? ¿Irnos, participar o llamarnos a silencio en la espera de nuevos y mejores tiempos?
Si fuésemos capaces de construir una fuerte corriente en todo el país la respuesta sería muy sencilla.
La solución que ha encontrado el gobierno es dejarnos afuera o incorporarnos bajo su estricta tutela.
[1]Mackinnon, Moira: Los años formativos del Partido Peronista. Ed. Siglo XXI. Bs. As. 2002. Pag. 40
[2]Bustos Fierro, Raúl: Desde Perón hasta Onganía. Ed. Octubre 1969. Pag. 58
[3]Bustos Fierro, Raúl: Ob. Cit. Pag. 63
[4]Guardo,Ricardo: Horas Difíciles. Ed A Peña Lillo. Bs. As. 1963. Pag. 55
[5]Perón, Juan D.: Correspondencia T.1 Ed. Corregidor Bs. As. 1983. Pag. 34
febrero 07, 2008
EL PJ PARALELO
Nada sino la renuncia a organizarse de los mismos dispersos miembros de las diversas corrientes opositoras a Kirchner, será lo que detenga este proceso de recuperación de la tradición y de renovación de la política por medio de la discusión. Como bien dice Pascual Albanese en su comentado artículo Peronismo y democracia: “Hacia adentro del peronismo, el objetivo es llegar a conformar una “masa crítica” dotada de poder suficiente como plantarse seriamente como una alternativa real al oficialismo. Esto implica generar un amplio espacio de coincidencias, capaz de atraer a todos los dirigentes y sectores políticos y sindicales que no comulgan con el proyecto oficial de vaciamiento del peronismo”. La construcción de un PJ paralelo, con una expresión virtual en Internet como punto de encuentro y referencia, es posible y recomendable, y sólo depende de aquellos dirigentes y militantes que asuman su inalienable derecho a la absoluta libertad para hacer y crear.
En este momento hay dos posibles PJ: el del oficialismo cerrado a una posible institucionalización democrática y el de una oposición que, mientras busca el momento y las condiciones para regresar a la institución, puede crecer y desarrollarse en total libertad y en pleno uso de sus facultades creativas políticas; entre ellas la de una depuración de los padrones. Un día, esperemos que no muy lejano, ambos PJ serán uno solo: el Partido Justicialista institucional, tradicional y democrático. “La organización vence al tiempo”; en este caso, lo que vencerá al tiempo será la oposición organizada.
febrero 02, 2008
MILITANDO POR UN SUEÑO
"Yo tengo un sueño". La frase de Martin Luther King, repetida rítmicamente en el más famoso de sus discursos, siempre viene al caso en toda etapa seminal. Los sueños cuentan. Los sueños hacen.
Mi sueño es que el Partido Justicialista se convierta en un partido democrático con muchas líneas internas que expresen las diferentes tradiciones conservadoras, las anteriores al peronismo, las del peronismo más ortodoxo y la de la síntesis peronista-liberal, que expresa el progresismo modernista opuesto al estatismo centralista y socialista de, por ejemplo, los Kirchner.
Es un sueño relativamente novedoso, porque si bien tenemos la experiencia de los 90 de Menem-Cavallo, en la cual esa alianza funcionó con eficacia durante un tiempo, nunca hemos hecho el trabajo de construir a conciencia un partido común que blanquee y solucione por fin el conflicto histórico que ha originado la persistente carencia de una jerarquizada dirigencia política. El peronismo debe obligatoriamente concluir con su reemplazo de las elites conservadoras del pasado, ya que éstas, diluidas por el mismo peronismo y por la fuerza de la historia, no pueden ser ya alternativa y, abandonado el rol de enemigas, sólo les cabe el de socias.
El actual remanente de dirigentes peronistas vivos puede cumplir con esta misión histórica o no. El sueño puede convertirse en realidad o no. Todo depende de cómo los argentinos interesados en la vida política puedan absorber este desafío. Nos encaminamos hacia un sistema nítidamente bipartidista. El otro partido será, sin duda, el radical, con su tradición opositora de desafiar al peronismo en tanto encarnación de una elite popular y democrática. El peronismo encarnado en su más amplia dimensión filosófica, cultural e histórica, el justicialismo, permitirá al radicalismo una equivalente redefinición ampliada de sus metas filosóficas, culturales e históricas.
Comparativamente, y para tomar como ejemplo los países que están en el origen de esta formulación de sistema bipartidista, se puede decir que el Partido Justicialista debería ser el equivalente del Partido Republicano en los Estados Unidos y del Partido Conservador en Gran Bretaña, y el Partido Radical, el equivalente del Partido Demócrata en los Estados Unidos y del Partido Laborista en Gran Bretaña. El problema a resolver es que quien aspira hoy a reorganizar y dominar el Partido Justicialista tiene el sueño exactamente opuesto.
Estos años anárquicos en lo político han dejado un saldo creativo riquísimo que aún no luce porque no ha encontrado su forma institucional. Hay más de un sueño activo y las preguntas para este foro son: ¿Qué estamos soñando? ¿Cómo imaginamos el sistema bipartidista? ¿Cuál es la identidad institucional del Partido Justicialista que mejor servirá a la Argentina?
febrero 01, 2008
LA REORGANIZACIÓN DEMOCRÁTICA DEL PARTIDO JUSTICIALISTA por Víctor Eduardo Lapegna
Esa “lucha por la idea” y la participación de los afiliados en las decisiones fueron reemplazadas en todos los partidos políticos argentinos por caudillismos personalistas, que excluyen a los afiliados de toda participación en la toma de decisiones y tienden a reducir a esos partidos a la pobre condición de sellos utilizables en operaciones electoralistas para difundir imágenes y mensajes empobrecidos entre un electorado degradado de la condición de pueblo a la de opinión pública.
La reducción de la política a unos cínicos procedimientos vacíos de ideas, de valores y de sentido trascendente, que son practicados por una corporación oligárquica que busca mantener el control sobre la sociedad y servirse del poder como un objetivo en sí mismo; es uno de los principales motivos del descreimiento que la política suscita en nuestro pueblo en general y en las generaciones jóvenes en particular.
Esos vicios funcionales de los partidos políticos causan graves fallas en los procedimientos de selección y elección de los representantes, influyen en la baja calidad de los servicios que los gobernantes brindan a la sociedad y aumentan el descontento hacia la política en general que, durante la crisis del 2001, se expresó en la consigna que reclamaba “que se vayan todos”.
Como no podía ser de otro modo y según se puede constatar en el escenario del poder político actual, lejos de irse casi todos se quedaron y la irresuelta crisis del sistema de representación institucional y de los partidos políticos buscó ser procesada por todos y cada uno de los diversos sectores e intereses que conviven y compiten en nuestra sociedad tratando de obtener sus reivindicaciones e incidir en su favor en los sistemas de toma de decisiones, recurriendo a los siguientes procedimientos básicos:
- Lograr un acceso personal y directo a quienes dirigen esos centros de toma de decisión e influir sobre ellos a través de diferentes vías informales y en muchos casos ilegales o ilegítimas (que van desde el soborno a la extorsión), en lo que se suele designar con el término inglés “lobby”.
- Movilizarse en las calles y ocuparlas con el mayor escándalo posible, para exponer los reclamos sectoriales y presionar a los poderes institucionales, aprovechando el generalizado incumplimiento de las leyes destinadas a resguardar el orden público.
- Utilizar a los medios de comunicación masiva para generar opinión en favor de intereses y ambiciones parciales y presionar sobre los decisores, que dependen del favor de esa opinión pública para conservar sus posiciones.
Es cierto que, mutatis mutandi, estos métodos también son de uso habitual en las democracias maduras, pero no es menos cierto que en ellas los gobernantes suelen tener representatividad, poder y autoridad reales por cuanto accedieron al gobierno a través de procedimientos de selección y elección participativos y democráticos y están sometidos a cierto grado de control de parte de sus representados y por tanto esos procedimientos son complementarios de los medios institucionales a la hora de influir en los titulares de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales de los niveles locales, provinciales y nacionales.
En cambio, la Argentina de hoy, lo que se busca por esas vias es incidir de forma directa sobre quienes ocupan los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales en los niveles locales, provinciales y nacionales; dado que los sistemas institucionales no atienden ni expresan las demandas sectoriales y que muchos de los representantes surgen de mecanismos de cooptación oligárquicos, por lo que carecen de representatividad, autoridad e idoneidad, aunque dispongan del poder y reúnan condiciones de legalidad y legitimidad formales.
La ineficiencia, la baja calidad y los casos de corrupción de los representantes y los partidos políticos argentinos suelen ser señaladas en tono crítico, sobre todo desde espacios sociales no involucrados en forma directa y evidente en el mundo político, como el periodismo, los círculos académicos, los ámbitos empresarios y las llamadas organizaciones no gubernamentales .
A esos críticos externos se les podría recordar una letrilla que decían los españoles en tiempos de la lucha con los moros: “vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / que nada pueden los buenos / si no son más que los malos”.
Porque si es verdad que en los últimos años la baja calidad de los partidos políticos, de sus dirigentes y de los representantes surgidos de ellos explica el extendido rechazo popular a la política; también es verdad que la renuencia popular a involucrarse en la vida partidaria facilita los manejos oligárquicos del caudillismo político, con lo que se acentúa el deterioro de la calidad de los partidos y los sistemas de representación.
Se estableció así un circulo vicioso en el que los defectos de la vida política ahuyentan de ella a las buenas personas, pero la ausencia de buenas personas en la vida política agudiza sus defectos, de lo que resulta el deterioro general del sistema democrático y de la calidad de vida de todos los argentinos.
Para salir de ese círculo vicioso, reivindicar a los partidos políticos y reconciliarlos con la sociedad, una de las condiciones es que los peronistas – que somos aproximadamente a un 35 por ciento del electorado argentino - asumamos nuestras indelegables responsabilidades de cara a la situación política nacional.
Se trata de construir un ámbito propicio para que los peronistas “esclarezcamos nuestras discrepancias y, para hacerlo, no transportemos al diálogo institucionalizado nuestras propias confusiones; limpiemos por dentro nuestras ideas primero, para construir el diálogo social después”, siguiendo el lúcido consejo que nos daba Perón hace más de 30 años.
Para empezar a superar esa confusión y sobre todo para restaurar la calidad del sistema político argentino y dotarlo de efectiva autoridad para contener, expresar y sobre todo armonizar las legítimas y diferenciadas ambiciones e intereses de los sectores que componen nuestra comunidad en función del bien común, el primero y principal paso necesario es la reorganización democrática del Partido Justicialista.
Sabemos que hay quienes dicen que la tarea pendiente es reconstruir el Movimiento Nacional Justicialista y que sería un error distraerse de esa misión para dedicar esfuerzos a restablecer al partido, al que se considera un mero instrumento electoral.
Por nuestra parte seguimos creyendo en la 8ª. Verdad del peronismo que señala que “en la acción política, la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la patria, después el movimiento y luego, los hombres” y también en la 9ª. Verdad que afirma que “la política no es para nosotros un fin sino sólo un medio para el bien de la patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional”.
Pero estamos convencidos que el mejor modo de servir a los legítimos intereses y ambiciones de la patria, del movimiento y de los hombres – en ese orden – es hoy promover la reorganización democrática del Partido Justicialista de un modo que ayude a volver a encender la esperanza y la voluntad participativa en muchos miles de compañeras y compañeros, alejados hoy de toda participación política y concentrados en su vida personal, familiar o laboral, que hasta no hace tanto tiempo fueron activos militantes de la causa peronista.
Un camino virtuoso de reorganización del PJ podría inducir a que muchas compañeras y compañeros revisen la postura de distanciamiento que se expresa diciendo “yo no me meto en política, yo soy peronista”, en tanto se pruebe que hay una política auténticamente peronista en la vale la pena meterse.
Valga recordar que los ejemplos de Perón y Evita - quienes a partir de 1945 dedicaron sus vidas a servir al pueblo y a la patria a través del pensamiento y de la acción política – que fueron seguidos por miles de compañeras y de compañeros que practicaron y practican una concepción virtuosa de la política, según lo prueban con el testimonio vital de una militancia dedicada al servicio a los otros, brindado desde los espacios institucionales de poder o fuera de ellos.
Para iniciar la reorganización democrática del Partido Justicialista, al menos en el plano instrumental, bastaría con que se adopten las siguientes medidas, tan sencillas como concretas:
- Convocar a la reafiliación al Partido Justicialista en todos los distritos del país y elaborar así nuevos padrones provinciales y nacionales que sean reales y transparentes.
- Conformar una Junta Electoral en la que estén debidamente representadas las diversas corrientes internas del peronismo.
° - Llamar a elecciones internas de autoridades partidarias y de congresales nacionales, provinciales y de distritos, mediante el voto directo de todos los afiliados incluidos en los nuevos padrones.
- Reunir a los congresales provinciales y nacionales electos en esos comicios internos, para definir la línea política del Partido Justicialista y actualizar sus normas orgánicas.
Esas medidas pueden llevar a la reconstrucción de un Partido Justicialista con padrones depurados; cuyos afiliados decidan quienes son sus dirigentes y candidatos en elecciones internas libres; con una organización y un funcionamiento democrático que permita a sus integrantes participar con libertad y posibilidad de decisión en la definición de sus líneas políticas, su plataforma y sus programas; en el que se respete la conducción ejercida por quienes tienen la mayoría y se de representación a las minorías; que desarrolle actividades permanentes y serias de capacitación doctrinaria y política; todo lo cual abriría camino a una democracia mucho más sólida y verdadera.
Un Partido Justicialista así reorganizado ordenaría los enfrentamientos internos y podría acotar las postergaciones, los resentimientos y los reclamos que se generan en cada cierre de listas en todos los niveles, provocados por el hecho que la definición acerca de quienes son los candidatos a cargos electivos y quienes quedan afuera resida en la decisión subjetiva de quienes ejercen una conducción circunstancial, no surgida de elecciones internas claras y transparentes.
El único “dedo” que los peronistas aceptábamos a la hora de definir candidaturas era el dedo de Perón y la prueba de ello es que desde la muerte del General hasta hoy sólo hubo un candidato presidencial dotado de legalidad, legitimidad y autoridad para todos los peronistas y ese candidato fue Carlos Menem, después de ganar las elecciones internas de 1988.
Así, al menos en lo concerniente al PJ, se estaría así cumpliendo con artículo 38 de la Constitución Nacional que dispone que: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas.”
enero 29, 2008
PERONISMO Y DEMOCRACIA por Pascual Albanese
NO HAY DEMOCRACIA EN LA ARGENTINA.
El periodismo político y los politólogos suelen circunscribir exclusivamente como “la oposición” al actual gobierno a dos clubs políticos, cada vez más próximos entre sí: el “republicanismo” de matriz “progresista”, orientado por Elisa Carrió, y el “republicanismo” de cuño liberal, que en el pasado reciente pretendió liderar Ricardo López Murphy y busca ahora rodear, hasta la asfixia, a Mauricio Macri, tratando de embretarlo en la tarea de sustituir con el énfasis en la “gestión” las notorias indefiniciones y/o carencias de concepción doctrinaria, de pensamiento estratégico y de visión política.
Esos dos clubs políticos, definidos así no con una intención peyorativa sino en su exacto sentido histórico, o sea en su condición de formaciones históricamente similares a aquellas asociaciones ciudadanas aparecidas en la Francia de fines del siglo XVIII, antes de la irrupción de los partidos políticos tal cual se conocen en la actualidad, parecerían coincidir hoy en reflotar, aunque con un sentido valorativo enteramente opuesto, esa famosa definición de John William Cooke cuando calificaba al peronismo como “el hecho maldito del país burgués”.
En términos históricos, esa convergencia “republicana”, potenciada después de las elecciones presidenciales de octubre del 2007, no es para nada novedosa. Su primera expresión fue la Unión Democrática de 1945, cuya derrota en las urnas marcó el advenimiento del peronismo como la principal fuerza política argentina durante una década, interrumpida por un golpe de estado cívico-militar en el que esos “repúblicos” del 45 desempeñaron un rol preponderante.
Sí, como decía Hegel, la historia se repite primero como farsa y después como tragedia, la última encarnación de esa confluencia de raíz antiperonista fue la Alianza, esa efímera asociación entre el “republicanismo progresista” del FREPASO y el clásico “republicanismo radical”, encarnado en esa oportunidad por Fernando de la Rúa.
Para todas estas fracasadas experiencias históricas que van desde la Unión Democrática de 1945 hasta la Alianza de 1997, vale la inolvidable frase de Jorge Luis Borges “no nos une el amor, sino el espanto”, entendido en este caso el espanto como la metáfora literaria del “hecho maldito” de Cooke.
Pero, en materia de frustraciones colectivas, aquel pasado y este presente se empeñan en mezclarse. Porque estas “almas bellas” de la “anti-política”, todavía ilusionadas con el tañir de las cacerolas de diciembre del 2001, son precisamente las “viudas” de aquella Alianza, de ese formidable espejismo de las clases medias urbanas que se disipó como por arte de magia cuando las pantallas de los televisores mostraron, en vivo y en directo, la imagen del helicóptero presidencial huyendo de la Casa de Gobierno, en medio de un colapso económico y político y de una gigantesca explosión de violencia social, patentizada entonces en los saqueos a los supermercados, sólo comparable en sus dimensiones a la que en julio de 1989 precedió a la asunción de Carlos Menem, luego de la renuncia, también anticipada, de Raúl Alfonsín, artífice del penúltimo espejismo masoquista de esa clase media tan enamoradiza como sempiternamente traicionada.
El trágico derrumbe de De la Rúa, quien en su vertiginosa caída arrastró consigo al radicalismo, proyectó al peronismo, esta vez no tanto por sus propias virtudes sino por las carencias ajenas, a la condición de no ya la principal sino la única fuerza política de relevancia nacional, si como tal se entiende no a un grupo más o menos numeroso de ciudadanos honestos, capaces y bien intencionados sino a una opción de poder capaz de garantizar la gobernabilidad de la Argentina.
EL PUNTO DE INFLEXIÓN
Hace ya cuarenta años, cuando todavía ni se soñaba con el fenómeno de la globalización, en su libro ”La Hora de los Pueblos”, Perón decía que “la política puramente nacional es algo casi puramente de provincias. Hoy todo es política internacional, que se juega adentro o afuera de los países”. La cita viene a cuento del hecho de que el saldo del colapso del gobierno de la Alianza no fue solamente de orden doméstico, sino que tuvo insospechadas proyecciones en el escenario sudamericano.
Desde diciembre del 2001, la Argentina pasó a integrar, junto a Perú, Ecuador y Bolivia, el arco de países de la región cuyos presidentes constitucionales suelen ser derrocados ya no por golpes militares, como sucedía hasta la década del 80, sino por revueltas callejeras producidas en los grandes centros urbanos como ocurrió reiteradamente en Quito o La Paz.
Esa misma “andinización” política forzó luego la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá y, pocos meses más tarde, el abrupto adelantamiento de las elecciones presidenciales promovido por Eduardo Duhalde ante el temor por las derivaciones de las reacciones de protesta desatadas a raíz de la muerte de dos manifestantes en el Puente Pueyrredón de Avellaneda.
No se trata de una simple analogía periodística, sino de un punto de inflexión histórico. América del Sur está dividida actualmente por un hilo político, no ideológico ni tampoco geográfico, que separa básicamente a dos categorías de países. La primera categoría está integrada por Brasil, Chile, Uruguay y Colombia, que tienen un sistema de partidos políticos que, mejor o peor, funciona con cierta regularidad. Todos estos países implementan también estrategias orientadas a su inserción en el escenario mundial. La segunda categoría está compuesta por Venezuela, Bolivia y Ecuador, que carecen de un sistema político estable. En estos casos, la opción estratégica es por una política de aislamiento y confrontación en el plano internacional.
Más allá de la retórica discursiva, lo que verdaderamente define al denominado “populismo” como fenómeno político en el escenario latinoamericano del siglo XXI es su condición de sucedáneo de una “democracia fallida”. En ese sentido, el “populismo” como fenómeno político está caracterizado por la existencia de un liderazgo aglutinante sin el respaldo de una genuina organización política ni la existencia de contrapesos institucionales.
La principal diferencia que separa a Lula, Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez y Alvaro Uribe de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa es la existencia o la inexistencia de un sistema de fuerzas políticas organizadas y de contrapesos institucionales que funcionen más o menos regularmente en sus respectivos países.
Lula, Bachelet, Vázquez y Uribe se apoyan en sistemas institucionales estables y partidos políticos sólidamente constituidos. Chavez, Morales y Correa, que carecen de esas bases de sustentación, y - más aún - son en parte producto del vacío derivado de esa inexistencia, gobiernan anclados casi exclusivamente en el aparato del Estado, favorecidos por una coyuntura internacional extraordinariamente favorable por el fenomenal incremento del precios de los commodities..
Si se deja de lado la relativa atipicidad del caso paraguayo, el mapa político sudamericano presentó en estos últimos años dos mudanzas significativas. La primera de esas mudanzas sucedió en Perú. La victoria electoral del APRA (una fuerza política con hondas raíces históricas y décadas de continuidad, fundada por el legendario Víctor Haya de la Torre) sobre el mayor Ollanta Humala, cuya candidatura era respaldada por Chávez, en las elecciones que encumbraron nuevamente en la presidencia a Alan García, logró aproximar a Perú al arco configurado por Brasil, Chile, Colombia y Uruguay.
Pero la otra gran mudanza política, sin duda mucho más significativa por su notoria gravitación en el escenario regional, fue protagonizada precisamente por la Argentina, que realizó el camino inverso al de Perú. La hecatombe de diciembre de 2001, que puso fin al sistema bipartidista que rigió desde 1983, acercó a la Argentina, en términos institucionales, a la realidad imperante en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Allí reside la raíz estructural en la que luego anidó el fenómeno de Néstor Kirchner.
EL PERONISMO COMO ÚNICO ACTOR POLÍTICO
Para evitar confusiones, vale la pena subrayar aquí que, contra lo que afirma la prédica incesante del antiperonismo de izquierda y de derecha, el peronismo nunca fue un fenómeno “populista”, al menos en el sentido con que actualmente se utiliza esa expresión, sino un gran movimiento popular, el más importante de América Latina.
Esa condición de movimiento popular, con una fuerte identidad doctrinaria, fue la principal razón de la continuidad y vigencia histórica del peronismo luego de la desaparición de su líder. Perón siempre marcó el valor central de lo orgánico: “la organización es el primer paso para cumplir cualquier obra”. Uno de sus apotegmas más repetidos fue aquél de que “sólo la organización vence al tiempo”. En su visión doctrinaria, siempre diferenció el concepto de “masa” de la noción de “pueblo” y destacó que la diferencia ente “masa y “pueblo” reside precisamente en la organización.
Para Perón, el poder es organización y la organización es poder. Desde ese punto de vista, lo más importante de la década 1945-55 no fueron las extraordinarias realizaciones sociales de aquellos años, sino la organización autónoma de los trabajadores, que permitió después del 55 defender esas conquistas e impulsar durante 18 largos años la lucha por el retorno de Perón. Estructuralmente, el “populismo” es pre-peronista.
Por ausencia de toda otra alternativa, en diciembre del 2001 el peronismo pasó a ocupar la totalidad del escenario político argentino, entendido no en el sentido del lugar de expresión de las opiniones sino en el del ámbito de toma de las decisiones. El problema es que, al mismo tiempo, “este” peronismo, erigido en única opción de poder en la Argentina, atravesaba y atraviesa una profunda crisis, que se manifiesta en dos dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: una seria crisis de identidad, manifestada en la ausencia de una actualización doctrinaria que lo ubique en el mundo del siglo XXI, y también una crisis de representatividad y una notoria parálisis política. Su expresión emblemática fue la intervención judicial del Partido Justicialista, digitada desde la Casa de Gobierno, y el hecho, mundialmente inédito, de que haya sido el interventor judicial la única autoridad partidaria que consagró la candidatura presidencial de Cristina Kirchner.
Estos datos constituyen mucho más que simples detalles de la vida interna del peronismo. Revelan el estado generalizado de fragilidad institucional que atraviesa la Argentina. Porque el peronismo no es sólo un partido político más, cuya suerte sólo puede importar a sus adherentes. Es el eje indiscutido del sistema político argentino. Sin democracia en el peronismo, no hay democracia en la Argentina.
En rigor de verdad, ese congelamiento político del peronismo, con el consiguiente vacío de conducción, no es obra originaria de Kirchner, sino que fue la causa misma de su encumbramiento. En el 2003, urgido por las circunstancias y para evitar un previsible triunfo de Menem, Duhalde impulsó la anulación de la convocatoria a las elecciones internas para elegir la fórmula presidencial del Partido Justicialista. Desde entonces, el peronismo careció de una expresión política organizada a nivel nacional. En su provisorio reemplazo, sólo quedó el aparato del Estado, convertido en la única maquinaria política en funcionamiento. Fue en virtud de esa engrasada maquinaria burocrática y presupuestaria, centrada en el manejo de “la caja” y en el control territorial de la provincia de Buenos Aires, que Duhalde pudo entronizar en el poder a Néstor Kirchner en el 2003 y que Cristina Kirchner logró imponerse en octubre del 2007.
PARTIDO DEL ESTADO
Contra lo que muchas voces insisten todavía en pregonar, tanto en el oficialismo como en la oposición, el verdadero “partido gobernante” en la Argentina de hoy no es en realidad el peronismo sino el “Partido del Estado”. La denominada “Concertación Plural”, que motorizó oficialmente la fórmula Cristina Kirchner-Julio Cobos, no es el resultado de un acuerdo programático y orgánico entre el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical, sino el entendimiento “transversal” entre la mayoría de los gobernadores e intendentes del peronismo y el radicalismo, coercionados económicamente por el gobierno nacional.
Esta realidad es consecuencia de la conversión de la política en una práctica absolutamente vacía de ideas, reducida a un conjunto de procedimientos ejecutados por una corporación de políticos profesionales cuyo único común denominador es la pretensión de sus integrantes de mantenerse indefinidamente en el usufructo de sus espacios de poder.
La principal base de sustentación material de esa estrategia de subordinación de las provincias y los municipios al poder central, que arrasa con la vigencia del federalismo consagrado por la Constitución Nacional, son las retenciones a las exportaciones, que tienen una importancia política aún mayor que su propia significación económica. Por su carácter no coparticipable, esas retenciones conforman una gigantesca masa de fondos presupuestarios distribuida con absoluta discrecionalidad para disciplinar políticamente a gobernadores e intendentes. En términos prácticos, la Argentina es hoy un Estado unitario, que necesita imponer esa condición al propio peronismo para poder subsistir.
Este sistema político de “Partido del Estado” es coherente con el actual modelo económico de “capitalismo de Estado”. Y esta combinación político-económica constituye el núcleo del parentesco entre el “kirchnerismo” y el “chavismo”. Paradójicamente, ambos coinciden con Carlos Marx en la definición de que “el Estado es el comité de administración de los negocios de la burguesía”. El “valijagate” puso de relieve hasta qué punto el llamado “socialismo del siglo XXI”, montado en el espectacular ascenso del precio del petróleo, encubre ideológica y propagandísticamente la consolidación del poder económico de la denominada “boliburguesía” venezolana.
Esa “boliburguesía” venezolana tiene ahora su réplica en la Argentina. Es una suerte de “kirchnoburguesía” encarnada por un conjunto de empresarios asociados al poder político que, recubiertos tras la bandera del “capitalismo nacional”, eufemismo por “capitalismo de amigos”, prosperan a través de sus lucrativos negocios con el Estado, especialmente en materia de obras de infraestructura, y cuentan además con la ayuda oficial para apropiarse, total o parcialmente, de empresas petroleras, de compañías concesionarias de servicios públicos o de actividades que funcionan bajo licencia estatal, como el juego. Se trata, en definitiva, de una retórica ideológica del “setentismo tardío” combinada con una versión actualizada de aquellas prácticas corruptas de la “Patria Contratista” que imperaron en la Argentina hasta la década del 90.
QUÉ HACER
En este contexto, la pregonada digitación de Kirchner como titular del Partido Justicialista, gestionada desde su oficina de Puerto Madero, no implica de ningún modo un avance hacia la institucionalización del peronismo, que constituye una condición absolutamente necesaria para la consolidación institucional de la Argentina.
Muy por el contrario, estamos frente a un ensayo que pretende la “estatización” del peronismo, orientada a promover un vaciamiento de sus raíces doctrinarias y anular su vitalidad política. Es una ofensiva contra el carácter del peronismo como movimiento popular, hondamente democrático, a fin de degradarlo a la condición de un simple “populismo”, carente de una organización política real y pasible de ser manipulado desde el aparato del Estado. Su objetivo no es impulsar la organización política del peronismo sino impedirla.
Sólo la realización de un proceso electoral absolutamente democrático y transparente, iniciado con la remoción del actual interventor judicial, manipulado como un títere desde la Casa Rosada, y una previa etapa de reafiliación obligatoria para depurar los padrones partidarios, una Junta Electoral con la participación de todas las corrientes internas, una justicia electoral independiente e imparcial, que impida la malversación de fondos públicos que implica el empleo proselitista de los recursos económicos del Estado, y un sistema que asegure el respeto al requisito estatutario de representación de las minorías en los cuerpos orgánicos, puede legitimar a una auténtica conducción del Partido Justicialista, susceptible de ser respetada por todos, ganadores y perdedores. Cualquier otro mecanismo electoral constituiría una farsa fraudulenta que no corresponde legitimar.
En su histórico discurso del 21 de junio de 1973, pronunciado horas después de los enfrentamientos de Ezeiza que signaron su regreso definitivo a la Patria, Perón afirmaba: “los peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro Movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba”. Ese mandato tiene hoy más vigencia que nunca. Nuevamente, las circunstancias exigen hoy asumir ese desafío. Con independencia del calendario electoral, es imprescindible impulsar ya mismo, a nivel nacional, la articulación de una amplia red de dirigentes y cuadros políticos del peronismo para hacerse cargo de esa formidable tarea pendiente.
Esa construcción política tiene que plantearse en una doble dimensión: hacia adentro y hacia afuera del peronismo. Hacia adentro del peronismo, el objetivo es llegar a conformar una “masa crítica” dotada de poder suficiente como plantarse seriamente como una alternativa real al oficialismo. Esto implica generar un amplio espacio de coincidencias, capaz de atraer a todos los dirigentes y sectores políticos y sindicales que no comulgan con el proyecto oficial de vaciamiento del peronismo. Para vencer, hay que convencer. En una primera etapa, es necesario entonces poner énfasis en lo cualitativo más que en lo cuantitativo y encarar una acción que integre lo específicamente territorial con una visión política nacional.
Hacia afuera del peronismo, es imprescindible forjar una muy amplia coincidencia cívica nacional, que englobe sin exclusiones a todos los actores políticos y sociales comprometidos en la defensa de la institucionalidad democrática, en la limpieza electoral y en el restablecimiento de reglas básicas de convivencia en la sociedad argentina, fundadas en el apotegma de Perón de que “para un argentino no puede haber nada mejor que otro argentino”.
Pero toda esta inmensa tarea no puede estar “envasada al vacío”, limitada a un ejercicio de “ombliguismo político” desentendido del aquí y ahora. Tiene que asumir una presencia activa dentro de todas las organizaciones sociales y establecer una estrecha conexión con las múltiples expresiones de disconformidad que surgen cotidianamente desde las entrañas de la sociedad argentina.
En los clásicos términos de Mao Tse Tung, esta amplia red de dirigentes y cuadros políticos del peronismo tiene que ser capaz de moverse como “pez en el agua” en los reclamos de los millones de usuarios afectados por los cortes de electricidad y de agua, en las luchas de los trabajadores por una actualización salarial acorde con el incremento del costo de la vida, en las movilizaciones de los vecinos por la seguridad pública, en las denuncias ciudadanas contra los hechos de corrupción, en las exigencias de una reforma política que implique la reimplantación de la derogada y nunca aplicada ley de elecciones internas abiertas, obligatorias y democráticas en todos los partidos políticos, en las legítimas protestas de los sectores productivos contra las medidas y actos de agresión implementados desde el gobierno, en las manifestaciones de defensa del Estado de Derecho contra los atropellos de cualquier naturaleza y en los actos de reivindicación del federalismo y la autonomía de las provincias y municipios frente a la prepotencia del poder central.
Esa presencia pública, implementada a través de todas las iniciativas que surgen espontáneamente del hecho de desatar las energías y la creatividad que siempre caracterizaron la acción de la militancia del peronismo, requiere expresarse también en la afirmación de una política de reconciliación nacional y en la defensa permanente de los valores y las tradiciones culturales y religiosas del pueblo argentino, incluidas instituciones fundamentales como la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, hostigadas desde el oficialismo con una prédica ideológica “retro-progresista”, un original caso de dislexia ideológica cuyo síntoma inequívoco es calificar de retrocesos a los avances y de avances a los retrocesos.
El comienzo de este nuevo mandato presidencial, signado por las consecuencias de la crisis energética, el alza de precios y los coletazos políticos del “valijagate”, revela que el “kirchnerismo” ya inició su etapa de decadencia. Comenzó su camino de vuelta. La Argentina, que hoy navega a la deriva en el escenario mundial, requiere recrear la acción política, en el sentido que la definía Perón como “la lucha por la idea”, para que vuelva a ser capaz de definir con claridad un rumbo estratégico, una visión de mediano y largo plazo que guíe su destino por varias generaciones.
Desde su nacimiento en 1945, el peronismo tuvo la virtud de reinventarse a sí mismo frente a cada uno de los renovados desafíos que le planteó la historia. Las nuevas condiciones del siglo XXI nos demandan, una vez más, el ejercicio de esa actualización doctrinaria que tantas veces practicó y reclamó Perón.
Esta nueva actualización doctrinaria tendrá que traducirse en una propuesta programática acorde con los tiempos, que brinde respuestas concretas y realizables a los problemas que afectan a los argentinos de carne y hueso. Es absolutamente necesario que, para el momento inexorable en que la crisis vuelva a asomar su rostro en el horizonte, el peronismo esté efectivamente preparado para colocarse a la altura de las circunstancias.
Porque lo que viene en la Argentina después de Kirchner no es para “clubs”. En un artículo publicado en La Nación a fines de diciembre pasado, Jorge Fernández Díaz, editor de ADN (el suplemento cultural del diario) y, por lo tanto, un periodista insospechable de militancia peronista, lo dijo mejor que nadie: “Hasta Néstor Kirchner está decepcionado de la oposición. Admite, a regañadientes, que ninguna democracia exitosa económica e institucionalmente prospera con partido único y sin alternancia ni bipartidismo. Sabe que, si no evoluciona por afuera, una oposición de centro-derecha surgirá tarde o temprano del propio peronismo y que sobrevendrán como siempre la crueldad, el destripamiento, la lucha sin cuartel y la amnistía y, al final, la cohesión. La guerra peronista hace temblar a los peronistas que detentan el poder, porque saben que del otro lado no hay muchachos testimoniales con la valija armada al lado de la cama, sino políticos con hambre que quieren cambiar la historia”. De eso se trata.
